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Yo creo que para tratar de dar una respuesta a esa pregunta es importante tomar conciencia de lo que está sucediendo y porque está sucediendo. Supongo  que nadie sea tan inocente como para calarse el cuentito de que no hay medicinas, no hay artículos de primera necesidad, no hay repuestos para carro, que hay una carestía como nunca la había habido en este país, porque hay una cantidad  de personas inescrupulosas y antipatrióticas que han acaparado bienes para revenderlos a mercado negro y por eso   hay escasez de todo y hay  inflación. Sin embargo, precios altos, inflación y carestía en este país no son fenómenos circunstanciales  como ocurre en cualquier economía normal, sino son el resultado de la destrucción del aparato productivo y del empresariado.

Venezuela, víctima de una ideología anacrónica y oscurantista, está viviendo una situación dramática sencillamente porque, gracias a la política económica impuesta por este gobierno que no goza de la confianza de los inversionistas, se ha paralizado el aparato productivo y tenemos que tomar conciencia de que esto no se va a resolver con una nueva Constitución…y esas cosas hay que decirlas. Hay momentos en la vida en los cuales callarse se convierte en una culpa y hablar en una obligación, en un deber cívico, en un desafío moral, en un imperativo al cual una persona responsable no puede ni debe sustraerse.

Y este momento histórico que vive el país es uno de ellos! Desde hace casi veinte años se está produciendo un deterioro lento que al comienzo pasó casi inadvertido gracias a una bonanza de los precios del petróleo que le ha permitido a esos señores que están mandando regalar toda la plata del mundo desperdiciando una oportunidad única para diversificar la economía del país.

Y así, gracias a esa coyuntura irrepetible, sobre todo en la fase inicial no ha  habido reacción, ni oposición ni rebeldía pero con el tiempo, en nombre del progreso y de la revolución, se han cometido  las peores violaciones a la libertad individual y a la dignidad en una lenta deriva a la cual nos estamos tristemente acostumbrando…mejor dicho “nos estábamos” (se impone el copretérito). Claro está que se ha producido un bombardeo permanente de informaciones que satura los cerebros tanto es así que, como diría San Agustín en su “Confesiones”,  a fuerza de verlo todo, hemos terminado por soportarlo todo, a fuerza de soportarlo todo hemos terminado por tolerarlo todo, a fuerza de tolerarlo todo hemos terminado por aceptarlo todo y, a fuerza de aceptarlo todo, corremos el riesgo  de aprobarlo todo en un renunciatario y pasivo comportamiento de resignación, antítesis de la ESPERANZA!   Hay que reaccionar entonces y luchar para que la esperanza le  gane a la resignación!

Quisiera concluir parafraseando una frase del sumo Andrés Eloy Blanco, pronunciada hace varias décadas más en sintonía con la Venezuela de hoy. “Estamos viviendo probablemente los años más dramáticos de nuestra historia pero pasaran y llegará el tiempo triunfante de la justicia erguida donde la voz alcance la libertad del sueño”.

 

 

 

 




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