COMPARTE

El “Plan Hambre” (“PL”) o “Plan del Hambre” (en alemán Hungerplan) fue un diseño económico genocida de la Alemania nazi ideado en 1941 para ser aplicado en la Unión Soviética tras su invasión y ocupación. Preveía que la Wehrmacht se alimentara sobre el terreno y que la producción soviética se destinara a abastecer a Alemania, a costa de la población civil y de los prisioneros de guerra soviéticos a los que se dejaría morir de hambre. Se calculaba que morirían treinta millones de personas, haciendo posible así la aplicación del “Plan General del Este” que preveía constituir un gran imperio alemán que llegaría hasta los montes Urales.

La elaboración del que sería conocido como  PL corrió a cargo del dirigente nazi Herbert Backe  (Secretario de Estado del Ministerio de Agricultura y hombre de confianza del ministro Walther Darré, principal ideólogo nazi del campesinado y amigo de Reinhard Heydrich de las SS-1. Su objetivo era apoderarse de los productos alimenticios de la Unión Soviética para abastecer a la población civil y al ejército de Alemania, y para matar de hambre a unos treinta millones de ciudadanos soviéticos. Para alcanzar esta cifra, las ciudades soviéticas, una vez conquistadas, serían acordonadas para que la población no recibiera algún alimento.

El trato inhumano que recibieron los tres millones de soldados soviéticos capturados -en octubre de 1941- respondió al PL. No se prepararon campos de prisioneros de algún tipo -a los prisioneros se les dejó a la intemperie rodeados por alambre de espino- y apenas se les dio de comer o beber -los guardias se divertían viendo cómo los prisioneros se peleaban entre ellos cuando les lanzaban algunas hogazas de pan-. Los médicos del Ejército Rojo fueron los encargados de atender a los heridos y a los enfermos, pero no se les proporcionó medicinas ni medios otros para llevar a cabo su trabajo. Se calcula que sólo en 1941 murieron más de dos millones de soldados prisioneros a los que la Wehrmacht dejó morir y de los que sólo se preocupó de que no escaparan.

A través de la historia de la humanidad, los dictadores más férreos han utilizado este plan de hambre para mantener esclavizado al pueblo soberano y hacer con ellos lo que quieran.

Historiadores han estudiado esta realidad histórica mundial. Algunos estadounidenses, del Glenview State Bank de Chicago (entre ellos, la autora Ellen Brown) suponen que el régimen económico nazi fue un éxito -muchos jerarcas del actual régimen venezolano creen lo mismo-, pero un examen más cuidadoso muestra una historia de racionamiento, escasez y hambre -factores estos presentes hoy en la Venezuela socialista-. ¿Coincidencia fortuita o planificada?

Los dictadores de la isla del “mar de la felicidad”, así como los planificadores del socialismo del SXXI, deben estudiar y aprender por qué fracasó no solamente el PL de la dictadura nazi, sino que también todos los componentes de esa nefasta y equivocada filosofía política, económica y social.  ¡La historia siempre se repite!

El mito dice que después de que Hitler heredara un país devastado por la Gran Depresión en 1933, sus políticas agresivas dieron la vuelta a la nación y crearon una potencia económica. Pero la verdad, como argumenta el profesor Evans de la Universidad de Cambridge en su trascendental historia The Third Reich Trilogy, es algo muy diferente.

Evans, un marxista que simpatiza con Keynes y la intervención del estado cuenta, sin embargo, una historia de racionamiento, escaseces y miseria en el Tercer Reich. El Reichsnahrstand, la empresa controlada por el estado responsable de la producción agrícola no conseguía alimentar a su pueblo siempre, sino cada cierto tiempo ¿Coincidencia con lo vendido por los CLAP? La producción agrícola pocas veces sobrepasó los niveles de 1913, a pesar de los 20 años de avances tecnológicos ¿Coincidencia con lo que acontece con el aparato productor en Venezuela?. La demanda superaba a la oferta en 30% -en esta Venezuela socialista esta brecha está muy por encima de ese porcentaje anterior- en productos alimenticios básicos como porcinos, fruta y manteca. Esto significaba que por cada diez trabajadores alemanes que hacían cola para comprar carne de los almacenes de suministro del estado, tres se iban hambrientos a casa -algo parecido sucede aquí. Lo que pasa es que este régimen ¿socialista? venezolano manipula estadísticamente las situaciones y no reflejan la verdadera realidad de la escasez y la dificultad de conseguir alimentos básicos.

Aquí se hace necesario recordar que “socialismo” es una doctrina política y económica que propugna la propiedad y la administración de los medios de producción por parte de las clases trabajadoras con el fin de lograr una organización de la sociedad en la cual exista una igualdad política, social y económica de todas las personas. Entonces, se hace necesario interponer una pregunta: acaso, esa igualdad ¿debe ser de miseria o cómo la de los países socialistas de la península escandinava?, porque la de acá muestra que es de infortunio miserable.

En una Gerencia en Acción anterior fue señalado que Venezuela nuevamente encabeza el “Índice de Miseria Mundial”. Según el “Misery Index” del profesor Steve H. Hanke, de Jonhs Hopkins University, no sólo ocupa el primer lugar, sino que está ahí con 573,4 puntos. Eso implica 489,6 puntos por encima de Argentina, el país siguiente, que tiene 83,8 puntos.

Unos 9,6 millones de ciudadanos de Venezuela -casi un tercio de la población- ingieren dos o menos comidas diarias. La pobreza por ingresos aumentó casi nueve puntos entre 2015 y 2016 a 81,8% de los hogares, según la Encuesta sobre Condiciones de Vida. 51,51% están en pobreza extrema. Es decir, en estos tópicos (como en muchos otros) Venezuela está peor que cuando la Cuarta República.

Al 93,3% de las familias no le alcanza para comprar alimentos, mientras siete de cada diez personas perdió en promedio 8,7 kilos de peso en el último año, detalla el estudio de un grupo de universidades.  A los médicos se les escucha decir: “los niveles de grasas sanguíneas han caído en la mayoría, pero las grasas son necesarias para la producción de hormonas y demás substancias esenciales: esto no va bien”.

Recientemente, apareció en www.el-nacional.com la siguiente información:

Desde 2014 hasta 2016, los casos de pobreza de ingresos en Venezuela registraron un alza de 344 %, al pasar de 48 a 82%, respectivamente. Esta última cifra convierte al país en el más pobre de la región latinoamericana, incluso por encima de Haití.

Recientemente, la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) publicó un estudio en el que se ahonda sobre estos y otros datos que confirman que el país está en presencia de una dramática crisis humanitaria, incluso cuando alrededor de 52% de los hogares se encuentra en situación de pobreza extrema.

Tres de cada cuatro venezolanos (es decir, 72,74 % de las 6.500 familias encuestadas), perdió entre ocho y nueve kilos durante 2016. Imágenes de familias que hurgan en basureros para poder comer son cada vez más frecuentes en Venezuela: hasta soldados vestidos con su uniforme militar han sido cinematografiados haciendo lo mismo y tales vídeos se han dispersado “viralmente” a través de las redes sociales. La encuestadora More Consulting sostiene, luego de un estudio realizado en el tercer trimestre de 2016, que 15,7 % de los venezolanos ingiere desperdicios que son dejados en establecimientos de comida.

El mismo estudio también señala que 14% de la población (4,5 millones) come sólo una vez por día, mientras que 41 % (9 millones) lo hace dos veces diariamente. Asimismo, 88,94 % de los venezolanos aseguraron tener miedo a quedarse sin alimentos y 16,5 millones, (es decir, 53,94 % de la población nacional) se va a dormir con hambre.

Si existe algún parecido de la Alemania Nazi de 1941 con la Venezuela actual, no es pura coincidencia: ¡es una realidad indiscutible La diferencia entre aquella época y la actual es que en aquélla el PL iba dirigido a los campos de concentración y prisión; mientras que el PL de aquí está dirigido hacia el denominado “pueblo soberano”. Es bueno recordar que “soberano” es quien ejerce o posee la autoridad suprema e independiente; entonces, se hace necesario interponer una pregunta: acaso, ¿el pueblo venezolano ejerce la autoridad suprema? Si fuera así, ¿por qué hay ramas del poder público nacional que no reconocen a la Asamblea Nacional como el ente vocero de tal soberanía, la etiquetan “en estado de desacato”, y hasta se llega a quitar la inmunidad a sus integrantes? ¿Es el pueblo (¡que está pasando hambre y pierde la salud, lo cual se ve empeorado por la escasez de medicinas!) quien ejerce la autoridad suprema e independiente? En nuestra tierra se escucha decir: “A otro perro con ese hueso”.

Es oportuno citar lo mostrado por José Stalin (1878-1953, dictador soviético) a los oficiales superiores de su ejército (cuando le arrancó todas las plumas a una gallina viva, haciéndola sufrir dolorosamente, y luego le ofreció unas cuantas semillas en la palma de su mano diciendo: “Si controlas la comida del pueblo, tú controlas al pueblo, y éste va a estar agradecido de lo poco que le demos”): el propósito es controlar al pueblo, para que -al igual que en Cuba y demás países que han sido sometidos a regímenes similares al del “mar de la felicidad”- la cúpula gobernante se eternice en el poder (¡mediante el hambre, la necesidad y la miseria del ¿“soberano”?!).

 

 

 

 

 




Estimado lector: El Diario El Carabobeño es defensor de los valores democráticos y de la comunicación libre y plural, por lo que los invitamos a emitir sus comentarios con respeto. No está permitida la publicación de mensajes violentos, ofensivos, difamatorios o que infrinjan lo estipulado en el artículo 27 de la Ley de Responsabilidad en Radio, TV y Medios Electrónicos. Nos reservamos el derecho a eliminar los mensajes que incumplan esta normativa y serán suprimidos del portal los contenidos que violen la Constitución y las leyes.