Miguel Peña
La entrada más popular a Miguel Peña es el Puente El Boquete (Foto: Dayrí Blanco)

Sus calles tienen marcadas muchas huellas. Las de quienes han caminado por más de seis décadas sobre ellas para ir y regresar buscando un mejor porvenir. Lo hacen desde temprano, sorteando los charcos de aguas negras, la oscuridad por falta de alumbrado público y con el sonido de fondo de los comerciantes vociferando sus ofertas y el del transporte público que no tiene descanso en Miguel Peña, la parroquia más grande de Valencia que celebra este 4 de agosto su 52 aniversario.

Janeth Nieves tenía cuatro años cuando llegó al lugar. Ella creció viendo aumentar su población y el nacimiento de sectores en un proceso que parece no terminar, “yo creo que ahorita debe estar formándose una nueva comunidad”.

Ya son 63 años los que tiene viviendo ahí, lo que significa que, junto a su familia, fue fundadora de la parroquia por la que tiene un profundo sentimiento de amor que la impulsa a exigir mejores condiciones para sus más de 650 mil habitantes.

Ella recuerda que los espacios donde hoy estás las casas de más de 500 comunidades, eran áreas agrícolas y ganaderas que se fueron urbanizando con el pasar de los años hasta que se hizo necesaria su elevación en parroquia, tal como se decretó por la Asamblea Legislativa del 4 de agosto de 1971.

Miguel Peña
Janeth Nieves, vecina de la comunidad José Regino Peña en la parroquia Miguel Peña (Foto: Dayrí Blanco)

Una parroquia con historia

Mucho antes de la formalidad legal, en 1936 existía un caserío llamado Cruz de Legua, que es donde se encuentra actualmente la urbanización de Lomas de Funval. Con un crecimiento acelerado, en junio de 1970 se nombró una comisión en la Asamblea Legislativa del Estado Carabobo, que hizo el estudio de factibilidad de las parroquias: Miguel Peña (Candelaria Sur), Rafael Urdaneta (San Blas) y Simón Bolívar (colonia de Chirgua del municipio Bejuma).

Integraron esa comisión: Oswaldo Feo Caballero; Luis Cisneros Cróquer, Antonio Toro, Tirso Tosta, Manuel García Casteluche, Juan Ignacio Velásquez, Arturo Machado Fernández y un funcionario del ejecutivo regional.

Antes de ser una parroquia autónoma, pertenecía a La Candelaria, razón por la que la casa del prócer Miguel Peña está ubicada en ese lugar, en la esquina de las calles Díaz Moreno y Cantaura. También es el motivo por el cual el Periférico de La Candelaria es realmente parte de Miguel Peña.

“Muchas personas desconocen que nuestra parroquia inicia en la calle Plaza hasta el parcelamiento El Socorro, vía El Paíto, es una extensión bastante amplia”, señaló Fanny Barbera, quien nació en el barrio El Consejo, vivió unos años en Los Caobos y ahora en Fundación Mendoza.

Miguel Peña
Fanny Barbera, vecina de Lomas de Funval en la parroquia Miguel Peña (Foto: Dayrí Blanco)

Son 200 kilómetros cuadrados de superficie las que tiene Miguel Peña y para llegar a ella hay tres puentes que sirven de vías de acceso: Santa Rosa, Los Caobos y El Boquete, siendo este último el más representativo, “cuando uno lo ve sabe que llegó a la parroquia”.

También cuenta con avenidas muy emblemáticas como la Aranzazu, Las Ferias, Enrique Tejera, La Romana, Lisandro Alvarado, San Juan Vianey y Sesquicentenario.

Religión y multiculturalidad

Es imposible hablar de la parroquia Miguel Peña sin mencionar la obra de los salesianos San Juan Bosco, la presencia religiosa que se tuvo en el lugar desde inicios de la década de los 60 estuvo representada en la escuela Monseñor Arocha. “La obra de los padres salesianos fue muy significativa porque, hicieron su trabajo con la familia y los jóvenes, sembraron valores religiosos que aún permanecen”.

La gente de Miguel Peña tiene sus propias características. Es parte de lo que Barbera denomina “diversidad cultural” derivada de la llegada de personas de diferentes partes del país con la revolución industrial.

Miguel Peña
El movimiento en sus calles es muy activo a toda hora (Foto: Dayrí Blanco)

“En la década de los 50 comienza a migrar la gente de la zona rural a la urbana y se consiguen con esto que se llamaba La Candelaria, y construyeron viviendas que dieron paso al crecimiento de esta parroquia… Por ejemplo, yo nací aquí pero mi familia es de Yaracuy”.

Es así como en Miguel Peña hay familias de Táchira, Barinas, La Guajira, incluso colombiana y de Perú. “Esa gran diversidad cultural nos da empuje, somos gente luchadora”.

Por eso es tan habitual que en cualquier empresa privada o institución pública entre el 60% y 70% del personal vive o vivió en la parroquia. Incluso, según las estimaciones de la Oficina Central de Estadística e Informática (OCEI), hasta el año 2005, Miguel Peña representaba al 40% de la población de toda Valencia.

Entre retos y problemas

Ese crecimiento acelerado de los habitantes en la zona hizo que los terrenos llenos de sembradíos, las haciendas, los potreros y gallineros, se transformaran para dar paso a viviendas, en principio muy improvisadas, y caseríos no planificados que se formaron por la ocupación de espacios de parte de quienes llegaron de otras latitudes del país, en busca de una vida mejor.

No fue hasta los años 70 que se construyeron algunas avenidas mientras seguía el incremento de familias que se convertían en vecinos de las comunidades en las que se generaron problemas de vialidad, transporte, servicios de agua, electricidad, aseo urbano, educación, vivienda y seguridad, por la falta de planificación urbanística.

“Somos muchas personas. La población se debe organizar”, expresó Nieves al recordar que hay tantas comunidades en Miguel Peña que, en sus 63 años en la parroquia, hay algunas que nunca ha visitado.

Ramón López vive en El Consejo y conoce muy bien los problemas que se viven en toda la parroquia. “El gobierno acomoda e ilumina solo vías principales, pero los barrios tienen las calles descuidadas, destruidas, hay cloacas desbordadas, el alumbrado no funciona bien”.

Miguel Peña
El colapso de las cloacas es evidente en muchas de las calles de la parroquia (Foto: Dayrí Blanco)

A eso se suma que el servicio de agua no llega a todas las comunidades y, en otras, llega deficientemente, así como la recolección de desechos sólidos.

Para él y la mayoría de los habitantes de Miguel Peña, son muchas las tareas pendientes que solo se resolverán cuando la parroquia sea elevada a municipio.

Se trata de una propuesta que no es nueva. El 1 de abril de 2004, el Consejo Legislativo de Carabobo aprobó la Ley de Reforma a la Ley de División Político Territorial del Estado Carabobo, que, según su artículo 1, se crea una nueva entidad denominada municipio Miguel Peña, con lo que se modifica el artículo 3 de la normativa anterior para que Carabobo quede dividida entre las jurisdicciones Bejuma, Diego Ibarra, Montalbán, Carlos Arvelo, Guacara, Juan José Mora, Miranda, Puerto Cabello, San Joaquín, Valencia, Los Guayos, Naguanagua, San Diego, Libertador y Miguel Peña.

MIguel Peña

En el artículo 4 se lee que Miguel Peña comprende la parroquia urbana con el mismo nombre, además de la rural Negro Primero, capital Los Naranjos.

Sin embargo, esto no se ha hecho efectivo, aunque su nacimiento estuvo previsto durante el transcurso del año posterior a la promulgación de la ley.

López considera que esto es así por intereses del gobierno. “Todas las fuerzas políticas democráticas hemos luchado unidos para que Miguel Peña sea municipio, pero el gobierno por intereses políticos no quiere… Miguel Peña es determinante a la hora de elegir al alcalde, a gran número de concejales, incluso influye mucho en la elección del gobernador. El gobierno dice ser popular y no quiere que el pueblo en la zona sur de Valencia se empodere y logre su autonomía, elegir a su alcalde y concejales”.

Miguel Peña
Ramón López, vecino de la comunidad El Consejo en la parroquia Miguel Peña (Foto: Dayrí Blanco)

Que Miguel Peña se convierta en un municipio sigue siendo un sueño para sus habitantes. Ellos aseguran que, de esta manera, no solo se contará con autoridades más cercanas y se mejorará lo respectivo a los servicios públicos, sino que se contribuirá en gran medida con el desarrollo cultural y recreativo para todos los habitantes, al hacer una reordenación territorial y urbanística que permita la creación de espacios vitales como parques y plazas, para que sus habitantes sigan marcando sus huellas en sus calles pero esta vez, hacia el camino del progreso y calidad de vida.




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