Nicolás Maduro, presidente de Venezuela y aspirante a la reelección el 20 de mayo, ha prometido reparar los errores cometidos en la llamada “revolución bolivariana” y lograr la prosperidad económica que no consiguió en seis años de Gobierno; tiempo en el que el país ha caído en una profunda crisis.

Con una amplia carrera dentro de la Administración Pública, desarrollada en los últimos 20 años Maduro, de 56 años, que presume de ser el “presidente obrero” que nunca ha pisado una universidad, se ha presentado en esta campaña electoral como el “candidato de la patria”.

En el discurso que repite en cada mitin, asegura que si le dan diez millones de votos garantizará la paz y dará estabilidad a la apaleada economía venezolana.

“Confíen en mi, yo lo voy a hacer. Yo, Nicolás Maduro. Yo, Nicolás pueblo. Yo, fuerza revolucionaria, en este tiempo histórico lo juro frente a ustedes”, dijo recientemente el jefe de Estado que hizo una promesa similar en el 2014, un año antes de ser elegido presidente.

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En marzo de ese año, el ahora líder de la llamada “revolución bolivariana”, iniciada por el fallecido presidente Hugo Chávez (1999-2013), juró ante sus simpatizantes en Caracas que derrotaría la “guerra económica”, que asegura promueven desde Estados Unidos, y a la que achaca la escasez de medicinas y alimentos.

Maduro, que durante la gestión de Chávez fue diputado, presidente del Parlamento, canciller, vicepresidente y presidente en funciones, prometió también en 2014 que para este año ya no habría pobreza ni miseria, algo que, por el contrario, ha aumentado, según estudios de las universidades más importantes del país.

En las calles de Venezuela se observan desde hace un año personas ingiriendo los restos de comida que encuentran en la basura, y hay escasez de alimentos, medicinas y dinero en efectivo, todo ello en un escenario de hiperinflación que los detractores de Maduro atribuyen a las “malas políticas” que ha adoptado.

Sin embargo, sus afines lo describen como un hombre cercano a su pueblo, sobre todo a la “clase obrera trabajadora”, y en sus discursos suele siempre dirigirse hacia ellos.

En esta campaña, Maduro, que fue dirigente sindical y chófer de autobuses, ha reiterado que es un hombre del “pueblo”, y ya no dice que es “hijo de Chávez”, como repetía en 2013 durante su primera campaña.

El jefe de Estado venezolano “es cálido”, es “afable” y “de risa fácil”, según ha dicho en distintas entrevistas a medios el ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez, quien asegura que Maduro es el “único” garante de la “paz” para Venezuela, pues desde el Ejecutivo se afirma que la oposición es “violenta”.

Pese a esa “afabilidad”, Maduro es señalado hoy de “dictador”, por el apresamiento de políticos y por las “ordenes” que ha dado a los poderes judicial y moral para que inhabiliten a importantes líderes y partidos de la oposición, incluyendo a su principal rival en las elecciones presidenciales de 2013, Henrique Capriles.

En su mandato se ha encarcelado a destacados líderes, como Leopoldo López, se le han quitado las competencias legislativas al Parlamento, de mayoría opositora, y sus detractores le acusan además de haber acabado con el Estado de derecho, al indicar que todas las instituciones del Estado actúan bajo sus órdenes.

Maduro también es señalado de impedir la “libertad de expresión”, pues en su Administración han cesado sus actividades al menos 40 medios de comunicación.

Aunque el “presidente obrero” reconoce que ha cometido errores a nivel económico, rechaza que sea un “dictador” y repite, una y otra vez, que Venezuela es un país democrático que tiene “el mejor sistema electoral del mundo”, mientras sus detractores aseguran que el Poder Electoral opera según sus órdenes.

El líder “revolucionario”, casado con la abogada y diputada Cilia Flores -10 años mayor que él-, nació en Caracas en 1962 y fue criado en la parroquia El Valle, un sector popular de la capital venezolana, según él mismo cuenta en sus actos públicos al salir al paso a los que señalan que es originario de Colombia.

En las elecciones de 2013 resultó ganador con 7.505.338 votos sobre los 7.270.403 que obtuvo Capriles, un apoyo que muchos atribuyen a un respaldo al entonces recién fallecido Hugo Chávez




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