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Tres víctimas de canibalismo y 10 que fallecieron por hambre, destacan como hechos inusuales en el balance anual presentado por el Observatorio Venezolano de Prisiones que recoge las incidencias carcelarias del año 2016 en centros penitenciarios y retenes policiales a nivel nacional.

Humberto Prado, coordinador general del OVP, estuvo acompañado por Feliciano Reina, director de Acción Solidaria y del padre Raúl, párroco de la parroquia universitaria (UCV), durante la presentación de las estadísticas.

Aunque las autoridades gubernamentales niegan la existencia de hacinamiento en las cárceles venezolanas, Prado desmintió la teoría con cifras. Hasta el 31 de diciembre de 2016 había 54.738 presos en los centros penitenciarios, y 33 mil en calabozos de centros policiales.

-Hay hacinamiento o sobrepoblación si la acumulación o amontonamiento de personas en el sistema carcelario excede a la capacidad de los establecimientos. Si las cárceles tienen una capacidad para 35.562 personas y alberga a 54.738, hay un hacinamiento en estado crítico del 53.9 %.

En 2016 registraron 173 muertos y 268 heridos en cárceles. La cifra de muertos tuvo un descenso considerable respecto al año 2015, cuando hubo 191 muertos y 55 heridos.

Canibalismo y hambre

Sin embargo se conocieron tres casos de canibalismo y 10 presos murieron por hambre, hechos que nunca antes habían sido registrados en las cárceles del país.  

En las visitas realizadas por el OVP en 13 estados constataron que en Lara cinco presos fueron decapitados y a uno de ellos se lo comieron. Otros dos casos de antropofagia se registraron en Táchira.

Ante la falta de alimento murieron por desnutrición aunada a otras patologías, los presos: Ada Yaquelinda Jiménez Hernández (39) en La Fénix (estado Lara); José Antonio Álvarez Castillo (24) en el Destacamento 312 de la GNB en Portuguesa; Lionisio Carrión, en la Comandancia de Policía del estado Sucre; Tulio José Soto Gómez (49) en la Policía de Paz Castillo, estado Miranda; José Luis González Rodríguez en el Centro de Coordinación Fundalara, estado Lara; Anderson José Jiménez Torres (21) en la Comandancia de Policía de Iribarren (Lara) ; José Gregorio Torbello Navarro, en el Centro de Coordinación Policial de Paraguaná (Falcón); Alfredo Alejandro Natera (28), Policía Municipal de Independencia (estado Miranda); Carlos Enrique Hernández (30) y Pedro Pablo Mendible (30), en la Policía de Chacao.

Calabozos policiales convertidos en cárceles

En los calabozos policiales, que tienen capacidad para ocho mil personas, hay 33 mil seres humanos, un hacinamiento del 412 % que supera 10 veces el límite inferior del hacinamiento crítico.

En uno de estos centros le sacaron las vísceras a un preso para recuperar las pastillas que se había tragado. En cuanto a la situación sanitaria, detectaron cuadros de sarna en el 72 % de la población.

Mientras tanto, el Ministerio Penitenciario, no cumple con su responsabilidad de asignar los cupos para que sean trasladados, ni tampoco respeta las decisiones de los tribunales que cuando se da la privativa de libertad asignan el centro carcelario al cual deben llevar al reo.

Esto genera problemas a los cuerpos policiales que deben dedicarse a cuidar presos. El director de la Policía de Miranda, comisario Elisio Guzmán, dijo “se nos están muriendo los presos”, por la falta de comida. La institución no tiene presupuesto para alimentarlos y los familiares tampoco la llevan por dos razones: Es costosa y escasa.

 

Derechos humanos

Feliciano Reina, quien a través de Acción Solidaria tiene 22 años atendiendo la problemática de los presos con VIH-Sida, recibiendo donaciones y entregando  medicinas a los privados de libertad, ve con preocupación la situación.

La crisis generalizada que vive el país les ha dificultado la labor y los familiares tampoco consiguen los medicamentos.

-Esto, mezclado con el problema de la alimentación significa que estamos ante una emergencia humanitaria compleja, que de no ser atendida configura una violación masiva y deliberada de los derechos humanos. Dijo Reina.

Manifestó que hay presos que rompen a llorar cuando reciben en sus manos las medicinas que ellos llevan a través de Caritas. Han observado que entre enero y febrero de este año, los internos han perdido entre 7 y 8 kilos de peso.

-Esta es una primera señal, la tendencia es a aumentar y el año 2017 será más grave que el año pasado.




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