“Sé suficientemente humilde como para no tomarte demasiado en serio, tú a ti mismo. Humilde como para no dramatizar sin razón, como para saber bromear sobre tus límites, debilidades y manías, y las de los demás; y, no obstante, seguir amándote y amándolos”. Estas son palabras relajantes pronunciadas por el Papa Juan XXIII.

Fueron palabras seleccionadas y representativas de estados anímicos que pueden activar y hacer brotar a las personas; o, al contrario, limitarlas y aun, encerrarlas en la depresión. ¿Qué quiso decirnos en esas palabras que pueden oírse a diario en todos los idiomas y culturas humanas? Dijo el Papa que el buen humor nunca estará reñido con la seriedad ni la nobleza de nuestras acciones, ni con el volumen con el que nos expresemos, ni mucho menos con la intensidad que vivamos la vida; porque disponer de una buena cuota de humor, bien manifestada, usada a diario y con naturalidad, nos sirve, indudablemente, como un eficiente mecanismo para liberar las más fuertes tensiones, para dilucidar ansiedades y relajarnos.

Por estas razones, es oportuno entender que el humor debería estar siempre incluido en nuestro plan general y diario de nuestra vida; entendiéndole como una cualidad de la dimensión espiritual, como una forma beneficiosa de vivir, y como un rasgo que hagamos distintivo de nuestra identidad. Sin embargo, entendamos que hay también abiertos críticos de la risa, que hasta la ven mal y como conducta mayormente deplorable y vulgar. Los afectos a la seriedad y la rigidez anímica, los que presentan las rígidas posturas de “anti-risas”, tienen sus difíciles alegatos. Los de quienes abogan por que la entendamos de una manera diferente, y que hagamos todo lo contrario a reír o alegrarnos.

Muchos traen como muestras argumentos forzados, como decir que tanto los romanos como los chinos, y hasta hoy día, usaban las cosquillas o el “rascado” insistente como formas de tortura.  El caso es que ninguna forma de risa genuina, autentica, y anímicamente beneficiosa, puede equipararse con la cosquilla insoportable, casi dolorosa, utilizada como hiriente tortura (nunca en disfrute) para agotar a la gente. Tampoco ubicamos acá la gesticulación en forma de risa burlona, casi cínica, dirigida a ofender y degradar a alguna persona, sociedad o pueblo.

Saber reír y hacer reír ayuda en el desarrollo y conservación de la salud emocional, social, y aun laboral. La risa auténtica es una fórmula inteligente, económica y natural, para disfrutar instantes de relajantes goces, y enfrentarnos a las complejidades agotadoras de la vida. Podemos ser profundos en los sentimientos y emociones, y disponer -al mismo tiempo- de total calidez, franqueza y buen sentido del humor. Rechacemos, con gracia y argumentos, la idea tan corriente de asociar el humor con la pérdida de tiempo, con el irrespeto y la ligereza en la vida.

Al contrario, es un inconveniente mantenernos en actitud soberbia, ceremoniosa, rígida y solemne, incluso provocativa, en contra del humor, porque esto nos lleva a reprimirnos. Nos “arrugamos” física y mentalmente, al eliminar preciosos instantes de disfrute con humor. Aclaremos algo importante: El sentido del humor podemos desarrollarlo y educarlo. Pero puede perderse o desvirtuarse, al vivir una trauma intenso y sostenido. El humor nos lleva a confiar más en la vida, y a aprender más cómodamente de los errores. Para el humor solo se requiere una alegre disposición interior, una consciencia tranquila, aun sin ser humoristas de profesión. El humor es un y hábito popular y saludable: ¡generador de amistades! El humor es una verdadera virtud, una actitud saludable ante la vida: ¡Permite reconocer nuestras fragilidades y limitaciones!

Rodeémonos de gente con esperanzas y sentido del humor, para contagiarnos con las ganas de vivir, porque reírnos nos da seguridad, goce y libertad. El filósofo norteamericano William James, consideró que: “No reímos porque seamos felices, sino que somos felices porque reímos” … El humor, y su compañera la risa, liberan a los seres humanos de miedos y molestosas angustias. Consideremos que humor y optimismo son las dos caras de una misma moneda. ¡Busquemos siempre la buena cara! ¡Cuidemos el don de saber reír!

Hernani Zambrano Giménez

hernaniz@yahoo.com




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