“Finalmente, Huxley intentaba decirnos que lo que afligía a la gente en “Un mundo feliz” no era que estaban riendo en lugar de pensar, sino que no sabían de qué se reían y por qué habían dejado de pensar.”

Neil Postman.

Nueve años han trascurrido desde la llegada de Nicolás Maduro al poder, el postchavismo demostró ser connaturalmente aún más caustico y lesivo que su antecesor, sin caer en la tesis de un chavismo con Chávez positivo se puede llegar a la tesis lapidaria de la incompatibilidad de la administración de Maduro con la vida cotidiana, la acumulación de fallas desde 1998 hicieron eclosión en el periodo 2013 al 2021, durante estos años se desarrolló en el país un gravoso proceso de hiperinflación una antigualla en materia económica que solo evidencia la fatal arrogancia en el ejercicio del poder y la inviabilidad del socialismo para producir cálculos económicos, ambas observaciones provienen de la escuela austríaca de economía y desde luego en estos mustios nueve años toda lógica económica ha sido deformada, deconstruida e inobservada por quienes simulan ejercer gobernanzas creíbles en estos ámbitos.

En 2022, cuando los ejércitos de la narrativa oficial, esos que se pivotan sobre la miseria del lenguaje para corroer el alma, repiten incesantemente “Venezuela se arregló”, como sí la singularidad de nuestro drama fuese reversible y la economía pudiera ser reducida a este grotesco espectáculo de vodevil en el cual han trocado la realidad de los venezolanos quienes absortos en la supervivencia contemplan el espectáculo de sus ruinas en posición de pacientes y no de agentes para procurar algún cambio.

Somos un país es esencia miniaturizado, atomizado y desde luego reducido a una cuarta parte del tamaño ostentado en 2013, “Venezuela no se está arreglando”, por el contrario “Venezuela es una economía de miniatura una suerte de Liliputh del caribe”, una isla de enanos mentales que pierden el tiempo en un dilema abyecto y estéril, aquí no se discute si los huevos se abren por la base o por la punta, se discute si estamos mejor porque la gente acude a un concierto, o sale de compras o percibe ingresos en dólares, no hay profundidad en la comprensión de que la supuesta recuperación es una respuesta estadística a una caída del 75% del aparato productivo, un país sin crédito, sin servicios públicos, sin salud, sin educación, sin manufactura, un país que es un retazo de lo que fue, en abril del 2022 cayeron los niveles de una exigua producción petrolera, el Banco Central de Venezuela ya da señales de agotamiento extremo para mantener el tipo de cambio artificialmente bajo y la amenaza del colapso sobre la estructura de precios con rebrotes de inflación es una realidad incuestionable.

Un simple guarismo puede explicar los escenarios de una esfera que se divierte hasta morir en medio de la herrumbre del nihilismo, sí quedamos 25 millones de venezolanos en el país el uno por ciento 250 mil almas, llenan escenarios improvisados, para participar en esta distopia lúdica, de negar lo incontrovertiblemente cierto, el 25% de las empresas privadas en pie luchan contra las estructuras ineficientes de costos devenida colapso del Estado.

 

Tener luego de nueve años el tamaño de una cuarta parte de la economía es una realidad que fustiga la conciencia y derrumba el razonamiento ilógico de “Venezuela se está arreglando”, un razonamiento contradictorio e incierto que embrida además la quiebra de la razón, un modus ponendo ponems “ afirmar afirmando”, que naufraga en la falsedad y liquidez de su razonamiento, es decir una apreciación que no aguanta ninguna prueba de validez racional y que reina en un país en el cual la mentira es oficial y crece como una hiedra sobre los paradigmas libres de la razón.

Finalmente “Venezuela no se está arreglando”, por el contrario, el chavismo generó una metamorfosis regresiva, una suerte de contorno kafkiano en donde imperan los vicios sobre las virtudes, donde el lenguaje es cada vez más pobre y depauperado y con este la gnosis y el espíritu hacen potables tales antinomias. Si algo queda claro luego de este naufragio es el hecho de que “Venezuela es 75 veces más pobre que en 2013”, en tal sentido nada se arregló solo pasó el tsunami y dejó ver la destrucción y una que otra infraestructura en pie que retan a la razón, pero que jamás pueden dejar de reconocer el efecto de las causas que provocaron las actuales circunstancias.

Aún las cifras de liquidez dan cuenta de una presión importante sobre los precios, las intervenciones del banco Central al contraerse de cien a ochenta millones de dólares, le impelen al dólar una conducta alcista, que hace inviable el objetivo operativo de un tipo de cambio estable y por ende de una estabilidad creíble en la economía, estamos enfermos de incertidumbre y sin confianza no existe recuperación económica plausible, el tema de la recuperación no es el guarismo abultado por intereses crematísticos, el óbice es la credibilidad y sostenibilidad de este amago de crecimiento y el goteo que genere a todas las capas sociales embridando valor agregado, economía es conducta y ni propagandistas ni ciudadanos a pie creen la jaculatoria de que “Venezuela se está arreglando”, cuando le toca vivir apagones continuos, falta de agua, ausencia de gasoil y la amenaza de las horridas colas para colocar combustible, estos los síntomas externos de un colapso que cruje en los hospitales sin médicos ni medicinas, en sus salas del dolor interminable y en la condena de enfermarse en un país en donde no se tiene permiso de ser felices.

“La ignorancia es siempre corregible, pero, ¿qué pasaría con nosotros si llegáramos a aceptar que la ignorancia es conocimiento?”

Neil Postman.




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