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Ahora que Maduro acaba de anunciar el enésimo “plan de seguridad”, no ya de los 18 años de la supuesta “revolución”, sino del tiempo que lleva en Miraflores, es oportuno hacer referencia a un hecho trágico para la nación venezolana: el auge de la violencia criminal que está destruyendo al país hasta sus propios cimientos. Repasemos algunos elementos de esta tragedia.

en 1998, se produjeron en todo el país, 4 mil quinientas muertes violentas

Cerca de 6 mil muertes violentas se produjeron en Caracas durante el año 2016. La cifra roja coloca a la capital venezolana como una de las ciudades más violentas del mundo. Pero esa realidad merece destacarse de otra manera. El año que Chávez ganó las primeras elecciones, en 1998, se produjeron en todo el país, 4 mil quinientas muertes violentas. O sea, que tan sólo Caracas sobrepasó con creces el número de homicidios en todo el país, para cuando la mayoría de los votantes eligió a Chávez.

La cifra total de homicidios en Venezuela, está por encima de los 20 mil por año. Toda una explosión continuada de violencia criminal, ante la cual la jefatura del poder no sólo no hace nada efectivo para encararla, sino que la instiga por omisión y acción. Y esto no es una denuncia de un veterano opositor, sino que planteamientos similares son formulados desde el oficialismo disidente, incluso de voceros que en alguna ocasión tuvieron responsabilidades formales en los supuestos planes de seguridad.

Una de las regiones que se han tornado más violentas, y donde abundan los abusos de derechos humanos, es el estado Aragua. Su “gobernador”, Tareck El Aissami, al menos corresponsable de esta situación, ha sido premiado con la vicepresidencia con derecho a sucesión. Pocas cosas pueden ser más ominosas que esta, en relación con el recrudecimiento de la violencia. Sea ésta ejecutada por el hampa común, por el hampa politizada o los denominados “colectivos armados”, o por las instancias estatales encargadas de la seguridad, gran parte de ellas penetradas por el hampa.

 

Sí, Venezuela está en manos de la violencia. El pueblo la padece de una manera agobiante, y por ello las ciudades parecen desiertos en las horas nocturnas. Todo el mundo desconfía, y el típico bullicio de la gente en las calles se ha ido apagando por el temor al hampa. ¿La violencia es un instrumento de control político? Puede serlo y tal consideración no debe ser descartada al examinar la realidad nacional.

 

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