El envejecer es un proceso universal que afecta a todas las personas, concebido como una sucesión de modificaciones morfológicas, fisiológicas y psicológicas de carácter irreversible, que conducen a las manifestaciones físicas externas que dan al individuo aspecto de anciano.

Estudios tradicionales siempre han relacionado la felicidad con la longevidad de las personas. El bienestar que experimenta una persona con el humorismo, sumado a los instantes de disfrute por estar en un ambiente festivo, relajado y abierto, alejado de tensiones emocionales, se han asociado siempre con la salud y la longevidad. Pero, si bien estar enfermo nos hace sentirnos muchas veces infelices, el estar malhumorado no es suficiente, ni es una causa forzosa para enfermarnos o acortar nuestra vida. “Es una creencia muy común pensar que el estrés y la infelicidad causan la muerte e incrementan la enfermedad, pero en realidad es lo contrario”, dijo el profesor Richard Peto, de la Universidad de Oxford. “La gente, argumenta el profesor Peto, debería enfocarse más en los problemas reales, ya demostrados, que acorten sus vidas, como fumar, alimentarse mal, la tensión emocional constante, y la obesidad”.

El Interés por la longevidad ha sido siempre una obsesión humana. De acuerdo con el Génesis, y aunque nadie lo ha demostrado, Matusalén fue el octavo patriarca antediluviano, padre de Noé; en la Biblia se dice que vivió 969 años, pero se considera esto como producto de una mala traducción de varios textos previos, sumados a las distorsiones y pérdidas de información propios del lenguaje oral dominante en esos miles de años. Se acepta, al final, que murió a los 72 años (¡mucho más razonable!).

En Estados Unidos, unos famosos hermanos Kahn, vivieron más de 100 saludables años, hasta el final de sus vidas. Helen Kahn, la mayor, falleció antes de los 110 años. “En la familia Kahn existe un factor de longevidad; sus ADN hablan”. Así respondió Nir Barzilai, médico de la Universidad Albert Einstein, en Nueva York, entrevistado en mayo 3, de 2017. “Helen Kahn fue persona de gran humor -señaló Barzilai-, y cuando le pregunté si le habían sugerido que no fumara, contestó: Claro, pero los cuatro médicos que me lo sugirieron ya han muerto”… El médico Barzilai, siempre ameno, contó un chiste sobre la relación entre el ánimo y la longevidad: Un hombre de 100 años fue a sacar un seguro de vida. “No hacemos pólizas a personas de 100 años”, le informaron. “¿Cómo que no? Mi madre acaba de hacerse un seguro de vida aquí”, respondió. Tras disculparse, los aseguradores le citaron para firmar papeles el siguiente martes. “El martes no puedo. Se casa mi abuelo”, lamentó el hombre de los 100 años. “¿Su abuelo?”, exclamaron los aseguradores. “Sí, él no quería casarse, pero sus padres le presionaron”, contestó el centenario…

¿Fue por humorismo o por problemas de la longevidad? !Tomémosle con calma!

 




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