El No Hay en las panaderías es la frase que más abunda. (Foto Referencial)
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Magaly Correia no se siente hipócrita, perversa, ni malvada. Ella, tras el mostrador de su panadería, solo intenta mantener la santamaría arriba. Pero no ha sido fácil. Tiene 15 días con el inventario de harina de trigo en cero por las importaciones deficitarias e intermitentes monopolizadas por el Gobierno. Los hornos han estado apagados todo ese tiempo en lo que ella ha asumido como una guerra contra el empresariado, aunque el mandatario nacional haga acusaciones contrarias.

Su negocio está en la lista del 50% que no vende pan desde hace dos semanas en Carabobo. No tienen más alternativa que ofrecer charcutería, jugos, refrescos y golosinas. Productos que no le garantizan la sustentabilidad económica. Las ventas han caído en más de 40% de acuerdo a las cifras de la la Asociación de Comerciantes e Industriales de la Panificación y Similares de Carabobo (Acipan).

A la panadería de Magaly Correia solo una compañía le manda dos sacos a la semana de 45 kilos cada uno

A la panadería de Magaly Correia solo una compañía le manda dos sacos a la semana de 45 kilos cada uno. Antes recibía al menos 10 de tres proveedores diferentes. “Lo que me traen no me alcanza para nada”. Pero el martes 31 de enero se hizo la mezcla con lo último que le quedaba de harina. Ningún vendedor ha vuelto, y cuando los llama para hacerle un pedido solo le dicen que las guías de movilización de los molinos son para Caracas. En promedio, los niveles de los inventarios de las 700 panaderías en la región están en menos de 20%.

De acuerdo a los movimientos portuarios, la semana pasada arribó a costas carabobeñas el buque Dragonera con 30 mil toneladas (TN) de trigo de los que ni un kilo fue enviado a panaderías del interior del país. Se espera que los trámites de nacionalización en Puerto Cabello se aceleren con el barco que llegó el sábado 11 de febrero, igual con 30 mil (TN) y que no se tomada en cuenta solo la capital.

Aún así esa no sería la solución. José Dichi, director de relaciones públicas de Acipan, explicó que el sector necesita 120 mil TN de trigo distribuidas en los establecimientos, otras 120 mil en los molinos, y una cantidad igual en trámites de compra. “Ese es el ciclo que se debe cumplir”.

SANCIONES SIN MOTIVOS

Luis Manuel Moreira tiene suerte. Aún le quedan dos sacos de harina en su almacén. A comerciantes como él iban directamente los señalamientos del presidente Nicolás Maduro, quien llamó a los representantes del sector “malvados” por “obligar a la población a hacer cola por pan”. Prometió además acabar con esa “guerra”.

No tiene otra opción que administrar de la mejor forma el deficitario suministro de harina. Solo a las 7:00 a.m. y a las 4:00 p.m. se encienden los hornos en su negocio para hacer una cantidad limitada que alcanza para atender máximo a 80 clientes por horario en una venta que se hace regulada.

Él no quiere que sus clientes hagan cola. “Eso me molesta, nunca habíamos pasado por esta situación”. Y aunque les dejó claro a los funcionarios de la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (Sundde) que no se trata de una imposición, no pudo evitar ser sancionado. “Fue una multa sin motivos”, argumentó. Moreira tiene todo en regla y organizado. Les entregó las carpetas con facturas y soportes, e incluso hizo que pasaran al almacén para que constataran que estaba prácticamente vacío y las objeciones de quienes vestían con chalecos rojos se mantenían: “No se puede acaparar mercancía, mandar a los clientes a hacer cola no venderles con condiciones”.

Moreira tuvo que meter al horno lo que sus trabajadores pudieron preparar con lo poco que le quedaba de harina. Lo vendió en menos de media hora. Ahora está como Magaly Correia, sentado tras el mostrador viendo cómo sus clientes pasan, preguntan por pan y se van sin comprar otra cosa. Es una guerra a la que la crisis los ha alistado en contra del cierre de sus negocio. Para ellos los hipócritas, perversos, ni malvados son otros.

 




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