Rusia y los pro-Navalni miran de reojo a Bielorrusia
/ Foto: Unsplash (Canadá)

Desde el inicio de las manifestaciones pro-Navalni, las autoridades rusas y los partidarios del opositor se miran en el espejo de Bielorrusia, donde una histórica movilización contra el poder resultó brutalmente reprimida.

“Y ahora ¿hacia dónde vamos?” se pregunta un joven manifestante pro-Navalni refugiado en un centro comercial, mientras observa cómo las tropas antidisturbios proceden a masivas detenciones.

“No lo sé, mira lo que dice el ‘shtab'”, le responde un compañero.

El “shtab”, es el “Estado Mayor” de Alexéi Navalni, materializado en las redes sociales por una cadena en Telegram de 160 mil abonados. El domingo 31 de diciembre, cuando el centro de Moscú estaba cerrado y los manifestantes terminaron perseguidos por la policía, desde ahí se daban las consignas y los lugares de reunión.

Todo esto está abiertamente inspirado de Bielorrusia, donde existe una cadena Telegram, llamada NEXTA Live, seguida por más de millón y medio de personas. Fundada por un bloguero refugiado en Polonia, desde la cadena se coordinó a partir de agosto de 2020 la revuelta contra el presidente bielorruso Alexander Lukashenko, que llegó a congregar a hasta 100 mil manifestantes.

“Tras la manifestación del 23 de enero, todo el mundo escribía ‘necesitamos un NEXTA ruso’. Hagamos entonces un NEXTA ruso”, explicó a fines de enero un cercano colaborador de Navalni, Leonid Volkov.

Ello demuestra la proximidad entre los dos países. La movilización contra Lukashenko en Bielorrusia, inédita desde la independencia en 1991, estuvo bajo el escrutinio y análisis de muy cerca tanto de opositores rusos como del Kremlin.

Para los primeros constituyó un modelo y una fuente de inspiración, sobre todo cuando Vladimir Putin expresó su apoyo a Lukashenko, proponiendo incluso una intervención militar en aras de la estabilidad, y para no permitir un precedente revolucionario en su más próximo vecino.

“Provocadores”

El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, instó no obstante a “no establecer paralelos” entre Rusia y Bielorrusia. Para él, solo hay una similitud: los “provocadores” entre los manifestantes de opositores tanto en Minsk como en Moscú.

Poco después de la elección presidencial en Bielorrusia, la represión de manifestantes anti-Lukashenko fue muy violenta, incluso con acusaciones de tortura.

La manifestación del pasado 31 de enero, y aún más la del martes por la noche en Moscú o en San Petersburgo contra la condena de Navalni a casi tres años de cárcel, fueron duramente reprimidas. Y las comparaciones con Bielorrusia resurgieron.

“Flashback bielorruso”, tituló el medio opositor MBKh, recordando que tanto en Moscú como en Minsk las autoridades cerraron las estaciones de metro, persiguieron a manifestantes hasta los mismos patios de inmuebles, y detuvieron a miles de personas en atestadas cárceles.

Para el politólogo Konstantin Kalashev, las “estructuras de fuerza” (ejército, policía, servicios especiales) llegaron a la conclusión, con el ejemplo bielorruso, de que con “la firmeza y coherencia necesarias, cualquier manifestación puede ser aplastada”.

Acoso judicial

La policía rusa ha evitado sin embargo recurrir a armas antidisturbios –granadas ensordecedores, chorros de agua, gases– que sí fueron utilizadas en Bielorrusia contra los opositores al régimen.

Otra fuente de inspiración es el acoso judicial. Como en Bielorrusia, donde todos los representantes de la revuelta están encarcelados o exiliados, prácticamente todos los cercanos colaboradores de Navalni son objeto de acciones judiciales.

Así, su portavoz, su hermano, sus responsables en Moscú y en la provincia –organizadores de las manifestaciones de los 23 y 31 de enero en un centenar de ciudades– son objeto de acoso judicial, y muchos están encarcelados o en arresto domiciliario.

Leonid Volkov, una de las figuras del movimiento, vive actualmente en Lituania. Igual que Svetlana Tijanóvskaya, la líder de la oposición bielorrusa, también refugiada desde agosto en este país.

En entrevista a la AFP, la opositora bielorrusa llamó el jueves a Vladimir Putin a “escuchar al pueblo” y “resolver este problema de forma civilizada, sin porras ni pistolas paralizantes”.

© Agence France-Presse




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