“Es una aberración de los cantos de sirenas, cuyos efectos hipnóticos son evidenciables por el dramatismo de los contundentes efectos causados en todos los órdenes de la vida del venezolano, vida que debemos recuperar a la brevedad, en tanto aún existe República” Ángel Arístides Pérez Herrera

Las sirenas, según la mitología griega, cantaban maravillosamente y la finalidad de su canto era atrapar a desprevenidas víctimas.

Cantos de sirena es una conocida expresión que se utiliza para indicar o alertar ante esas situaciones o llamadas que atontan o embelesan, arrastrando al ingenuo con falsas promesas.

Muchísimos son los compatriotas que han sido embaucados con los cantos de sirena del régimen: el logro sin esfuerzo, la propiedad de todo el pueblo, la gratuidad de la vida, vivienda digna para todos; la erradicación eterna del desempleo, la abundancia y la plenitud de la vida; PDVSA es de todos; salud y asistencia social de calidad para todos; erradicación de la pobreza. Esa recurrente balada no es otra cosa que colocar en las rockolas del momento la desinformación, la manipulación, el desprecio a la verdad que de nuevo ofrece esperanza y bienestar; cuando en realidad lo único que ha quedado claro de esta terrible trayectoria de más de dos décadas, es que este régimen, de manera cínica, demagógica y descarada, a lo largo de dos décadas, prometió abundancia y engendró miseria, prometió libertad y engendró servidumbre.

Sin embargo, de nuevo se escuchan esos cantos de sirenas ahora entonados por los tiktokers del momento: “Ya la Chevron viene con todo… La reapertura de la Embajada gringa es un hecho…Es que el petróleo lo puede todo… La reactivación llegó…Ahora si es verdad, Venezuela se arregló…”

Al respecto apuntaba el economista Omar Zambrano en Prodavinci: “… No hay frase que haya suscitado más polémica que la frase “Venezuela se arregló”. Unos la usan como arma arrojadiza contra los que se fueron, para echarles en cara de lo que se perdieron y los otros la usan con piquete sarcástico para señalar que una parte de la población subsiste en condiciones degradantes. Ambos sufren del sesgo de juzgar por lo observado en su entorno y, en ambos casos, pierden la imagen panorámica de la economía venezolana. ¿Venezuela se arregló? No, bueno, sí, para algunos, todavía muy pocos y, bajo el actual estado de las cosas, sin posibilidades de que sean muchos más…”

La dolarización que estamos observando desde hace bastante tiempo ya ronda el 75% de las transacciones y es la que estimula y potencia esta alocada economía que se sustenta, en buena medida, en la venta de camionetas a precios siderales, de los atiborrados bodegones y supermercados que recurren a las importaciones libres de aranceles propiciadas y autorizadas por el régimen como parte del sistema financiero del “enchufamiento”. Resulta innegable que hay mayor disponibilidad de bienes de consumo, pero tan solo para esa parte de la sociedad que tiene acceso a ingresos en divisas.

Esos cantos de sirena que se repiten son los que muestran la rumba del zaperoco en Canaima, los vehículos archilujosos en Las Mercedes, o las delicias de ver a Caracas tendida a tus pies desde el Hotel Humboldt, cuando la realidad es otra totalmente diferente… ¿Cómo es posible arreglar un país que fue desmantelado, saqueado, ultrajado, expoliado por completo? Un país con un sistema de salud totalmente colapsado; las universidades públicas a la buena de Dios…pero Dios se graduó hace tiempo; un país donde el 90% de los vehículos utilizados para movilizar pasajeros, se encuentran paralizados; un país donde la miseria campea a sus anchas y la desconfianza llegó para quedarse.

Interminable sería esta terrible pero comprobada lista de desgracias causadas por la ruindad de este régimen perverso.

Nuestro país tan solo lo podremos arreglar cuando salgamos de este régimen y sus secuaces. El futuro, según lo ha demostrado la historia, es siempre el cambio y transformación social; y el llamado todos los venezolanos de buena voluntad, a que se muevan con el poder de sus convicciones y no con la inercia de las circunstancias, pues una ciudadanía demócrata y responsable y no se nutre de quimeras e ilusiones, del sempiterno populismo, o de cantos de sirena engañosos, que nos postergan el futuro que anhelamos y merecemos. Al contrario, tal como lo hiciera Ulises en la Odisea, se taparía los oídos para no naufragar, una vez más, en las costas del desengaño y las desilusiones.

Manuel Barreto Hernaiz




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