Los periodistas no solo tienen que enfrentarse al riesgo de trabajar entre tiros, sino también a las explosiones de proyectiles de mortero y de coches bomba de los yihadistas. (Cortesía)
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La muerte reciente de un periodista francés y otro iraquí en Mosul, ha puesto el foco en los numerosos riesgos a los que se enfrentan los informadores que cubren la lucha contra el grupo Estado Islámico (EI) en Irak y Siria, donde en ocasiones en convierten en blanco de los ataques de los terroristas.

Desde el pasado 17 de octubre, comienzo de las operaciones militares para expulsar a los radicales de Mosul -feudo del EI en Irak- y de su provincia, Nínive, los periodistas han sido víctimas de numerosas agresiones.

A lo largo de estos ocho meses de ofensiva, los trabajadores de los medios que han cubierto los acontecimientos sobre el terreno han afrontado ataques e intentos de secuestros por parte de células durmientes de los extremistas.

Los periodistas no solo tienen que enfrentarse al riesgo de trabajar entre tiros, sino también a las explosiones de proyectiles de mortero y de coches bomba de los yihadistas, según ha podido constatar Efe.

En el caso del francés Stéphane Villeneuve y de kurdoiraquí Baktiar Hadad, que fallecieron esta semana, el trágico desenlace se debió a la explosión de una mina, que hirió a la también francesa Véronique Robert, cuando preparaban un reportaje sobre las operaciones militares en Mosul para el programa “Envoyé Spécial”.

El responsable de la ONG Observatorio Iraquí de la Libertad de Prensa, Ziad Al Ayili, dijo a Efe que desde el inicio de la ofensiva al menos siete periodistas, entre ellos dos extranjeros, han perdido la vida y otros 44 han resultado heridos por el EI en Mosul.

Al Ayili afirmó que su organización ha pedido “en numerosas ocasiones” a los miembros de las fuerzas iraquíes conjuntas que no pongan a los periodistas en la primera línea de la ofensiva, “pues los francotiradores (del EI) los tienen como objetivo”.

Desde el inicio del asalto en Mosul, la fase más complicada en la cobertura mediática está siendo la actual, ya que transcurre en el oeste de la urbe, donde se concentran los últimos remanentes del EI.

Las fuerzas iraquíes han prohibido a algunas agencias extranjeras cubrir la ofensiva en esa parte de la localidad por motivos que se desconocen, aunque al final los profesionales de medios han podido seguir trabajando.

Al no contar con vehículos blindados, muchos informadores entran en la zona en sus propios coches, lo que resulta muy peligroso.

Las fuerzas iraquíes ponen a su disposición un convoy de cinco blindados, pero en ocasiones no es suficiente para llevar a todos los periodistas y los que se que quedan fuera por falta de espacio se ven obligados a llevar sus propios vehículos a cubrir la batalla.

“No hay coordinación entre las fuerzas castrenses y la oficina de la información militar sobre el tema de la cobertura mediática”, señaló a Efe el director del Centro de Defensa de los Derechos de los Periodistas, Rahman Jarib.

Jarib, cuyo centro tiene su sede en la región autónoma del Kurdistán iraquí, se quejó de que las tropas “no indican bien a los periodistas los lugares peligrosos que hay”.

En ese sentido, exigió a las fuerzas iraquíes que protejan a los informadores en la cobertura de los combates y exhortó a los medios a que les proporcionen equipos de seguridad.

Los periodistas que cubren la batalla en el oeste de Mosul tienen que contactar a la oficina de prensa de las operaciones conjuntas con un día de antelación para que autoricen la cobertura junto a las fuerzas iraquíes en el terreno.

En el caso de Al Raqa, bastión del EI en Siria, la cobertura la coordinan las Fuerzas de Siria Democrática (FSD), la alianza armada liderada por milicias kurdas que desde el pasado noviembre desarrolla una ofensiva en esa provincia y desde principios de este mes en su capital homónima.

Muy pocos periodistas extranjeros han logrado acceder a la zona, y la mayoría de los que cubren el ataque son comunicadores locales que van empotrados con las FSD.




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