El Alcalde de Valencia, Miguel Cocchiola, aseguró que el tema económico es el más relevante en la actualidad, debido a la crisis que atraviesa el país, por eso todo el mundo habla del problema que debería ser atendido con premura por el Gobierno Nacional.

Cocchiola expresó que ve con tristeza y con dolor, porque no celebra el fracaso de ningún gobierno que se refleja en el pueblo, cómo los ministros del área económica declaran sobre política, como si con eso se pudiese hacer mercado.

El alcalde sostuvo que detrás de una economía mal llevada, hay una bodeguita cerrada en el barrio, un pequeño comercio sin productos que vender, el mercado de la esquina despidiendo empleados porque cada día el dólar está más caro y están en el dilema de pagar sueldos o reponer mercancía. “Se da el caso de panaderías de comunidades vendiendo un solo pan a cada persona o farmacias sin medicamentos para la diabetes o la tensión porque simplemente no hay capacidad de reposición”.

Miguel Cocchiola insistió en que todas las personas que dependen de un salario sufren a diario la brutal y cruel realidad que el sueldo no les alcanza para nada. No tienen alternativas para compensar sus ingresos, pues habría que aumentarles el salario todos los días.

Las declaraciones fueron dadas este miércoles por el alcalde, durante la entrega de una dotación de cinco motocicletas, cauchos y computadoras al Cuerpo de Bomberos de Valencia. Las unidades estarán destinadas a emergencias pre hospitalarias  y gestión de riesgos.

 

Cochiola heredó de la administración de Edgardo Parra, que llegó a manejar más de 150 millones de dólares, una ciudad endeudada, con una nómina astronómica de activistas políticos, profundamente desordenada, sin cultura tributaria y sin disciplina fiscal.

El mandatario detalló que detener la destrucción de la ciudad no fue fácil, la anarquía en todos los aspectos de la vida urbana era una subcultura de ese tipo de administración partidista, que no debe volver jamás.

Según el mandatario, si vuelve una administración partidista corrompida, los pocos recursos que tiene la ciudad se irían en pagar activistas políticos para las marchas y otras tonterías, mientras el pueblo se sigue empobreciendo. “Esto jamás lo vamos a permitir y esa es nuestra batalla, la batalla del 10 de diciembre”.

Se trata, a su juicio, de escoger entre defender el futuro de la ciudad, de sus espacios, de las familias, de progresar, o por el contrario tener hogares cada vez más pobres y una ciudad donde reine el partidismo político por encima de los servicios públicos y bienestar social.

 




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