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El grupo de presos que se amotinó este martes en un centro penitenciario de la ciudad brasileña de Belén (norte de Brasil) liberó a los seis agentes carcelarios que mantenía como rehenes y puso fin a una rebelión que se saldó con la muerte de tres internos, informaron fuentes oficiales.

La rebelión de cerca de seis horas se registró en el Centro de Recuperación Penitenciario de Pará I (CRPP I), en las afueras de la ciudad amazónica de Belén, tras un intento de rescate de presos que fue frustrado por los guardias carcelarios, informó la Superintendencia de Administración Penitenciaria del estado de Pará.

Los presos que esperaban fugarse con la ayuda de cómplices armados que atacaron el presidio tomaron el control de la unidad luego de que la guardia frustrara la evasión con un tiroteo en el que murieron tres de los reclusos que intentaban huir.

Los amotinados tan sólo liberaron los seis guardias que tomaron como rehenes y entregaron las dos pistolas y el revólver que estaban en sus manos tras una negociación que fue intermediada por la titular del Juzgado de Ejecuciones Penales de Belén, Luiza Paduan, y luego de que la dirección carcelaria aceptara adoptar una mayor celeridad en el análisis de los procesos de los reclusos.

Según la gobernación de Pará, la retirada hacia una área boscosa de los pistoleros que participaron en el intento de rescate de presos luego del enfrentamiento armado con policías frustró cualquier posibilidad de fuga, lo que quedó demostrado tras el recuento de los reclusos.

Así como en la mayoría de las unidades del hacinado sistema penitenciario brasileño, la cárcel en que se registró la rebelión de este martes alberga un número de reclusos (1.196) muy superior a su capacidad (739).

El elevado hacinamiento y las malas condiciones han generado numerosas rebeliones de presos en Brasil en los últimos meses.

En enero pasado fueron contabilizados tres motines de presos tan sólo en el estado de Goiás, uno de los cuales terminó con nueve muertos en un enfrentamiento entre bandas rivales.

Brasil vivió en enero de 2017 uno de los capítulos más trágicos de su historia carcelaria con sangrientas matanzas en prisiones de los estados de Amazonas, Roraima y Rio Grande do Norte que dejaron más de 130 muertos.

La peor masacre tuvo lugar en el Complexo Penitenciário Anísio Jobim (Compaj), en la ciudad amazónica Manaus, donde 56 presos murieron en una lucha entre facciones rivales, las cuales mostraron la gran influencia que tienen en el interior de las unidades y evidenciaron la inseguridad, el hacinamiento y las malas condiciones del sistema penitenciario brasileño.




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