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Aunque todas las estimaciones serias coinciden en que el año 2017 será peor que el 2016, sobre todo en la dimensión económica y social, esperemos que, por ello mismo, cristalice el impulso necesario para producir un cambio político de fondo, que supere a la hegemonía roja, por vías constitucionales, y que le abra caminos a la nación para salir de la crisis humanitaria que padece. ¿Demasiado pedir? Tal vez, pero plantearlo y hacerlo es lo razonable.

Los venezolanos de buena voluntad tienen el deber de luchar al máximo para que quede atrás la hegemonía que está destruyendo al país

Y no sólo lo razonable, sino lo urgente y patriótico. La crisis humanitaria causada por la hegemonía está destruyendo a Venezuela, y sus habitantes de buena voluntad no sólo tienen el derecho sino el deber de luchar al máximo para que quede atrás ese proceso destructivo. Es lo mejor que podría pasar en este 2017 que está llegando.

Como es de suponer, todos los esfuerzos de la hegemonía se dirigirán al continuismo. Y por esa razón, todos los esfuerzos de la oposición o resistencia deben orientarse al cambio político. Y no nos engañemos, sin éste, no hay posibilidad de cambio económico y social. Las políticas públicas o las cuestiones de gestión pública son importantísimas, pero son derivadas de la dinámica política.

Si la política, o la configuración del poder, se mantiene igual, es decir se mantiene la hegemonía despótica y depredadora, entonces no hay oportunidad ninguna para encarar la crisis humanitaria. Si esto no se entiende, una de dos: o no se quiere entender por alguna razón impresentable, o las faltas de criterio y visión son tan graves como la realidad venezolana.

Tenemos ahora una oportunidad que no teníamos antes: ya Fidel Casto no está. No tengo dudas de que él era el “cerebro estratégico”, y a veces táctico, de la hegemonía roja. Primero con el predecesor y después con el sucesor. Por ello estimo que su ausencia será un gran vacío y acaso un factor de desestabilización. Esa oportunidad debe aprovecharse, pero ello no ocurrirá si en vez de concentrarnos en el cambio político-constitucional, nos distraemos en “agendas legislativas” en materia de meras políticas públicas que, por lo demás, serán anuladas por la misma hegemonía.

El 2017, que ya llegó, será positivo si es distinto al 2016. En lo político, económico y social. Sobre todo en lo primero, base de todo lo demás. No pienso que sea muy difícil entenderlo. Al contrario. Es obvio.




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