A continuación, repasaremos algunas sugerencias para alcanzar una administración gubernamental sana y exitosa.

No interfieras en la vida personal de los ciudadanos, respeta sus derechos civiles.

No busques cercenar los derechos de propiedad y no te aferres a la tendencia de las expropiaciones. No olvides los incentivos de la propiedad privada y tampoco olvides que lo que es de todos, al fin y al cabo, termina siendo de nadie. No quieras controlar los medios de comunicación. La libertad necesita de diversidad de medios y de información independiente que circule sin intervenciones gubernamentales.

No encarceles por pensar diferente. De las distintas opiniones se crece y por ellas se enriquece la cultura. Nada de presos políticos.  No busques un enemigo o algún chivo expiatorio para culparle de todos los males que aquejan a tu país. Deja de culpar a EE.UU. A, al imperialismo, o a la globalización. Acepta los errores que han cometido los gobiernos anteriores y el proteccionismo, y no fomentes las usuales medidas populistas de empobrecimiento.

Reduce los puestos públicos. El empleo público masivo (la burocracia) tiene un alto porcentaje de improductividad, ya que fomenta la pobreza y estanca a la sociedad. Al fin y al cabo, todos aquellos sueldos serán pagados por el contribuyente.

Recuerda que si la pobreza disminuyera con planes sociales, aquellos planes deberían ser cada vez menos y no aumentar descomunalmente tal como sucede en los países donde se aplican estas medidas clientelistas y de corto plazo. En cambio, sí podrás disminuir la pobreza con educación de calidad, con apertura de la economía, con inversión privada, lo que llevará a la creación de un buen número de empleos productivos y gente pensante.

No interfieras en la justicia, la misma debe ser independiente para que el estado de derecho pueda desarrollarse de modo correcto y sano. No pongas a los burócratas del estado a manejar empresas, porque -a la larga- tendrás empresas sin empresarios y llenas de parásitos dependientes del dinero del contribuyente. Recuerda que el estado no cuenta con una naturaleza empresaria.

Levanta la voz ante los atropellos a las libertades civiles, económicas y políticas en el mundo. No te quedes callado y no seas cómplice del populismo del siglo XXI.

No le quites a algunos para darles a otros. No olvides: la riqueza no tiene un tope. Se trata de aumentar el tamaño de la torta, no de repartirla cada vez más en trozos más pequeños.

Fomenta el comercio, ésta es la gran clave. Abre los mercados, ningún país crece bajo el proteccionismo o encerrando a su gente. Jamás te tientes ni caigas en tentación, porque una vez que caes… MUY probablemente… no tengas vuelta atrás. Libera la economía.

No utilices los planes sociales para conseguir votos. Esta medida populista hará que los ciudadanos se hagan dependientes del gobierno, y sólo crearás una sociedad parasitaria que te demandará cada vez más necesidades y las interpretará erróneamente como “derechos”.

Quítate el discurso anticapitalista y no olvides que, como supo expresar Ludwig von Mises, “todo el mundo, sin importar lo fanáticos que sean a la hora de luchar contra el capitalismo, implícitamente lo homenajea al demandar apasionadamente sus productos”.

Dale libertad a la educación. Pon a los colegios y a las universidades a competir. Fomenta la educación privada, la libertad de programas de estudio y la libre elección de los estudiantes y los padres sobre su educación.

No aumentes los impuestos, ya que éstos siempre recaerán fuerte sobre los más pobres, y -a la larga- crearás improductividad en la sociedad. Déjalos ahorrar y reduce la mayor cantidad de impuestos que puedas.

No aumentes el gasto público. Porque es justamente eso, “gasto” (no “inversión”), que tiene que pagar el público ciudadano mediante impuestos.

No despilfarres el dinero de los individuos para fomentar planes que los empobrecerán cada vez más ni utilices aquel dinero para enriquecerte junto a tu séquito.

Deja de lado la emisión monetaria, ya que la misma sólo generará más inflación. Fomenta la inversión privada, deja que aumente la riqueza en la sociedad. Los empresarios son los que generan empleo productivo, no les pongas más trabas a sus actividades comerciales.

Ponle pausa a las barreras burocráticas y a los interminables trámites. El tiempo de un individuo vale mucho.

No utilices al estado como fuente de trabajo para tus familiares y amigos. No pongas a tu cuerpo de economistas a fijar precios en el mercado. Los precios son señales, y cuando interfieres en tal proceso… distorsionas la vida diaria de la sociedad. Déjalo en manos de la oferta y la demanda. Con el control, luego llega la escasez, los anaqueles quedan vacíos y la gente vive para hacer colas.

No dividas a la sociedad y tampoco impongas tu manera de pensar. Sería lamentable que tus políticas dividan familias, terminen amistades o arruinen una cena de domingo.

Protege a tus ciudadanos del narcotráfico, no lo dejes ingresar, y jamás cedas ante el terrorismo. No descuides la seguridad de los ciudadanos. Si alguien roba, mata, o viola no debe quedar impune. Las leyes están para cumplirse. Que la cárcel no se convierta en un lugar transitorio de una o dos noches para la gente que comete este tipo de crímenes.

Olvídate de las cadenas nacionales, quítate esa necesidad de ser visto y adorado.

Recuerda que el “dinero estatal” no existe. El estado nada produce, sólo existe el dinero de los individuos, y creer que el gobierno puede producir riquezas es como creer que las bolas de demolición levantan edificios. El gobierno puede crear condiciones para que se produzca riqueza.

No juegues con el nacionalismo, es un camino peligroso.

No manipules las elecciones. Como llegaste te vas a tener que ir. El asiento presidencial no es para siempre, así que olvida tu tentación de perpetuarte en el poder bajo las típicas re-elecciones indefinidas del populismo latinoamericano. No cambies las reglas de juego. Esto es crucial tanto para las relaciones con distintos actores, inversores, ciudadanos y otras naciones.

Escucha a los tanques del pensamiento, interactúa con ellos, ten en cuenta las distintas opiniones, nútrete del ambiente intelectual y nunca impongas una línea de pensamiento en la opinión pública.

No estás para cumplir el rol de “padre y madre”. Trata a los ciudadanos como adultos y haz a un lado el paternalismo estatista.

La prohibición nunca es la solución mágica. Recuerda que el desarrollo (no el “crecimiento”) de un país sólo es posible si no se encuentra anclado a la constante limosna gubernamental, que es fiel destructora de incentivos. Todo ente funcionante puede crecer, pero no desarrollarse; es decir, puede no llegar a ser capaz de cumplir la función que le toca ejecutar.

Ten cuidado con los sindicatos.

Fomenta la meritocracia, no te pongas a repartir privilegios.

Olvídate del personalismo, cumple tu período, y preocúpate por dejar un buen legado. Haz que tus políticas sean continuadas por partidos distintos al tuyo, esto, con políticas públicas correctas, logrará llevar al país por el buen camino del largo plazo y así el país conocerá el progreso.

Y por último, recuerda que el gobierno debe obedecer las leyes y rendir cuentas constantemente. Llegaste para recibir órdenes de tu pueblo, no para decirle lo que tiene que hacer y convertirlo en tu rebaño personal. La sociedad debe estar formada por individuos, no por súbditos.

Si logras cumplir estos principios, entonces obtendrás una administración exitosa, y más aún, promoverás que los ciudadanos desarrollen sus vidas al máximo. No cometas el error del populismo del siglo XXI. La experiencia global lo ha demostrado y han sido los gobiernos de tinte interventor, de tamaño grande y de características estatistas, los primeros en conseguir el descontento del pueblo. No te equivoques como ellos, sé diferente y pon en práctica  la libertad.

Si lo dudas, fíjate en lo que acontece aquí Venezuela, desde hace dos décadas. (esta última expresión es de Gerencia en Acción)

 

(*) Escrito por Antonella Marty en www.panampost.com (con algunas modificaciones del equipo humano de Gerencia en Acción).

 

 

 




Estimado lector: El Diario El Carabobeño es defensor de los valores democráticos y de la comunicación libre y plural, por lo que los invitamos a emitir sus comentarios con respeto. No está permitida la publicación de mensajes violentos, ofensivos, difamatorios o que infrinjan lo estipulado en el artículo 27 de la Ley de Responsabilidad en Radio, TV y Medios Electrónicos. Nos reservamos el derecho a eliminar los mensajes que incumplan esta normativa y serán suprimidos del portal los contenidos que violen la Constitución y las leyes.