“No es hora de historias pasadas. La historia se está haciendo aquí y ahora. Es la circunstancia la que nos exige seguir el ejemplo de los próceres que firmaron la Declaración de la Independencia. De los que fundaron las bases y sentaron los principios de un Estado Constitucional en el cual la ley respetase la virtud y el honor, como lo cantaba una cancioncilla que andaba por las calles de la Caracas de aquellos días. Es la hora de hacer verdad el himno que hoy cantamos. Es la hora de hacer como ellos. No de hablar de ellos. Porque si no, seguiremos cantando que el vil egoísmo, otra vez triunfó….” Jorge Olavarría (5 de julio de 1999)

“Aquellos que cedan un poco de su libertad esencial para obtener un poco de seguridad, no merecen ni libertad ni seguridad”. Benjamín Franklin

“Yo estoy aquí en la calle luchando por mi país, porque tengo hambre, porque ya no tengo miedo, porque he perdido todo pero no puedo perder mi país, porque no quiero irme a otro… Estoy en esto porque quiero esa libertad que me cuenta mi mamá ella vivía cuando tenía mi edad”. Edgardo

“Pararme ahí, cerrar mi puño, pelear por mi país, y hasta daría mi vida por el llegado el momento de elegir y el momento de actuar… Pero tampoco ‘morir como un pendejo’, el ‘timing’ es todo, y llegara, antes de esas elecciones, y muchos se levantaran, otros se quedaran callaos, porque cambiar la mente de todos es una cosa muy arrecha, pero a final de cuentas lo que importa es que chavista, opositor y ‘neutral aweboniao’ que lo que queremos es el bien de todos, no irnos a otro país, o cuadrarnos un trabajo que nos dé real de la manera que sea y el mínimo esfuerzo, o actuar por capricho como creen muchos porque no me cae bien ese que está de presidente”… Isaac

Esta es la sincera y descarnada opinión de dos muchachos, quienes al igual que cientos de miles de jóvenes, hacen coro al grito animoso y sentido, que aflora más del corazón que de las gargantas: “¿Quiénes somos? ¡Venezuela! ¿Qué queremos? ¡Libertad!”

Libertad precisamente que intenta afanosa y vilmente, cercenarnos ese perverso entramado del régimen, pomposamente llamado TSJ, acompañado por un sumiso CNE, y secundados por los esbirros de la brutalidad y la inclemente violencia, estamentos que al ejecutar sus acciones forajidas, hacen del mal el cumplimiento de su obligación, lo que permite que se prolongue la agonía de un atemorizado y famélico país, “porque era su deber” o “porque estaba recibiendo órdenes”.

El libro de Erich Fromm, “El miedo a la libertad”, al recordarnos la tragedia del pueblo alemán cuando se dejó dominar por el miedo a la libertad, nos ilustra a propósito de los mecanismos que operan para que los individuos cedan gustosamente su libertad, y sientan comodidad de su sumisión, dándole toda la razón a Gandhi cuando anotó: Estoy absolutamente convencido de que ningún hombre pierde su libertad sino por su propia debilidad. A lo largo de la historia, la libertad ha sido uno de los valores que el ser humano más se ha afanado en reivindicar, puesto que la libertad no es otra cosa que aquello que la sociedad tiene el derecho de hacer y el régimen no tiene el derecho de impedir; luego la lucha por la libertad, es la esencia de la libertad.

En estos momentos tan delicados de nuestro devenir como nación libre, el asunto va más allá. La libertad fundamental se conforma por ciertas prerrogativas de la naturaleza humana: La disposición de cada quien, la escogencia y determinación de sus actos y la responsabilidad de éstos. La libertad no es un don concedido, no constituye un privilegio que el hombre posea de una vez para siempre, ni una dádiva otorgada por conmiseración, que hay que proteger; es una facultad que amerita ser conquistada, tal como lo sostuviese el poeta Charles Baudelaire: “Solamente es igual a otro aquel que lo demuestra, y solamente es digno de libertad aquel que sabe conquistarla”

Poco importa que el individuo goce de libertad de pensamiento, si la expresión de su opinión lo conduce al ostracismo social; que cuente con la libertad de discutir las condiciones laborales, si su situación económica le obliga a bajar la cabeza y aceptar tácitamente, la ley o norma de quien le emplea; que cuente con un supuesto derecho a la vida, si ésta, cual “ranchera”, no vale nada; o con un incuestionable derecho al voto y vea su libertad de decisión cercenada por el temor a quedar despedido, o cuando se ve conminado a pasar casi un día entero en una desgraciada cola para ver si logra vacunarse, pues la vileza del sistema así lo impone, para terminar de subyugarnos.

¿Qué queremos? ¡Libertad!….. Así escuchábamos en aquellos tiempos de rebelión de calle y corazón que se llevó la vida de casi 300 jóvenes, esos chamos, casi niños, con improvisados escudos que intentaron emular al Leonidas de “300”, pero enfrentándose a una brutal fuerza de choque que en pocos minutos disparaban una avanzada de bombas lacrimógenas, para pasar de seguidas a los perdigones y metras cual munición, para cerrar la desgraciada faena, con los mortales balazos… Vaya para ellos nuestro eterno recuerdo y reconocimiento por n esa inconclusa lucha libertaria

Fueron ellos los portaestandartes de esa genuina expresión pues sabían que la libertad ni está a la venta ni se negocia.

Manuel Barreto Hernaiz

P.D:

El 5 de julio es una fecha profundamente cívica y venezolana. Profundamente relacionada a nuestra lucha actual por la independencia del país, por eso nos encontraremos en cada rincón en Congresos, alzando la voz por Venezuela.

Aprovechamos la oportunidad para reiterarles la convocatoria del FAVL Capítulo Carabobo, en la conmemoración del ducentésimo décimo aniversario de aquella gesta extraordinaria independentista, para suscribir el Acuerdo de Salvación Nacional, el lunes 5 de julio, a las 10:00 a.m., en la Cancha “La Bacante” del Trigal.




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