Foto: Armando Díaz.
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Este 10 de diciembre la desolación en las elecciones de alcaldes fue la protagonista. En los distintos municipios de Carabobo el escenario se repitió y la parroquia Miguel Peña no fue la excepción.

En la mayoría de los centros como el José Regino Peña, Francisco Espejo, Ponce Bello, Monseñor Arocha y Leopoldo Yanez, la cantidad de electores que ejerció su derecho al voto no superó la mitad del universo de votantes.

Este escenario fue predicho en diferentes oportunidades por diversos politólogos, que aseguraron que las elecciones de gobernadores marcaron un antes y un después en la conducta electoral venezolana.

Desde mucho antes de las 7:00 a.m. los centros electorales del sur abrieron sus puertas, a la espera de largas colas que nunca se formaron. “Vienen graneaditos” decía Zurilma Rodríguez, coordinadora del Monseñor Henríquez, un centro con una capacidad de dos mil 590 electores que a las 4:00 p.m. tenía sólo mil papeletas dentro de las cuatro urnas. Un resultado muy por debajo de la media. El mismo escenario ocurría en el colegio de al lado, donde no se veía emoción ni la presencia de electores.

Los coordinadores de mesa coinciden en algo “las alcaldías no son presidenciales y gobernaciones” esta frase repetitiva demuestra que el elector no suele acudir a las municipales, porque las consideran menos importante, lo cual quedó demostrado en las afueras de cada centro electoral.

Los inconvenientes también fueron repeticiones de otros comicios, como el de los votos nulos, producto de la sensibilidad de las máquinas para sufragar. Hubo quien presionó por error el botón del Partido Comunista de Venezuela (PCV) en vez del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv).

La ausencia de la oposición se hizo sentir en un territorio que ha sido catalogado como rojo. Los Carnet de la Patria eran visibles en cada elector que acudía con entusiasmo a los Puntos Tricolor para registrar su voto mediante el sistema de QR, el cual crea una data en la que el Gobierno puede saber cuántos de sus seguidores cumplió compromiso ciudadano.

Sin embargo este entusiasmo oficialista no fue suficiente para opacar la apatía denunciada por ambos bandos y que nuevamente la tercera edad y los discapacitados supieron quebrar. Fue este público el que acudió en sillas de rueda, andaderas, muletas y con pasos lentos hasta sus urnas para depositar la papeleta y continuar con una labor que parece satisfacer a este sector del electorado.

En horas de la tarde un ejercito de camionetas último modelo y motos con conductores vestidos de rojos recorrían la zona sur en apoyo al candidato, Jesús Alejandro Marvez, mientras que en uno de esos lujosos vehículos viajaba Rafael Lacava, para ese entonces ya se daba por vencedor en medio de la multitud que lo aplaudía y vitoreaba, mientras su sonriente candidato era acosado a preguntas por importantes medios de comunicación de la región en el Regino Peña.

Las tensiones se intensificaban pero a pesar de la falta de resultados, desde muy temprano la ciudadanía carabobeña tenía su visión de lo que podía ocurrir durante la noche del 10 de diciembre y el panorama que encontrarían al día siguiente. No sería una sorpresa porque un sector decidió permanecer en casa mientras otro asistía graneadito a los colegios desolados a votar.




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