Foto Carlos Blanco

El papa Francisco elogió el 16 de enero la capacidad de levantarse y de volver a empezar del pueblo chileno, durante la misa multitudinaria que celebró en el parque O’Higgins de la capital en su primera jornada de visita a este país.

Ante cientos de miles de personas en este parque en el que en 1987 también celebró misa el papa Juan Pablo II, Francisco dedicó su homilía a la lectura del Evangelio sobre las bienaventuranzas.

Jorge Bergoglio dijo que las bienaventuranzas nacen de los hombres y mujeres que saben de sufrimiento, que conocen el desconcierto y el dolor que se genera cuando se te mueve el piso o se inundan los sueños y el trabajo de toda una vida se viene abajo, en una referencia a las catástrofes naturales que han afectado a Chile.

“Pero más saben de tesón y de lucha para salir adelante; más saben de reconstrucción y de volver a empezar”, dijo Francisco en su homilía.

Y exclamó: “¡Cuánto conoce el corazón chileno de reconstrucciones y de volver a empezar; cuánto conocen ustedes de levantarse después de tantos derrumbes!”.

Agregó Francisco que las bienaventuranzas no nacen de actitudes criticonas ni de la palabrería barata de aquellos que creen saberlo todo pero no se quieren comprometer con nada ni con nadie, y terminan así bloqueando toda posibilidad de generar procesos de transformación y reconstrucción en nuestras comunidades.

El pontífice argentino llamó a sacudirse también la resignación que nos hace creer que se puede vivir mejor si nos escapamos de los problemas, si huimos de los demás; si nos escondemos o encerramos en nuestras comodidades, si nos adormecemos en un consumismo tranquilizante.

Esa resignación, criticó Francisco, nos lleva a aislarnos de todos, a dividirnos, separarnos; a hacernos los ciegos frente a la vida y al sufrimiento de los otros.

Esta primera misa en Chile, celebrará otras dos en este país, estaba dedicada a la paz y la justicia y Jorge Bergoglio destacó la felicidad de aquellos que son capaces de ensuciarse las manos y trabajar para que otros vivan en paz y de aquellos que se esfuerzan por no sembrar división.

“De esta manera, la bienaventuranza nos hace artífices de paz; nos invita a comprometernos para que el espíritu de la reconciliación gane espacio entre nosotros”, agregó.

El papa exhortó a los fieles a “¡Sembrar la paz a golpe de proximidad, de vecindad! A golpe de salir de casa y mirar rostros, de ir al encuentro de aquel que lo está pasando mal, que no ha sido tratado como persona, como un digno hijo de esta tierra”.

Y señaló que esta es la única manera que tenemos de tejer un futuro de paz.

Para Francisco construir la paz es un proceso que nos convoca y estimula nuestra creatividad para gestar relaciones capaces de ver en mi vecino no a un extraño, a un desconocido, sino a un hijo de esta tierra.

En su alocución, también citó al poeta chileno Pablo Neruda cuando dijo que las bienaventuranzas son la extirpación de una inmovilidad, el sacudimiento de una postración negativa.




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