Rafael Martinez se define a sí mismo como un artista geométrico, pero no riguroso. (Cortesía)

Sus esculturas junto con las de Vladimir Zabaleta, nos dan la entrada al municipio Naguanagua. Y en Caracas, una de sus obras más pictóricas, está ubicada a poco más de un kilómetro de la Esfera de Jesús Soto, su maestro y amigo.

Se trata del escultor Rafael Martínez, quien se encuentra feliz de que sus obras se enaltecen con estos dos gran artistas, que fueron grandes íconos del cinetismo, del cual es también tiene esa tendencia artística.

La Flor Sideral, escultura de gran formato creada por él para Viarte en 2014, está ubicada en la ladera Norte del Distribuidor Los Ruíces en la autopista Francisco Fajardo, mientras que la Esfera, ícono del arte cinético venezolano y del paisaje caraqueño, se encuentra en la ladera Sur del Distribuidor Santa Cecilia.

“Flor Sideral es parte de un proceso escultórico a escala urbana que vengo desarrollando desde hace varios años, tengo obras en varias ciudades (del país)”, señala, refiriéndose a esculturas ubicadas en Caracas, Valencia y San Diego, en el estado Carabobo, y San Fernando de Apure.

Por los momentos, viene de exponer en Lima, Perú, y tiene previsto seguir luego a Brasil y EEUU.

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De las galerías al espacio urbano

Para el pintor y escultor venezolano, con más de 40 obras en espacios públicos, el arte forma parte del movimiento de la gente, la relación del arte y la arquitectura posibilita la participación, la interacción de la gente con las manifestaciones artísticas.

“Los artistas somos comunicadores. La obra de arte tiene que tener contacto con la gente y por eso trabajamos a escalas urbanas, nos salimos del salón, de la galería, del museo, porque muchas personas no van a esos lugares donde, tradicionalmente, se exponen las manifestaciones artísticas. Cuando las obras están en los espacios urbanos, las personas, desde los niños hasta los adultos, tienen la posibilidad de estar en contacto con ellas, disfrutarlas, interpretarlas, darles un significado, hacerlas suyas”, dice.

Sus 52 años de trayectoria artística fueron reconocidos, en 2016, con el Premio Armando Reverón, otorgado por la Asociación Venezolana de Artes Plásticas.

Rafael Martinez se define a sí mismo como un artista geométrico, pero no riguroso porque a través de sus creaciones busca romper la rigidez de las formas geométricas tradicionales.

“Sentí que me podía expresar de una manera mucho más agradable a través de la geometría, con volúmenes puros, primarios y eso me atrapó. Hablo de revelar lo oculto de la geometría (…). Un rombo, por ejemplo, es también un movimiento ondulante, como la vida”, llegó a comentar en una entrevista.

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Soto, su maestro y amigo

De su relación con Jesús Soto, uno de los máximos representantes del arte cinético del Siglo XX, Martínez recuerda los años en que trabajó como su asistente en el taller que el maestro tenía en Paris, tiempo durante el cual se forjó una amistad que coexistió con la relación maestro-discipulo.

“Soto decía a los artistas que trabajan con él en su taller: ‘no digan por allí que yo soy su maestro, sólo que trabajan conmigo. La gente sabe que yo no doy clases’, siempre lo decía”, recuerda el creador apureño.

Rafael Martínez trabajó también con otro artista venezolano, gran exponente del arte óptico (Op-art): Carlos Cruz Diez.

“Con el mago del color trabajé en París, fui su ayudante en la instalación de sus cabinas de color”, en la salida del metro Odéon, Bd. Saint Germain, afirma.

De Carlos Cruz Diez resalta su chispa, su sentido del humor y lo divertido que es. “Soto era muy serio, a Cruz Diez le gusta contar chistes”, rememora.

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 Biografia

Pintor y escultor. Estudió en la Escuela de Artes Plásticas Rafael Monasterios de Maracay y en la Escuela de Artes Plásticas Arturo Michelena de Valencia (1958-1964). En 1965 viaja a Europa y se residencia en París hasta 1972.

Realizó estudios de arte en la Universidad de Vincennes (Francia), con Frank Popper, y sociología del arte con Jean Cassou en la Escuela Práctica de Altos Estudios de París. Posteriormente se traslada a Italia, donde permanece hasta 1975.

En la década de los sesenta participó en el XXI Salón Arturo Michelena (1964), el X Salón d’Empaire y el II Salón Aragua (Casa de la Cultura, Maracay, 1962). A partir de 1966 su obra es exhibida en colectivas europeas, entre ellas en la Denise-Davy Gallery (París, 1966), “Grands et Jeunes d’Aujourd’hui” (Museo de Arte Moderno de la Ciudad de París, 1967), “Cinetisme, spectacle, environment” (Casa de la Cultura, Grenoble, Francia, 1968), la Feria Internacional del Arte de Berlín (1971) y el Festival de Due Mondi de Spoleto (Italia, 1972).

En 1971, su obra Cuatro dobles cubos virtuales sobre cuadrados negros recibió el Premio Arturo Michelena (compartido con Filiberto Cuevas) en el XXIX Salón Arturo Michelena. Dentro del movimiento constructivo, ha logrado un doble dinamismo en la expresión visual del objeto, a través de planos pulcramente formulados sobre los cuales coloca estructuras metálicas vibrátiles.

“Los virtuales de Martínez aumentan su volumen y su realidad decrece. Una varilla blanca vibra disolviendo su débil resplandor y lentamente recristalizándolo en su forma original” (Granger, 1973). De su obra, la GAN posee en su colección pinturas sobre tela y metal y piezas de hierro soldado y pintado, fechadas entre 1971 y 1976.




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