El papa se despide de Lisboa
El Papa Francisco saluda a la multitud en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Foto: EFE/EPA/Carlos M. Almeida

El papa Francisco se despidió de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Lisboa con un encuentro dedicado a los cerca de 25 mil voluntarios de 150 países que han permitido la celebración de este evento católico en el que han participado hasta millón y medio de jóvenes y en el que han tenido que afrontar «verdaderas olas» y les pidió que sigan siendo «surfistas del amor».

Una representación de estos voluntarios, dos tercios de ellos chicas, con sus representativas camisetas amarillas, acudieron al paseo marítimo de Algés para recibir con una auténtica fiesta al pontífice, a pesar del cansancio de estos días y el sol abrasador con temperaturas de 38 grados y que provocó que algunos jóvenes tuvieran que ser atendidos.

Antes de llegar, miles de personas saludaron el paso de la comitiva papal desde la sede de la Nunciatura en Lisboa hasta el paseo marítimo de Alges, a lo largo de 12 kilómetros, protegidos del sol con gorros, paraguas y pañuelos.

El pontífice hizo parte del recorrido en un vehículo cerrado, pero subió al papamóvil descubierto para entrar en el paseo y saludar a los más de 25 mil voluntarios de la JMJ que le aguardaban y que estallaron en una ovación para recibirle.

El papa se despide de Lisboa

«Esta es la juventud del papa», gritaban en español, y exhibían pancartas, banderas y algunos pañuelos blancos en los que se podía leer «Obrigado (gracias) papa Francisco».

El papa les dio las gracias «porque hicieron días inolvidables sin ruido ni protagonismo para que todos pudieron estar cantar juntos, han sido un ejemplo de equipo».

El Papa Francisco (R), flanqueado por el Cardenal-patriarca de Lisboa D. Manuel Clemente. Foto: EFE/EPA/Antonio Pedro Dantos

Los he visto mientras respondían a mil necesidades, a veces con el rostro marcado por el cansancio, otras veces un poco abrumados por las urgencias del momento, pero siempre con una sonrisa y con los ojos luminosos, porque están llenos de amor. Trabajaron duro en la preparación, luego en la acogida y en el servicio a las multitudes que se movían de un encuentro a otro», les dijo.

Y añadió: «Hicieron grandes cosas con gestos pequeños, como ofrecer una botella de agua a un desconocido, y esto le convirtió de inmediato en un amigo, porque era un hermano».

El papa explicó que para reordenar nuestras vidas «no sirven las cosas, las distracciones y el dinero, es necesario dilatar el corazón, ensancharlo abriéndolo al amor».

Dejó una imagen

Y para finalizar, el papa quiso dejarlos una imagen: «Como muchos de nosotros sabemos, al norte de Lisboa hay una localidad, Nazaré, donde se pueden admirar olas que llegan hasta treinta metros de altura y son una atracción mundial, especialmente para los surfistas que las desafían» y les dijo «en estos días también ustedes han afrontado una verdadera ola; no de agua, sino de jóvenes que han inundado esta ciudad».

«Pero, con la ayuda de Dios, con mucha generosidad y apoyándose mutuamente, ustedes han desafiado esta gran ola», destacó el papa recibiendo los fuertes aplausos de los voluntarios.

Y les instó a que sigan siendo “surfistas del amor” y «que el servicio de la JMJ sea la primera de muchas olas de bien; serán llevados cada vez más alto, más cerca de Dios, y esto les permitirá ver desde una mejor perspectiva vuestro camino».

«Y ahora a subirse a la ola», dijo a los jóvenes antes de salir al aeropuerto para regresar a Roma.

El papa deja Lisboa

El papa cerró hoy en Lisboa la primera Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) después de la pandemia, que superó las previsiones, con más de un millón y medio de fieles de todo el mundo, y donde tuvo un especial reconocimiento para las víctimas de abusos sexuales, llamó a los jóvenes a avanzar sin miedo e insistió en que hay espacio para todos en la Iglesia.

Lisboa, con medio millón de habitantes, asumió el reto de recibir la mayor concentración católica con el objetivo de reunir a un millón de peregrinos. Pero la realidad superó con creces las estimaciones.

Multitudes a las que se sumaron las miles de personas que se congregaron en las calles de la capital lusa para saludar el paso de la comitiva papal durante los cinco días de su visita, y en los que se ha paralizado la actividad del centro de la ciudad.

«Es una cosa nunca vista en Portugal», una «locura», resumió este domingo el presidente del país, Marcelo Rebelo de Sousa.

Abusos con menores

El papa llegó a un Portugal sacudido por las revelaciones de una comisión independiente que, en febrero, denunció la existencia de al menos 4 mil 800 víctimas de abusos cometidos con menores en el seno de la Iglesia portuguesa.

Las víctimas reclamaban justifica, reconocimiento y criticaban la reacción de la Iglesia portuguesa y el hecho de que el tema no figurara en la agenda oficial de la JMJ.

En un discurso ante el clero del país en su primera jornada en Lisboa, el pontífice pidió a la Iglesia de Portugal «una purificación humilde y constante» en relación con este escándalo y que las víctimas «sean siempre acogidas y escuchadas».

Horas después, Francisco se reunió en privado con 13 víctimas de pederastia, a quienes pidió perdón en nombre de la institución. Un gesto que las víctimas han valorado, aunque, advierten, no es suficiente.

El mensaje de la JMJ

Francisco no ha tenido tregua en esta JMJ. A sus 86 años ha cumplido un apretado programa que ha incluido desplazamientos, misas multitudinarias, una visita al santuario de Fátima y reuniones privadas.

El papa, que se ha saltado el protocolo para saludar a la multitud y no se ha ceñido a los discursos previstos en varias ocasiones, ha insistido en un mensaje para los jóvenes a lo largo de estos días: «En la Iglesia hay espacio para todos».

«Cuando no haya este espacio, esforcémonos para que lo haya, también para el que se equivoca, para el que cae, para el que le cuesta», dijo en la ceremonia de bienvenida.

Insistió durante su breve visita a Fátima: «La pequeña capilla donde nos encontramos constituye una bella imagen de la Iglesia, acogedora y sin puertas. La Iglesia no tiene puertas, para que todos puedan entrar».

Un mensaje especialmente significativo en una JMJ en la que se han registrado incidentes de intolerancia con personas LGTBI.

No abusar de las redes sociales

El papa pidió también a los jóvenes que no abusen de las redes sociales ni las pantallas y hoy, en la misa final, los animó a que no tengan «miedo» y a construir un mundo diferente.

«Todos queréis cambiar el mundo y queréis cambiarlo por la justicia y por la paz», aseguró.

«Obrigado (Gracias). Lisboa queda en la memoria de los jóvenes como la ciudad de los sueños», concluyó Francisco.

Tras la multitudinaria despedida que le regalaron los peregrinos en su última misa el Lisboa, el papa quiso agradecer el esfuerzo de los voluntarios de la JMJ.

«Sean surfistas del amor», pidió Francisco a los más de 25.000 jóvenes que convirtieron la despedida en una fiesta. «Ahora, suban a la ola», dijo en alusión a las olas gigantes de la localidad de Nazaré antes de partir hacia el aeropuerto de regreso a Roma.

La próxima cita, en Seúl 2027.

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