El filósofo español Fernando Savater, en una de sus tantas conferencias, a las que acude con frecuencia, trataba el tema del comportamiento universal de la ignorancia de los electores y que hábilmente es infamemente explotada por la demagogia de los regímenes autocráticos. Ilustró la manera descarada de comportarse algunos de estos políticos valiéndose de un semanario del humor español en la que uno de ellos da a elegir a su pueblo, entre “nosotros o el caos”. Y el pueblo allí presente respondió: “el caos, el caos, el caos”. El autócrata luego les dijo: “lo mismo da, nosotros también somos el caos” … Desparpajos como este son muy comunes en el régimen encabezado por Nicolás Maduro y sus acólitos.  Ese proceder indolente y sarcástico frente a quienes considera sus súbditos tiene cierta analogía con los hechos que han ocurrido entre nosotros con el nombramiento de los nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral. Este CNE no es legítimo; su génesis está en la espuria Asamblea Nacional electa el 6 de diciembre. Por otra parte, lo más trascendente es que la mayoría evidente de nuestros compatriotas no tiene ningún interés en participar en ese proceso electoral para designar nuevos gobernadores y alcaldes, por más que un minúsculo grupo de opositores tozudamente se empeñen en participar en un acto que no tiene ninguna posibilidad de éxito.

El doctor Román Duque Corredor, de quien nadie duda de su rectitud, de su moral y sapiencia jurídica, dice: “Tres rectores del mismo partido de cinco rectores del CNE es una falta de equilibrio que equivale al desnivel de la balanza de la justicia”. Asimismo, la voz crítica de María Corina Machado: “En la designación del nuevo CNE hay una falla de origen; negar el carácter usurpador de la dictadura al reconocer a la AN ilegítima que hace las designaciones. El régimen no está haciendo concesión alguna al añadir algunos nombres al CNE, al contrario, está avanzando las áreas para seguir amarrado al poder”.

La subsecretaria del Departamento de Estado de Estados Unidos para el Hemisferio Occidental, Julie Chung, expone: “Dependerá de los venezolanos decidir si el nuevo Consejo Nacional Electoral contribuye a que se lleven a cabo elecciones libres y justas en el país”. Ahora, ¿qué se puede leer entre líneas de lo dicho por la señora, Julie Chung? Se puede extraer un grito de advertencia; tengan sumo cuidado con el paso que van a dar. Ustedes serán responsables de la decisión que asuman por asistir a unas elecciones regionales y locales convocadas por un organismo ilegítimo hijo de otro organismo espurio como es la Asamblea Nacional electa el pasado 6 de diciembre.

Si miramos, por ejemplo, la encuesta realizada por el diario digital La Patilla hace dos semanas atrás, encontramos que el 90,9 % considera desacertada la designación del nuevo CNE, mientras solo el 6,5 % piensa lo contrario. De la misma manera, el máximo líder de la oposición democrática Juan Guaidó afirmó que: “las consecuencias de querer imponer un árbitro electoral serán las mismas que en 2018 y 2020: arrastrar a Venezuela a un desastre mayor”.

Para ir finalizando, todos los venezolanos coincidimos en elecciones libres, justas y revisables.  Reitero lo dicho semanas atrás: lo primero es dar de baja la dispersión y llevar todos hacia el mismo derrotero. Los problemas internos de la oposición —la dispersión, los errores cometidos hasta ahora, las ambiciones excesivas, las estrategias imprecisas— son pifias graves que provienen de la médula de la propia oposición. Ya es hora. Qué más hará falta para percatarse de que los venezolanos no saldrán a votar si no hay garantías de vencer sin artimañas, ni unidad ni un candidato único a gobernadores o alcaldes. Aún así, y a pesar de esto guardo muchas, muchísimas dudas de conseguir la victoria. Nadie nos pregunta en las calles, como meses atrás lo hacían hasta el hastío, nuestra opinión sobre la situación política. Hay una profunda y peligrosa resignación, una gran soledad. Si no se actúa con vigor con vigor, presteza y seriedad será el caos, el caos, quién triunfará de nuevo, con o sin trampa, con legitimidad o sin ella.

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