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Dayrí Blanco | @DayriBlanco07

Kevin Arteaga | @KevinArteaga

Fue un disparo certero. El blanco estaba bien definido: La prensa incómoda. Y con una sutileza bien planificada se cumplió el objetivo. El Gobierno, detrás de la mira no se ensució las manos, pero sí la conciencia. Solo tuvo que crear el Complejo Editorial Alfredo Maneiro (CEAM) para sentenciar la muerte de medios de comunicación impresos que transparentan lo que se esconde en discursos políticos y medios oficiales. Hace un año fue el turno de El Carabobeño, al convertirse en la baja número 11 de 14 periódicos que han dejado de circular por el gatillo infalible de la censura gubernamental.

Se extrañan muchas cosas: El olor a tinta, el sonido de la página al pasar, el ruido de la rotativa encendida durante la madrugada. Se extraña todo. En el Diario Del Centro mucho ha cambiado desde aquel 17 de marzo, cuando sufrió la estocada final contra la Libertad de Expresión. Ahora se debate un lugar en la era digital, en un proceso que no se dio de forma natural, sino por obligación, por la negativa desde el Ejecutivo de venderle la materia prima.

Venezuela es un caso inédito. En otros países del mundo la transición del papel a la pantalla de una computadora se da de manera progresiva. Marcelino Bisbal, profesor e investigador de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), explicó que en Europa, Estados Unidos y algunas naciones de la región se hace el cambio una vez que se comprueba que constituye una unidad de negocios rentable. “Aquí eso no ha sido posible porque muchos tuvieron que dar de golpe, ante la censura, el salto inmediato al medio digital”.

Para Francisco Velasco el último año ha sido un despecho. “Me siento como si me hubiese dejado mi pareja. Esto ha sido muy duro. Muy fuerte”, dijo con pausas bien empleadas para evitar demostrar su tristeza. A él se le ve muy poco en la redacción desde que se acabó el papel. Cuando camina por alguno de los pasillos solo saluda y sonríe tímidamente. Ya no se instala a debatir parámetros de diseño y diagramación con su equipo de trabajo. No tiene con quien hacerlo. Como gerente de producción de El Carabobeño coordinaba el montaje e impresión de cada una de las páginas, esas que ya no están.

En esa transición obligada Velasco tuvo que despedirse de quienes estaban bajo su cargo. Eran 12 personas que en dos turnos se encargaban de las labores de la rotativa. Ahora se contrata a un trabajador que le hace mantenimiento a la máquina tres veces a la semana. Solo eso. Los diseñadores también apagaron sus computadoras por tiempo indefinido desde ese 17 de marzo.

Se trata de lo que para Bisbal es una  manera de reprimir a los medios más críticos e incómodos al Gobierno. “Son los profesionales de la comunicación que ponen en evidencia hacia dónde nos quiere conducir este proceso político con características que los hace silenciar a aquellos medios que le son adversos”.

El CEAM ha sido utilizado por el Ejecutivo como el arma para acabar con la prensa libre. Los ocho medios abiertamente oficiales — Correo del Orinoco, y las siete versiones de Ciudad Caracas en las regiones — tienen papel y todo tipo de insumos para circular sin problema y de manera gratuita, mientras diarios como Últimas Noticias y El Universal, que desde que cambiaron de dueños su línea editorial se apegó al oficialismo, han tenido recortes severos de paginación pero siguen publicando, a diferencia de El Carabobeño, Diario La Opinión de Cojedes, Primera Hora de Caracas, Revista EME de El Nacional, Diario Antorcha de Anzoátegui, el Propio de Caracas, Diario Caribe de Nueva Esparta, Diario La Costa de Falcón, La Mañana de Falcón, Periódico de Occidente de Portuguesa, Diario de Sucre, el suplemento La Prensa de Monagas, Nueva Prensa de Guayana y Diario Católico de Táchira. Todas sus rotativas se mantienen apagadas.

TRABAS CONTINUADAS  

La radio y la televisión siguen siendo los medios de comunicación de mayor penetración en la sociedad venezolana. Los últimos estudios sobre consumo cultural en el país indican que los sectores A, B y C de la población utilizan los portales digitales y las redes sociales para informarse, pero los estratos D y E, que son la mayoría, se conectan a la red con otros fines. “Internet empieza a subir cerros, es cierto, pero no para que las comunidades se informen, sino para que vean  películas, actualicen sus perfiles en Facebook y los niños hagan tareas”.

La realidad es que es un porcentaje muy bajo en esa distinción social la que se informa a través de la plataforma digital. Esa es una traba. La Unesco, a finales del siglo pasado, declaró que estamos ante la sociedad de conocimiento o de la información, “eso es cierto pero en países como Estados Unidos y naciones europeas, pero no en Venezuela”, aseguró Bisbal.

Esto obedece a que la velocidad de banda ancha de Venezuela es lenta, está por debajo de Haití. La estatal Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela (Cantv) no ha hecho inversiones requeridas en nuevas tecnologías e infraestructura de transmisión. “Tecnológicamente hemos quedado rezagados y hay estudios que así lo demuestran, y lo vivimos todos los días al entrar en internet sin poder navegar con la velocidad necesaria como lo hacen Argentina, México y Brasil”.   

Otro obstáculo lo representa el negocio publicitario. Las cifras de la Asociación Nacional de Anunciantes y  la Federación Venezolana de Agencias de Publicidad indican que apenas entre 15% y 20% de la torta publicitaria va hacia el mundo digital. El resto se distribuye hacia televisión, radio y al impreso.

La censura digital también ha sido impuesta. La Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) estableció una serie de mecanismos que se suman a las limitaciones tecnológicas. “Hay filtros que han instaurado que hacen que ciertos portales entren y otros no. Eso ha sucedido recientemente”.

Bisbal recordó que entre marzo de 2015 y marzo de 2016 se bloquearon  mil 600 portales de información desde Conatel. Es un proceso que no ha mermado. “Se dice que es difícil imponer censura en internet, pero la verdad es que sí es posible. En China hay ciertas paginas bloqueadas como Google. Aquí eso va a pasar poco a poco sino se logra un cambio político”. La prensa incómoda que migró a lo digital ahora sortea otro tipo de censura.

CARRERA DE RESISTENCIA

Hay que resistir hasta donde se pueda. Ese es el consejo del catedrático Bisbal. El Carabobeño lo hizo. “Resistió en papel como diario, luego como semanario hasta que ya no pudieron más, pero no han tirado la toalla, y tenemos que seguir resistiendo”.

En su portal web siguen las informaciones de siempre. Los análisis e investigaciones no se han dejado de hacer. Tampoco se ha dejado de lado a las comunidades. Y, aunque de manera obligada, se ha apostado a lo digital y contenidos multimedia. El Carabobeño Radio es un ejemplo de ello, así como las interacciones y actualizaciones constante de las cuentas en redes sociales.

El futuro de los medios de comunicación tradicionales apunta cada vez más hacia un ecosistema enriquecido, donde las plataformas digitales serán lo que marque la pauta, aseguró el periodista y experto en tendencias 2.0, Luis Carlos Díaz. La inminente globalización y el surgimiento de nuevas tecnologías así lo exigen. Es por ello que varios periódicos emblema alrededor del mundo -El País en España y The New York Times en los Estados Unidos- hoy en día se definen como medios esencialmente digitales que, como un adicional, mantienen su versión impresa.

Díaz describe este proceso como una experiencia traumática para los medios venezolanos, porque fue la censura por parte del Gobierno hacia diarios críticos e independientes lo que determinó la transición de lo tradicional hacia lo digital. “Era claro y previsible que esto iba a ocurrir (la paralización de la versión impresa de El Carabobeño), nunca hubo algún tipo de intención del Ejecutivo para regularizar el problema de la escasez de papel. Quedó demostrado que censuró a este y a otros diarios en Venezuela”.

Cuando decidió centralizar la importación de papel y además controlar su distribución, sencillamente ahogó algunas voces adversas que no le gustaban. Eso significó que El Carabobeño se viera en la necesidad de pasar al espacio digital a fin de mantener la marca y el nombre. Pero creer que  internet es una solución o salida, es no entender lo que aquí pasa.

No se puede dejar a un lado el hecho de que los medios se enfrentan actualmente a un sistema como el oficialista. ”El problema no es que digas algo incómodo. El problema es, básicamente, que existas. El chavismo está pensado desde la aniquilación y la desaparición del otro. Internet también será perseguido por la hegemonía”.

Los ataques cibernéticos son cada vez más constantes, incluso contra sitios web como el de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV). Esto se debe a que es muy fácil y barato realizarlos, explicó Luis Carlos Díaz. “El Gobierno no necesita algo muy sofisticado para hacer ataques digitales, tiene los dólares para pagar talentos internacionales, servidores y personas que hagan esto a distancia, e incluso, tienen a su disposición algunos paramilitares en la red que fueron capaces de extorsionar, robar cuentas, entre otras cochinadas digitales”.

En Venezuela ya es un hecho que se espían las llamadas telefónicas. Los paquetes de datos en internet y las conexiones móviles también son monitoreados. Hay persecución directa y hostigamiento contra disidentes políticos en la redes sociales. Pero Díaz resaltó que contra los periodistas no solamente hay todo un aparato de espionaje, sino también de infiltración. Su recomendación es cuidar la seguridad de las comunicaciones en cualquiera de las plataformas.

Sobre el uso de las redes sociales dentro de la coyuntura comunicacional venezolana, explicó que  son un elemento que empodera a la ciudadanía debido a que le permite consumir y crear información libremente. “Son un reto que todos los medios de comunicación deben asumir, porque será lo digital lo que marque la pauta”.

Quienes detentan el poder persiguen la libertad y la creatividad de la gente. “Cuando haya un cambio nos daremos cuenta de cómo no solamente superamos este momento sino que retejimos nuestra sociedad a razón de las redes sociales”. Tendrá entonces el Gobierno que redireccionar la mira y su gatillo. El blanco será otro: la información que le resulte incómoda en la plataforma digital.




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