Todo abrazo aumenta su poder y su fuerza cuando le sumamos una mirada. “El alma, que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada”, estas palabras recitaba con intensa belleza el poeta español Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870). Aun cuando pertenecen a especies diferentes, podemos observar cuan poderoso es el contacto visual, el poder de la mirada, con el cual los perros y sus dueños retroalimentan su felicidad, mirándose con frecuencia a los ojos.

Este sentimiento sobre nuestras mascotas se resume en una conocida expresión, que dice: “Cuánto más conozco a las personas, más quiero a mi perro”. La autoría de esta afirmación se le atribuye a varias personalidades, pero es seguro que la respaldan millones de amantes de los canes en el mundo… En este mismo sentido de interacción, interdependencia y contacto emocional entre los perros y humanos, el novelista, ensayista y poeta inglés Aldous Huxley (1894-1963) pensaba que “todos los hombres son dioses para su perro”, y también creyó que “hay gente que ama más a sus perros que a los seres humanos”.

Todos estos elementos los profundiza el escritor checo-francés Milan Kundera (1929 – ?) en su novela filosófica “La Insoportable Levedad del Ser”. Allí, Kundera analiza la relación emocional entre las mascotas y sus amos: “El amor hacia el perro –dice Kundera– es voluntario, nadie lo fuerza a ser así […]. Pero, lo principal es que ninguna persona puede otorgarle a otra el don del idilio. Eso sólo sabe hacerlo el animal […]. El amor entre un hombre y un perro es un idilio. En él no hay conflictos, no hay escenas desgarradoras”. A tal punto que Teresa, la protagonista central de la novela, llega a creer que el amor que siente hacia su perra,  Karenin, es mucho más intenso, y mejor, que el que siente por su marido…

Pero, dentro de este panorama tan positivo e idílico sobre perros y humanos, nunca han faltado los extremistas, radicales y críticos, que dejan opiniones malsanas e hirientes; es el caso de quienes afirman que “la amistad entre el hombre y el perro no sería duradera, si la carne de perro fuera comestible”. Creemos que, en general, vivir junto a los humanos fue siempre ventajoso para los cánidos. Los perros que vivían en las comunidades humanas, aun en la antigüedad, conseguían el alimento con menos esfuerzos que cualquier animal; podían tener mejores condiciones disfrutando del afecto y cuidado humano. ¡Así creció con el tiempo esta amistad!…




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