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Para lavarle el rostro a la corrupción cometida por su antigua directiva, la empresa Odebrecht cambió  de presidente.  No obstante, la corrupción no se cura quitando un personero de alto rango y colocando a  otro para gerenciar una institución, sino con el ejecútese  de una política insobornable que mantenga posesionada su misión y visión anticorrupción en el ranking internacional.  El nuevo presidente le toca elevar la autoestima de sus trabajadores y potenciales clientes, con el objeto de corregir el pago de sobornos por 800 millones de dólares para obtener contratos en nueve países de América Latina.  Durante 2006-2015 canceló millones de dólares a funcionarios e intermediarios del gobierno venezolano para obtener y retener los contratos de 30 obras de gran trascendencia para el país.  Sin presentar la licitación establecida en las leyes correspondientes, esa constructora brasilera se le otorgó permiso para la  construcción  del llamado puente Nigales, el Metro de Maracaibo, así como las líneas dos y cinco del metro de Caracas  y el metro Caracas Guatire, además del tercer puente sobre el río Orinoco.

En documentos publicados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos se dice que la empresa brasileña pago 98 millones de dólares a funcionarios del gobierno nacional para que les asignaran diferentes contratos. Un soborno millonario que debería investigarse para frenar la corrupción e imponer el castigo a los beneficiarios. Sin embargo, desde el Ejecutivo Nacional seguro saldrá un alto personero negando ese accionar delictivo para impedir la averiguación de este nuevo guiso que involucra a un sinnúmero de personas, cuyos nombres aún no se conocen.

Según investigaciones del diputado Julio Montoya, ya no son 98 millones de dólares lo pagado en ese soborno. Al parecer, la corrupción de la empresa brasileña Odebrecht en Venezuela pica y se extiende, porque esas coimas ascienden a los 100 millones de dólares.

La presión internacional también ha obligado al gobierno nacional a exigir esas averiguaciones, porque de lo contrario se iba a convertir en un cangrejo como aquellos de la llamada Cuarta República.  De acuerdo con lo revelado por el diputado Julio Montoya  es cierto lo que expresó Marcelo Odebrecht de si él hablaba, muchas cárceles se llenarían  de políticos latinoamericanos. El otrora dirigente del MAS y posterior de Un Nuevo Tiempo y ahora de Primero de Justicia, Julio Montoya, el 80 por ciento de las obras contratadas con la Odebrecht  están inconclusas, pues debieron entregarse  en 2012, no obstante solo tienen un 17 por ciento de su construcción. Y sus facturas presentan un gran sobreprecio. Cada kilómetro de la fabricación de metros y ferrocarriles  cuesta 300 veces más de lo que costó en otro país.

Corrupción que convirtió  en burla las promesas electorales de Hugo Chávez de entregar esas obras a los venezolanos en 2012. No obstante no ocurrió así, pues algunas quedaron para el 2019, debido a ese desastre que se estaba cocinando, pero aún no había salido del horno a lo público, como el metro Caracas Guatire, un proyecto que conectaría a la capital de la República con las ciudades dormitorios de Guarenas y Guatire para aliviar la tensión provocada en la colectividad con el servicio de transporte público tradicional. Su costo se valoró en 2 mil millones de dólares e incluía, igualmente, las líneas Dos y Cinco del Metro de Caracas. Su construcción debió culminar en 2012 y no fue así, razón por la cual se postergó para el 2015 ó 2016 y tampoco se entregó. Sin embargo, en 2013 se programó para el 2019, de acuerdo con los datos del Informe de Gestión del Ministerio del Poder Popular para el Transporte y  las Comunicaciones.

El puente Mercosur o tercer puente sobre el río Orinoco también corrió el mismo destino, aunque tiene nueve años en construcción, únicamente tiene el 65 por ciento de fabricación. Eso significa que aún no se ha materializado el proyecto de unir por tierra al estado Bolívar con el estado Guárico, pues en 2012 tampoco se entregó y no se sabe cuando se hará. El metro de Maracaibo es quizá una de esas obras que podría darle un duro golpe al timón del gobierno, por cuanto ni la línea Uno se ha culminado. Se quedó parado en la primera estación, Libertador. La segunda estación ni se proyecta, mientras que la línea Dos  ni se vislumbra a lo lejos, a pesar de haberse prometido para 2014. En fin, el metro de Maracaibo se convirtió en una quimera, y con lo que cuentan los usuarios para transportarse es con un centímetro, el cual no puede calificarse como un medio de transporte masivo.

Negocios turbios y dolosos, así como otras tantas corruptelas cometidas en la revolución bolivariana, que permitieron a varias Organizaciones No Gubernamentales reunidas en  Berlin concluir que Venezuela es la nación más corrupta de América Latina y una de las 10 con mayor corrupción en el mundo, junto con Irak. Somalia es el más corrupto en el mundo, con 10 puntos y Venezuela, el peor en esa índole en Latinoamérica y el Caribe. En tanto, Chile y Uruguay son los países más transparentes de la región, según el índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional. Percepción que al parecer será difícil  de cambiar en el régimen de Nicolas Maduro, porque tiene controlado el poder judicial y la FANB y otros poderes que le secunden  sus actos inconstitucionales, porque es ingenuo  creer que los mismos que se beneficien de algo lo vayan a cambiar,  advierte Alejandro Salas, director para las américas de Transparencia Internacional




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