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La capital rusa se ha vestido con sus mejores galas para recibir el Año Nuevo, la fiesta más querida desde siempre por los rusos, y su lugar más emblemático, la plaza Roja, ya respira el mejor ambiente navideño.

Aunque aún faltan varias semanas para la llegada del Año Nuevo y la posterior Navidad ortodoxa, que se celebra el 7 de enero, ya es tradición que uno de los primeros lugares en exhibir su decoración festiva sea la plaza Roja.

Niños, jóvenes y mayores, moscovitas o turistas, ya disfrutan de la gran pista de patinaje sobre hielo inaugurada, como cada año, por los grandes almacenes GUM, mientras un mercadillo navideño hace las delicias de los visitantes.

El mercadillo, integrado por casi una treintena de casetas y tenderetes con souvenirs, atracciones para los más pequeños y puestos de comida tradicional rusa, es una incursión obligada para empaparse del ambiente festivo de la capital.

Este año, las autoridades de la capital han gastado 600 millones de rublos, más de 10 millones de dólares, para la decoración festiva, en forma de casi 4 mil instalaciones y más de 250 árboles de Navidad por toda la capital, entre otros elementos de adorno.

Los ciudadanos también están dispuestos a echar la casa por la ventana y confiesan en las encuestas su intención de gastar durante las fiestas un 4 % más que en 2016, volviendo a los niveles de gasto previos a la crisis económica en Rusia.

El 45 % planea regalar a sus seres queridos bombones de chocolate, un 42 % se inclina por los cosméticos y un 31 % de los encuestados regalará dinero en efectivo, según un sondeo reciente.

El principal protagonista del Año Nuevo ruso, el Ded Moroz (el Abuelo Frío), hermano cercano de Papá Noel, también visitó Moscú este mes para informar sobre su gira por la geografía rusa de cara a las próximas fiestas.

“No llevo la cuenta de las ciudades que visito. No lo saben bien ni en mi servicio de prensa. A veces dicen que he visitado una ciudad, y yo mientras visito cuatro”, dijo en una conferencia ofrecida esta semana en la agencia Rossia Sevodnia.

Asegura que en ningún momento quiere rivalizar con el Santa Claus de la cultura occidental.

“Somos amigos y colegas. ¿En qué podemos competir? ¿En la cantidad de acciones buenas que hace cada uno?”, preguntó Ded Moroz en su encuentro con los periodistas. Y es más, recordó que se reúne a menudo con sus compañeros de Occidente para intercambiar experiencias.

Ded Moroz, conocido por su don especial para adivinar los anhelos de los menores y veces de los adultos, señaló que el regalo soñado por la mayoría de los niños rusos es un teléfono inteligente o una tableta.

Lamentó que los pequeños den la espalda a los libros a causa de la omnipresencia de la tecnología en sus vidas desde una edad muy temprana y aconsejó esmerarse más para no perder el hábito de la lectura.

Después de su rueda de prensa, el Papá Noel ruso, con residencia en Veliki Ustiug, a unos 900 kilómetros de Moscú, abandonó la capital para continuar con su gira por el país y llevar la ilusión prenavideña a los habitantes de sus rincones más recónditos.




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