(Cortesía)

REPORTAJE UNICEF

Es un momento fundamental en la vida de cualquier niña, pero a Nataly, de 11 años, no le llegó en la seguridad de su hogar. Ocurrió en una carretera, a temperaturas mínimas, en un paso fronterizo a las afueras de una ciudad desconocida.

Nataly y su familia estaban cruzando a pie Colombia para llegar a Ecuador, cuando la niña comenzó a sangrar. Era su primer periodo.

Eso significaba que carecía de acceso a retretes o a productos de higiene menstrual, por no hablar de alivio para el dolor. Su madre, Sara, recuerda el momento en el que Nataly sintió un dolor muy fuerte en el estómago y comenzó a sangrar.

“El hecho de que mi hija haya sufrido este cambio caminando en plena carretera me generó sentimientos encontrados”, dice Sara. “Por un lado, fue lindo porque estaba con ella en ese momento, pero al mismo tiempo fue triste porque teníamos que caminar, ella tenía malestar, no sabía lo que le estaba pasando e incluso pensó que estaba enferma. Tuvimos que explicarle lo que pasaba”.

Nataly y su familia son solo algunos de los 750.000 venezolanos que ingresaron formalmente a Ecuador a finales de octubre antes de continuar sus viajes a otros países. La mayoría se dirigen a Perú, Chile o Argentina.

Temperaturas frías, corazones cálidos

El viaje es especialmente duro para niños como Nataly, sobre todo porque no están acostumbrados a temperaturas tan bajas. En su ciudad de origen, Cagua, la temperatura media ronda los 30° C; aquí ha bajado hasta los 3° C, lo que ha obligado a Nataly a cubrirse con dos chaquetas y una manta. Sus ojos delatan su agotamiento por tener que caminar durante días enteros, pero se esfuerza por sonreír. Al menos está con su familia.

Como parte de sus esfuerzos para suavizar las duras condiciones a las que se enfrentan los niños que emprenden estos viajes, UNICEF está trabajando con las autoridades nacionales para ofrecer algunas necesidades básicas. Hasta el momento, se han repartido cerca de 4.000 mantas y 2.000 kits para bebés. Además, se han instalado tiendas y zonas temporales de descanso adaptadas a los niños con el fin de ayudar a las familias a lo largo de sus viajes.

Sara explica que su familia también se ha amparado en la amabilidad de desconocidos mientras caminaban durante días enteros por las carreteras de Colombia. Han llegado incluso a hacer tramos en coches que iban en su misma dirección.

“Cuando estábamos en Pasto, en Colombia, nos recogió un camión de gasolina. Nos tuvimos que ir colgados en la parte de atrás del vehículo por casi cuatro horas. Fue muy duro por el viento, la lluvia y el frío. Por fortuna, Nataly pudo irse en la cabina delantera del vehículo”, cuenta Sara.

“Nos hemos encontrado con algunos ángeles por el camino”.

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