El secreto de la consagración

El camino al éxito de César Hernández fue duro y extenso, lleno de trabajo, entrenamientos, juegos y anécdotas que Enzo Fernández, su primo y entrenador, vivió de primera mano. El lo enrumbó hacia su consagración.

Ambos son parte de una familia que respira béisbol. La tradición de los Fernández es llevar al terreno a cada niño a partir de los cinco años. Orlando “Macaco” Fernández comenzó  esa costumbre con su hijo, Enzo Fernández.

Orlando “Macaco” Fernández/ Foto: Archivo

“Macaco” tío político de César y primer entrenador de Félix Hernández, es una referencia en el sur de Valencia. Comenzó siendo formador de peloteros en la Isabelica. Junto a algunos amigos trabajó en un terreno en Flor Amarillo, que a la postre se convirtió en el estadio que lleva su nombre en la parroquia Rafael Urdaneta. 

Los primeros años de César Hernández fueron sencillos de manejar para Enzo. El nexo le daba la oportunidad de tener más carácter a la hora de corregir a un niño tranquilo, pero muy “fiebrúo”, que quería estar todo el tiempo metido en el campo, sin descanso alguno.

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LA CONSTRUCCIÓN DE UN GRANDELIGA

Como si fuera una marca registrada, César comenzó a practicar a los cinco años.Mi primera experiencia dirigiéndolo fue en un equipo preinfantil, ahí se veía que era diferente”, recordó con orgullo y satisfacción el primo de “Cesita”.

Cesar Hernández fue pieza inamovible de los Phillies de Filadelgia en la temporada 2017/Foto: AFP

El aprendizaje, la pasión y las dos cuadras que separaban su casa del estadio “Macaco Fernández” le permitieron a Enzo tener a un pelotero con disposición y ganas de llegar muy lejos.  “Siempre tuvo talento, eso lo llevó a donde está, cuando fue creciendo tenía herramientas que otros niños no y desde los 12 o 13 años se trabajó de forma especial con él”.

Cuando César tenía nueve años,  el campo de Venequip, en Valencia, fue testigo de una peculiaridad. “Conectó un jonrón ante el equipo de Bello Monte en un compromiso de la liga local. No pisó ninguna base, pero nadie se dio cuenta por la magnitud del batazo”, contó con una sonrisa en su rostro Enzo Fernández.

Su contextura delgada no fue obstáculo para sus aspiraciones deportivas. Enzo recordó la forma de “darle a la bola“ que tenía su primo menor. “A los 14 años ya daba unos jonrones enormes, lo que causaba sorpresa por el físico que tenía”.

Las herramientas que poseía César llevaron a su entrenador a dedicarse a él a tiempo completo. Implementó un plan de fortalecimiento acelerado para que a los 16 años y medio, edad en la que podía ser firmado, cumpliera con los requerimientos.

Sus agrietadas manos y su rostro reflejan los años de experiencia del agente en los terrenos del sur de Valencia. Félix Hernández y César reflejan el arduo trabajo y la dedicación del hijo menor de Orlando “Macaco” Fernández “El hecho de que tus jugadores lleguen a triple A, o den el salto final a las Grandes Ligas, es una sensación muy buena. Lo importante de este negocio es que los peloteros que puedas firmar, trasciendan. Eso refleja tu labor y te pone a la vista de las organizaciones”.

Lo que más le gustaba a César en su etapa de formación era batear. Podía pasar todo el día en esa actividad sin cansarse y eso lo llevó a desarrollar habilidades en ambos lados del plato. Enzo fue el lanzador de las interminables rondas de bateo que exigía el infield en cada mañana de entrenamiento.  “La facilidad de ´Cesita´ es que batea a las dos manos, es un pelotero que tiene proyección a ser campeón bate de la Liga Nacional, el año pasado dio más de 170 hits y duró un mes sin jugar, con 200 puede pelear el liderato y eso es lo que se quiere”.

Hernández encontró estabilidad en el mejor beisbol del mundo con los Filis de Filadelfia, en Venezuela juega con los Cardenales de Lara. Enzo consolidó con sus conocimientos una academia que lleva su nombre y tiene su sede en el campo que fundó su padre en La Isabelica. Ambos, desde sus espacios, son el reflejo de lo entregado que Orlando “Macaco” fue en vida para el béisbol.

Las constantes visitas de César al mismo terreno que lo vio crecer, en donde tantas veces ensució su uniforme y que tantas enseñanzas le dejaron, demuestran su humildad, un valor fundamental en la familia y en la liga.  “Es importante, él quisiera ir más, pero sabemos que hay una situación lamentable en el país y ellos tiene que estar pendiente de su seguridad, pero su visita es constante en cada receso”.

Para muchos el deporte es un hobbie, una actividad extra y de recreación. Para Enzo Fernández es su vida, que comparte con su pequeño hijo Gabriel, su esposa Gloria, su madre y sus hermanos. Con la voz quebrada y la piel erizada lo describe: “El béisbol para mi es lo máximo, trabajo y vivo de esto. Mi padre nos puso acá, el Macaco es lo mejor”, expresó entre lágrimas el artífice de grandes atletas venezolanos.

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