José Cipriano Castro Ruiz fue un militar y político venezolano que se convirtió en jefe de estado entre 1899 y 1908, primer presidente de facto tras el triunfo de una guerra civil y desde 1901 como presidente constitucional de Venezuela. Nació en Capacho Viejo, Táchira, el 11 de octubre de 1858 y falleció en Santurce, Puerto Rico, el 4 de diciembre de 1924.
Hijo de José del Carmen Castro, agricultor de mediana posición y de Pelagia Ruiz. Después de realizar sus primeros estudios en su pueblo natal y en la ciudad de San Cristóbal, prosigue su formación en el Colegio Seminario de Pamplona (Colombia) (1872-1873).
No obstante, dada su inclinación hacia la política, desatiende la educación formal para iniciarse en el conocimiento de los postulados del movimiento liberal colombiano. En tal sentido, no sólo examina los escritos de sus dirigentes más progresistas, entre ellos el poeta y panfletario José María Vargas Vila, sino que asiste como espectador a las concentraciones masivas del partido liberal de ese país. Finalmente, abandona la carrera eclesiástica para retornar a San Cristóbal, donde empieza a trabajar como dependiente de la casa Van Dissel, Thies y Cía, empleo que dejará para incursionar de manera definitiva en el mundo de la política.
Una vez en el poder Cipriano Castro tuvo que afrontar una fuerte oposición política por parte de sectores tanto nacionales como internacionales. En tal sentido, tenemos el estallido de la Revolución Libertadora (1901-1903), liderada por el banquero Manuel Antonio Matos y que contó con el apoyo financiero de compañías extranjeras; el bloqueo de las costas venezolanas por parte de las armadas de Inglaterra, Alemania e Italia (diciembre 1902-febrero 1903) que motivó la célebre proclama de Castro: “Venezuela, la planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la patria”; y “La Conjura” (1907), complot palaciego que se generó en torno a su ausencia del gobierno por motivos de salud.
A finales de 1912 pretende pasar una temporada en Estados Unidos, pero es apresado y vejado por las autoridades de inmigración y obligado a marcharse en términos perentorios (febrero 1913). Finalmente se establece en Santurce, Puerto Rico (1916), bajo una estrecha vigilancia por parte de espías enviados por Juan Vicente Gómez.
En 1917, a pesar de sus pésimas relaciones con el gobierno de Estados Unidos, funcionarios de este país, disgustados por la actitud neutral de Gómez ante los sucesos de la Primera Guerra Mundial, establecen contacto con él para que encabezara una posible reacción en contra del gobierno venezolano, lo que no obstante rechaza. Sus restos reposaron en el cementerio de San Juan de Puerto Rico hasta el 25 de mayo de 1975, cuando fueron repatriados e inhumados en un mausoleo de su pueblo natal.



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