Personas con insuficiencia renal crónica en riesgo por fallas en unidades de diálisis
Personas sometidas a terapia sustitutiva renal se concentraron la mañana de este jueves en las afueras de la Unidad de Diálisis Valencia Sur (Foto cortesía Juan Carlos Hernández)

Carolina Marín tiene insuficiencia renal crónica y un miedo recurrente: que su vida se apague por la falta de medicinas e insumos para cumplir con la terapia sustitutiva de hemodiálisis.

Ella recuerda que hace nueve años cuando comenzó a dializarse en la Unidad de Diálisis Valencia Sur la situación era otra. Contaban con insumos, equipos médicos y los servicios esenciales de agua y electricidad no fallaban constantemente, pero poco a poco esto fue mermando.

Desde hace más de un mes, las 100 personas en salud especial renal que reciben atención en esta unidad padecen por la falta de aire acondicionado, fallas en el suministro de agua por tubería y energía eléctrica. A esto se suma la falta de insumos médicos y suplementos que envía con irregularidad el Ministerio de Salud y el Instituto Venezolano para los Seguros Sociales (IVSS).

Marín supone que los pacientes se dializan para mejorar su calidad de vida. “En este momento eso es lo que no tengo. Mi salud está deteriorándose, tengo la hemoglobina en 7 porque los medicamentos no llegan completos. Si llega el hierro, no llega la B12 ni los suplementos alimenticios”.

(Foto cortesía Juan Carlos Hernández)

Las personas con insuficiencia renal crónica deben dializarse tres veces por semana, en una sesión que dure cuatro horas, pero por la falta de insumos o fallas en los servicios públicos, los pacientes de esta unidad solo reciben tres horas de terapia alternativa.

Cada vez que Carolina sale de diálisis, llega a su vivienda descompensada, con náuseas, mareada y con dolores en los huesos. El miedo inicial ya no es de ella. Sus dos hijos, de 10 y 15 años, la acompañan silenciosamente en ese sentimiento. “Tienen el miedo de que su mamá se les vaya, cuando me ven llegar de diálisis sienten ese miedo”.

La situación de Carolina es la misma de casi 800 personas en salud especial renal en Carabobo.

Mario de Sousa, diagnosticado con insuficiencia renal crónica, criticó que en las seis unidades de diálisis de la Gran Valencia no todas las máquinas estén operativas. De 22 equipos en la Unidad de Diálisis Valencia Sur, cinco están dañados. “Eso se traduce en que 30 pacientes dejan de dializarse por semana”.

Poca protección ante la COVID-19

Otra de las problemáticas que atraviesan las personas en terapia sustitutiva renal es la falta de implementos de protección para prevenir contagios por COVID-19.

De Sousa señaló que al momento de dializarse les entregan un tapabocas desechable, que muchos optan por reutilizarlo porque no tienen recursos para comprar otros. Tampoco les dispensan gel antibacterial en las manos.

Los pacientes aplican sus propias medidas de higiene. “El mismo cloro que usamos para desinfectar las máquinas lo estamos poniendo en un coleto con agua para desinfectar los zapatos”.

(Foto cortesía Juan Carlos Hernández)

De acuerdo a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el lavado frecuente de manos con agua y jabón es clave para evitar contagios por COVID-19, pero en este centro de diálisis esta tarea es difícil de completar. “Los baños están en condición caótica. Hay un solo baño para todos los pacientes y enfermeras, donde no hay ni siquiera para lavarse”.

Las personas en salud especial renal deben lavar la fístola antes de entrar a diálisis, pero por la falta de agua no lo hacen, aumentando así el riesgo de infección.

Ruta del Riñón

De Sousa indicó que de 15 unidades de la Ruta del Riñón, solo dos están operativas y una ya está comenzando a fallar. “El personal no cuenta con todos los implementos de bioseguridad para trasladar a los pacientes”.

Según explicó, el primer turno para dializarse en cualquier centro inicia a las 6:00 de la mañana, pero la primera ruta pasa a las 8:00 de la mañana, lo que significa que si la persona tiene cita en el primer turno, pierde su cupo.

(Foto cortesía Juan Carlos Hernández)

Ese es el caso de Carolina. Para no perder su cupo debe montarse en una unidad de transporte público donde el distanciamiento físico entre personas es nulo. De lo contrario, depende de su hermano para que la traslade en silla de ruedas desde la Plaza de Toros hasta el centro diálisis ubicado en la avenida Bolívar sur Las Ferias. “Me da miedo contagiarme cuando me monto en la camioneta, por eso prefiero venir en la silla de ruedas”.

Paralizado Programa Nacional de Trasplantes

En Venezuela el Programa Nacional de Trasplante de órganos está paralizado, al igual que la Procura de Órganos Cadavéricos, apuntó el coordinador de Amigos Trasplantados de Venezuela y aliado de Codevida, Alfredo Cásseres.

Quienes ingresen a una unidad de hemodiálisis ven cercenados sus derechos porque no tienen posibilidad de trasplantarse. Cásseres explicó que estas personas lamentablemente fallecen en espera. “Si no tienen un donante vivo o la posibilidad económica para poderse trasplantar en un centro privado, es probable de que mueran”.

Pero quienes lograron trasplantarse también enfrentan dificultades. Viven con la zozobra de conseguir los medicamentos que tienen que tomar de por vida para no perder el trasplante.

Cásseres hizo un llamado al Ejecutivo a garantizar el derecho constitucional a la salud y evitar que la vida de Carolina y el restos de las personas en salud especial renal se apague.

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