Las potencias internacionales y la misión especial de la ONU (UNSMIL) apelaron este martes a la crisis sanitaria por el estallido de la pandemia de coronavirus para exigir el cumplimiento del alto el fuego en Libia, testigo en las últimas 72 horas de un repunte de los combates en torno a la capital.

En un comunicado enviado a los medios, la UNSMIL insistió en la necesidad de declarar cese humanitario inmediato de las hostilidades y obligar a un alto de todas las operaciones bélicas, incluida la transferencia de material y personal militar, “para facilitar así el trabajo de las autoridades locales en la “rápida contención del reto sin precedentes para la salud pública que supone el COVID-19”.

Esfuerzos para el cese al fuego

“Al tiempo que prosigue con sus esfuerzos para facilitar el diálogo entre los libios tanto en el espacio político y económico como militar, instamos a todas las partes implicadas a dar un paso audaz y a unificar sus esfuerzos en el combate contra esta pandemia”, se subraya en la nota.

El COVID-19 no tiene afiliación y supera todas las fronteras. Pedimos a todos los libios unir fuerzas de forma inmediata y antes de que sea demasiado tarde para hacer frente a esta amenaza abrumadora y de rápida propagación, agrega el comunicado.

Al respecto, la UNSMIL se ofrece para “fomentar la implementación de un mecanismo consolidado para afrontar el COVID-19 en Libia en estrecha colaboración con la OMS y otras agencias de la ONU en el terreno, y con los amigos de Libia. La familia de la ONU en Libia está lista para continuar apoyando a los libios frente a esta amenaza”.

La guerra civil que ensangrienta Libia desde el fallido proceso de paz impuesto por la ONU en 2015 se intensificó el pasado 4 de abril, fecha en la que el mariscal Jalifa Hafter, hombre fuerte del país, ordenó levantar un cerco a la capital, dominada por el Gobierno de Acuerdo Nacional no electo y reconocido por la ONU (GNA), con el secretario general de esta institución, Antonio Guterres, de visita oficial en la ciudad, en un claro mensaje a la comunidad internacional.

Desde entonces han muerto alrededor de 1.500 personas -más de 300 civiles-, 15.000 más han resultado heridas y más de 130.000 ciudadanos se han visto obligados a abandonar sus hogares y convertirse en desplazados internos.




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