(Foto AFP)
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Grupos de manifestantes rompieron este viernes la marcha pacífica que protestaba contra la investidura del presidente estadounidense, Donald Trump, con choques violentos con la policía, lo que ocasionó heridos y un centenar de detenciones.

El día comenzó con intentos de bloqueo por parte de varios grupos de manifestantes para que los simpatizantes de Trump no pudieran acceder a los puntos del recorrido del desfile inaugural reservados para el público en el centro de Washington.

En algunas puertas, personas al grito de “Trump no es mi presidente” y “No a Trump. No al KKK. No a un EE.UU. fascista” crearon cadenas humanas para obligar al cierre de los accesos, mientras que la Policía hacía lo posible para permitir el paso de aquellos que buscaban tomar sitio para saludar al flamante presidente.

En otros accesos los manifestantes se mezclaron de manera pacífica con los centenares de miles de personas que querían celebrar la toma de posesión de Trump, quien llega con el más bajo índice de popularidad de la historia reciente del país y que ha escandalizado con sus comentarios contra inmigrantes, musulmanes o mujeres.

“En ningún momento me he sentido acosado o insultado. Todo el mundo tiene derecho a la libertad de expresión que garantiza la Primera Enmienda de la Constitución”, explicaba Eric Philips, quien viajó desde Carolina del Norte para asistir a la investidura.

Los bloqueos motivaron momentos de tensión y empujones, en los que los manifestantes se encararon con simpatizantes de Trump y los otros respondieron con empellones para poder pasar, mientras que miembros de los “Moteros por Trump” observaban con cara de pocos amigos la escena, controlada en la mayoría de casos por la policía.

En la plaza del Memorial de la Armada, aledaña a la Avenida Pensilvania, por donde desfiló Trump, varios centenares de opositores al nuevo presidente colocaron un escenario y se concentraron para mostrar su descontento a pocos metros de la comitiva.

Las demandas iban desde los derechos al aborto, de los homosexuales o de los nativos estadounidenses o la defensa del medio ambiente, temas en los que el nuevo presidente se ha mostrado dispuesto a tomar sendas que podrían deshacer los progresos de los últimos años.

Karina García, activista migratoria y miembro del Partido Socialismo y Liberación, acudió a esa plaza para pedir a los asistentes que no abandonaran la lucha contra las deportaciones de millones de indocumentados prometidas por Trump.

“Ahora solo quedamos nosotros y tenemos que organizarnos”, advirtió.

Poco después de que Trump jurara su cargo en el Capitolio, una de las manifestaciones que transcurría de manera pacífica y festiva desde Union Station a la plaza McPherson se desintegró cuando un grupo de anarquistas y antifascistas comenzaron a romper escaparates y a enfrentarse con la Policía.

La Policía antidisturbios cargó y lanzó gases lacrimógenos y gas pimienta para dispersar a los manifestantes, que respondieron lanzando cascotes, montando barricadas, destrozando vehículos policiales o privados y prendiendo fuegos en plena calle.

Según las autoridades de Washington, al menos 95 personas fueron detenidas, mientras que un portavoz del Cuerpo de Bomberos informó de al menos dos policías y un manifestante heridos de consideración.

Los choques fueron contenidos en la plaza McPherson, punto autorizado para que los manifestantes se congregaran y a media distancia entre la Casa Blanca y el Centro de Convenciones, donde durante la noche el presidente y la primera dama, Melania Trump, acudirán a varios bailes de gala en su honor.

Algunos manifestantes aseguraron que su intención es impedir que tengan lugar los bailes, cuya celebración deben garantizar los 28.000 miembros de policía local, federal, del Servicio Secreto y la Guardia Nacional desplegados en el perímetro de los actos de investidura de Trump.

Los organizadores de las diversas acciones de protesta de hoy esperan que más de 100.000 personas hayan expresado su descontento hoy en la capital, un número que puede acabar compitiendo con la presencia de simpatizantes del nuevo presidente, menor a cuando en 2012 Barack Obama comenzó su segundo y último mandato.

Pese a la violencia, el fuego y, en algunos casos, la sangre, otros aprovechaban el caos en el que se ha sumido la ciudad para trasladar a McPherson los excedentes no vendidos de camisetas de Trump que durante los disturbios se anunciaban al grito de “leña para el fuego”.




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