Hariri anunció el 04 de noviembre de 2017 que dimite de la oficina del Primer Ministro. (EFE)
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El primer ministro libanés, Saad Hariri, anunció este sábado por sorpresa su dimisión, acusando a la organización chiita Hezbolá y a su aliado Irán de tener “el control” de Líbano y afirmando temer por su vida.

“Anuncio mi dimisión del puesto de primer ministro”, declaró Hariri, quien se encuentra actualmente en Arabia Saudita, en un discurso retransmitido por la cadena de noticias Al Arabiya de la capital saudí.

La renuncia, totalmente inesperada, llega un año después de su nombramiento al frente del gobierno libanés, del que forma parte el poderoso movimiento armado chiita Hezbolá, y sus causas directas no están claras por el momento.

La oficina de prensa del presidente de la República, Michel Aun, anunció que el jefe de Estado iba a esperar el regreso de Hariri para que le informara “de las circunstancias de la dimisión, y así poder decidir los siguientes pasos a dar”.

Hariri, cercano a Arabia Saudita, hizo su anuncio leyendo un discurso sentado tras un escritorio y junto a una bandera libanesa.

“He sentido lo que se tramaba en las sombras para atacar mi vida”, dijo Hariri, afirmando que Líbano vive una situación similar a la que había antes del asesinato de su padre, el ex primer ministro Rafic Hariri, en 2005.

Cinco miembros de Hezbolá están acusados por este asesinato, que conmocionó a Líbano.

Hezbolá es un aliado clave del régimen de Bashar al Asad en la guerra en la vecina Siria. Cuenta con el apoyo de Teherán y es el único partido libanés que no entregó las armas al finalizar la Guerra Civil en el país (1975-1990).

La formación, una pesadilla para Israel, se niega a abandonar su arsenal, principal punto de discordia en el país.

 ‘Terribles presiones’

“Irán ejerce un control en el destino de los países de la región […] Hezbolá es el brazo (armado) de Irán no sólo en Líbano, sino también en otros países árabes”, denunció Hariri, de 47 años.

Hariri acusó a Teherán de haber “creado disenso entre los hijos de un mismo país, creado un Estado dentro del Estado […] hasta tener la última palabra en las cuestiones del Líbano”.

Y en estas “últimas décadas Hezbolá impuso una situación de hechos consumados con la fuerza de las armas”, añadió Hariri, quien ya fue primer ministro entre 2009 y 2011, antes de que el ejecutivo se agotara tras la dimisión de ministros de Hezbolá.

Teherán rechazó unas “acusaciones infundadas”, afirmando que esta dimisión “es un nuevo escenario para crear tensiones en Líbano y en la región”, según el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Bahram Ghasemi.

La decisión “muestra que [Saad Hariri] actúa en un terreno creado por aquellos que no quieren el bien de la región (…), y el único vencedor de este juego es el régimen sionista”, dijo, en alusión a Israel.

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu reaccionó a última hora de la tarde, afirmando que la dimisión de su homólogo libanés y las razones que invocó deberían servir de “alarma” para el mundo sobre las ambiciones de Irán.

La guerra en Siria ha provocado aún más fracturas en Líbano, dividido entre detractores y partidarios del régimen de Damasco. Hariri se opone fervientemente al régimen sirio.

El dirigente druso Walid Jumblatt reaccionó emitiendo sus reservas sobre esta dimisión, dando a entender que era consecuencia de las tensiones entre el reino saudita e Irán, los dos pesos pesados de la región.

“Líbano es demasiado pequeño y vulnerable para soportar la carga económica y política de esta dimisión”, tuiteó. “Yo seguiré llamando a un diálogo entre Arabia Saudita e Irán”, destacó.

Ambas potencias regionales se oponen frontalmente en temas como Siria, Yemen y Líbano, donde apoyan a bandos enemigos.

Para el analista Hilal Jashan, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Americana de Beirut (AUB), “Arabia Saudita ha ejercido terribles presiones” sobre su protegido, al “convocarlo” a Riad.

“Esto significa que no regresará a Líbano”, afirmó, advirtiendo contra “una guerra fría en Líbano que podría degenerar en guerra interna”, e incluso en una “escalada” de violencia contra Hezbolá.




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