Oncológico
(Foto Archivo El Carabobeño).

Los pasillos están cada vez más vacíos. En el Hospital Oncológico Dr. Miguel Pérez Carreño, ubicado en Naguanagua, ya no existe el vaivén de pacientes con sus familiares, ni las gestiones engorrosas para conseguir un cupo ni la presencia siempre oportuna de los especialistas. Hay servicios claves que están paralizados por falta de vacunas contra la COVID-19.

Hace tres semanas se tomó la decisión. El personal médico suspendió las consultas y las cirugías como una medida de protección para ellos y los enfermos ante la exposición a un creciente número de contagios de coronavirus dentro de la institución.

No es exageración de ellos. El déficit de la nómina de enfermería evidencia la crisis que se ha desatado. Milagros Flores es enfermera en el lugar y en su equipo de guardias, de seis personas cuatro tienen coronavirus en este momento. “Solo mi supervisora y yo estamos cubriendo las funciones de nuestro grupo”.

Ella no escapó de este drama. En diciembre estuvo contagiada y de reposo por más de un mes. Vivió en primera persona todo lo que implica la enfermedad, se recuperó y se encuentra activa en sus labores.

La presidenta de la Fundación de Lucha contra el Cáncer de Mama (Funcamama), Luisa Rodríguez Táriba, confirmó que la paralización de estos servicios se dio desde hace tres semanas. “Ellos están en su derecho legítimo de exigir vacunas, y esperamos que sean incluidos en el plan nacional del Ministerio de Salud a la brevedad”.

Esto complica mucho más la situación de los pacientes oncológicos porque ya existía una lista de espera de tres a cuatro meses para ser atendidos, y eso se agudizará. Además, Flores tiene 26 años como enfermera en el lugar y sabe que antes de toda esta crisis se atendían entre tres y ocho cirugías a día, dependiendo de la complejidad de cada caso. Ahora el número está en cero.

Pacientes oncológicos como autogestores

La única manera de recibir el tratamiento de quimioterapia en el oncológico es si el paciente se encarga de llevar todo lo que se necesita porque en la institución no hay nada en inventario.  “Deben suministrar sus insumos. El paciente es un autogestor y debe velar por llevar todo para que lo atiendan”, relató Flores.

Pero no es fácil. No se trata de ir a hacer las compras de lo que se requiere. Son medicamentos de alto costo que debería suministrarlo el Seguro Social, “pero desde 2016 tiene un alto déficit, y los pocos medicamentos que entregan no cumplen con el  esquema completo, por lo que se deben comprar en el sistema privado o hacer compras internacionales”, aseguró Rodríguez Táriba.

A esto se suma que desde hace casi cinco años no funciona la unidad de radioterapia tras la avería del equipo. La alternativa de los pacientes es anotarse en la lista de espera de hasta seis meses de la única del sistema público en funcionamiento en el país, ubicada en Caracas, o pagar altas sumas en clínicas.

Los pasillos están cada vez más vacíos en el oncológico. “Hay una merma de pacientes porque ha aumentado la mortalidad. La emergencia no es solo por la COVID-19, sino por otras enfermedades crónicas y eso se debe entender y atender”, dijo Flores.

También sucede que por las trabas para acceder a exámenes de imagenología, recibir la atención oportuna por déficit de personal, los problemas de movilización y otros factores derivados de la pandemia, las cifras de metástasis han aumentado.

La presidenta de Funcamama explicó que las estadísticas evidencian que de cada 10 mujeres con cáncer de mama, dos desarrollan metástasis, pero que es una condición que en otros países del mundo da expectativa de vida de 20 años. “Aquí en Venezuela es sinónimo de muerte y están desarrollando metástasis en etapas tempranas y muy dolorosas por falta de tratamientos paliativos”. Todo indica que los pasillos seguirán vacíos.




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