“Lo que importa no es la inflación per se, sino la inflación no anticipada”
Milton Friedman

Hace semanas, veíamos por cadena Nacional al presidente del Banco Central de Venezuela
ingeniero Calixto Ortega presentar unas cifras de recuperación de dos dígitos las cuales son
en forma y fondo insostenibles, no quiero con esto indicar que se dan por falsas o débiles
sus afirmaciones sino indicar que las mismas adolecen de credibilidad al no aparecer
publicadas en el portal virtual del órgano emisor, en tal sentido las comparaciones se hacen
en contra de valores inusualmente bajos o las mismas demuestran la abrumadora caída de la
economía venezolana en el último septenio y por ende reafirman una verdad
incontrovertible , la economía venezolana se precipitó en caída libre y la recuperación
responde a los aspectos puntuales de la conducta observada en los sectores comerciales y de
servicios.
Mientras no se cuente con el acceso oportuno a la información pública, es sencillamente
imposible estimar la conduta de la economía nacional, bien nos convendría recomponer el
concepto de capital social, es decir la confianza como herramienta indispensable, para el
funcionamiento de la economía pues visto está que un sistema económico que adolezca de
confianza estaría condenado al caos y por ende a la disfuncionalidad.
Venezuela mantiene un atraso con los datos ofrecidos al Fondo Monetario Internacional de
más de quince años razón por la cual es cuando menos imposible que el multilateral, pueda
realizar estimaciones apropiadas sobre la realidad de la región, en su ultimo reporte el FMI,
le otorgaba a Venezuela una inflación al cierre corregida a la baja en 250%, mientras se
ofrecía un dato de recuperación de la actividad económica del 6%, el más alto de la región
solo superado por Colombia, me imagino que ahora el gobierno discriminará cual dato
valida su narrativa, decantándose por el valor del crecimiento económico por encima del
dato de la inflación que le es absolutamente contrario a las escasísimas estimaciones
oficiales y a las que realizamos los economistas y académicos dedicados al análisis de las
realidades macroeconómicas, las cuales ubican el valor de la inflación en un intervalo entre
140 y 150% respectivamente.
Sin embargo, es imposible proseguir forzando modelos econométricos sin contar con
estadísticas creíbles, sin tener unidad en las temporalidades de su medición y lo más grave
aun confiriéndole todo el poder predictivo a un conjunto de datos en teoría imposibles de
comprobar desde su origen, estos cuatro trimestres anunciados por el presidente del órgano
emisor, no se encuentran disponibles en su entorno virtual y a la fecha sólo contamos con
los datos hasta el I trimestre de 2019.

La economía es una ciencia, que requiere certidumbre de la calidad estadística de sus datos
base, es decir debemos tener indicadores sin sesgos (insesgados) y con muy poca variación
además de ser susceptibles a estimaciones futuras, eso en la jerga económica se denomina:
No heterocedasticidad, homocedasticidad y multicolinealidad, lamentablemente no solo
estamos en mora en datos reales, faltan datos de carácter fiscal nivel de endeudamiento,
fuentes de financiamiento del nivel de deuda pública y además proporción del peso de la
deuda sobre el producto interior bruto.
En tal sentido es imposible predecir, estimar y saber hacia dónde vamos si no sabemos en
dónde estamos, extraviados en medio de un marasmo multimoneda que hace imposible
lograr equidad social, el país se diluye en una falsa ilusión del producto, eso que en las
cátedras de teoría y política monetaria enseñamos como propensión a engañar o modelo de
barro y Gordon, el gobierno decide engañar al público con una tasa de inflación
artificialmente baja, para dejar posteriormente deslizar la inflación objetivo y abaratar su
nivel de endeudamiento, justo en medio de esa borrachera del falso producto, parece que se
mueve la sociedad en esta endeble e insostenible recuperación.
La realidad da cuenta todavía de los rigores de la volatilidad cambiaria del mes de agosto y
el rebrote de alta inflación se encuentra indemne, cual espada de Damocles sobre una
sociedad empobrecida, entontecida y por demás extraviada, requerimos con urgencia de
mayor seriedad institucional por parte del Banco Central De Venezuela, instancia que no
hace pública la información sobre los montos de sus intervenciones cambiarias, en medio
de la política de flotación sucia impuesta por el emisor.
Finalmente, la economía no responde a los sesgos políticos, no obedece a las pretensiones o
deseos de quienes la manejan, sencillamente sus conclusiones son la resulta del mecanismo
utilizado para el abordaje de los objetivos deseados de estabilidad monetaria y de la
producción, el llamado ya no es un reproche sino una alerta a la institucionalidad, lo que
esta en juego es el destino del país, así que lo mínimo que se exige es seriedad en lugar del
espectáculo bufo y la comedia de simulación.

“La inflación es impuesto sin legislación”
Milton Friedman.




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