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El presidente francés Emmanuel Macron, que afronta desde noviembre del año pasado el descontento social del movimiento “chalecos amarillos”, anunció este jueves, entre una batería de medidas, una reducción importante de impuestos.

“No quiero incrementos de impuestos y quiero una bajada para quienes trabajan reduciendo significativamente el impuesto sobre los ingresos”, afirmó el mandatario francés en una conferencia de prensa de dos horas y media de duración en el Palacio del Elíseo, señaló AFP.

Estos recortes fiscales, que ascenderían a 5.000 millones de euros, se financiarían mediante la supresión de las exenciones de impuestos a las empresas y la reducción del gasto público.

El gran debate mostró que existe entre los franceses “un profundo sentimiento de injusticia fiscal”, sostuvo Macron en referencia a una gran consulta nacional de dos meses, en la que 1,5 millones de franceses opinaron sobre cómo mejorar la situación del país.

Fue precisamente una subida de los impuestos sobre los combustibles lo que detonó en noviembre la revuelta de los “chalecos amarillos”, un colectivo que protesta cada sábado en todo el país.

Esta revuelta de franceses que reclaman una mejora del poder adquisitivo y expresan el hartazgo de las clases populares con dificultades para llegar a fin de mes se ha convertido en la peor crisis de su presidencia.

Macron abogó también a favor de un aumento de las pensiones y del cierre de la elitista Escuela Nacional de Administración (ENA), un vivero de presidentes franceses que según sus críticos forma a una clase dirigente desconectada del pueblo.

De sus aulas salieron los presidentes Valery Giscard d’Estaing, Jacques Chirac, François Hollande y el propio Macron.

Se dijo también dispuesto a “abandonar” su plan de reducir en 120.000 el número de funcionarios de los 5,5 millones que tiene la administración francesa, una de sus reformas más impopulares que el año pasado sacó a miles de manifestantes a las calles.

En cuanto al Impuesto sobre la Fortuna (ISF), una tasa que suprimió poco después de llegar al poder en 2017 para mejorar el atractivo del país y evitar que las grandes fortunas se establezcan en el extranjero, el jefe de Estado defendió su decisión de haberla eliminado.

“Fue una reforma para estimular la producción, no un regalo para los ricos”, sostuvo, pero añadió que evaluará en 2020 su supresión para ver si fue “eficaz”.

La polémica supresión de este impuesto reforzó su imagen de “presidente de los ricos”.

‘Transformaciones esenciales’

Aunque aseguró haber “escuchado” las “inquietudes” de los “chalecos amarillos” que han revelado un profundo malestar y sentimiento de “injusticia social”, el mandatario se mostró determinado a seguir adelante con el rumbo de sus reformas.

“He escuchado, he entendido, he sentido en carne propia lo que viven”, dijo, en referencia a las casi 100 horas que pasó en los últimos meses en reuniones en pueblos y ciudades de todo el país, respondiendo a las inquietudes de los franceses.

Pero “las transformaciones que están en curso y las transformaciones que son esenciales para nuestro país no deben ser detenidas porque responden profundamente a la aspiración de nuestros ciudadanos”, apuntó.

Estimó que las políticas adoptadas en los últimos dos años han sido “justas” pero admitió que no han sido “suficientemente rápidas”, ni “radicales” o “humanas”.

Desgastado por meses de protestas y la falta de resultados tangibles, Macron busca apaciguar la ira social pero también dar un nuevo impulso a su quinquenio.

Su popularidad ha caído en picada desde que asumió el poder hace dos años.

Apenas el 27% de los franceses aprueba su gestión, según una encuesta de Opinionway. Su gestión de la crisis de los “chalecos amarillos” determinará el resto de su presidencia pero también si puede contemplar una reelección en 2022 o si acaba como sus predecesores, François Hollande y Nicolas Sarkozy, que solo hicieron un mandato.

Esta conferencia de prensa, la primera en territorio nacional desde que llegó al Elíseo, reemplazó un discurso que estaba previsto la semana pasada, pero que tuvo que ser suspendido tras el incendio de la catedral de Notre-Dame de París, el lunes, que causó gran conmoción en Francia y en el mundo.

Queda por ver si sus anuncios bastarán para apaciguar la cólera social que ha mantenido en jaque a su gobierno durante los últimos cinco meses, a un mes de las elecciones europeas, en las que su partido centrista y la extrema derecha encabezan los sondeos.




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