Fue el Jueves Santo cuando el padre Yoel Zerpa escuchó un gran estruendo mientras ofrecía la misa. Lo que siguió fueron unos alaridos y luego una cortina de humo; algo había pasado en la iglesia de Jesús Obrero, en Trapichito.
En ese momento, el sacerdote se quedó paralizado, no solo por el estruendo, sino por la cara de los creyentes. “Me hacía pensar lo peor; veías su asombro, su preocupación, y te confieso que eso me hizo temer mirar hacia atrás”.
La homilía sufrió un traspié que cambió el curso de la misa y de la iglesia. Sin embargo, al darse la vuelta encontró un escenario demoledor, pero no tan grave como imaginaba. Escombros cerca del altar indicaban que las tablillas que revestían una pared habían cedido.
Por fortuna para Zerpa, todo quedó ahí. Los monaguillos estaban ilesos, pero sí asustados.
Entonces, el sacerdote empezó a preguntarse si el templo tenía otras fallas que corregir o analizar. Por ende, llamó a un grupo de ingenieros civiles expertos para pedirles asesoría.

Las investigaciones
Una de esas expertas es Ana Uzcanga, ingeniera civil especializada en patologías estructurales. Lo primero que explica es que el suceso del Jueves Santo responde a un evento importante ocurrido en el pasado reciente.
Cuando revisa el calendario aparece el temblor del 24 de marzo, que ocurrió alrededor de las 8:53 de la noche, a 13 kilómetros al noroeste de Valencia, con una profundidad de 1,3 kilómetros y una magnitud de 3,7. Así lo reportó Funvisis en su página web.
Este evento desencadenó los daños que, de acuerdo con Uzcanga, afectaron distintas áreas de la iglesia.

Uzcanga precisa que la principal labor consiste en revisar las grietas. Inspeccionó los suelos de granito y las paredes. Con un fisurómetro, también conocido como medidor de grietas, se tomó el tiempo de hacer anotaciones y evaluar su gravedad; algunas resultaron preocupantes, como las de las paredes.
Algunos de los daños afectan la mampostería del altar. Sin embargo, explica que, a pesar del impacto visual de las grietas, no existen daños graves ni estructurales, en parte porque la iglesia cuenta con estructuras de hierro en áreas como el techo, lo que refuerza su solidez.
El caño y las venas de agua
Al recorrer el exterior de la iglesia, Uzcanga señala que es necesario revisar cualquier asentamiento o vena de agua que pase cerca o por debajo del templo, ya que podría haberlo afectado durante años.
Sin ir muy lejos, Uzcanga menciona que la cercanía al famoso Caño de la Yuca podría influir. Entre el caño y la iglesia de Jesús Obrero hay poco más de 50 metros.
Según la ingeniera, factores como estos pueden incidir en las bases de la iglesia, por lo que se debe continuar la investigación. Sin embargo, también se debe elaborar un informe con recomendaciones.
De manera visible, la experta no identifica indicios de mala construcción, materiales deficientes o técnicas erróneas, pero considera que el sur de Valencia fue históricamente una zona agrícola con características específicas que podrían influir. "Solo mira el nombre de la zona, viene de trapiche, eso nos habla de aquellos que trabajaban caña de azúcar".

Considera que el suelo podría no ser el más adecuado y que presenta altos niveles de humedad, lo que favorece el deterioro de la mampostería.
Tras la inspección visual, comienzan las intervenciones. Mientras tanto, señala que algunas grietas pueden repararse sin mayor trabajo, pero otras requerirían incluso demoler paredes para subsanar el daño.
Todo esto genera una profunda preocupación en la población que asiste religiosamente a la iglesia, pues temen que ocurra algún incidente; incluso el propio sacerdote Yoel Zerpa lo temió en algún momento, aunque ahora afirma estar tranquilo.
No obstante, el costo de la obra sigue generándole inquietud. Uzcanga, profundamente católica, decidió no cobrar sus honorarios. Pero... en un cálculo preliminar, Zerpa estima un gasto de unos $5000 solo para iniciar la obra. Por ahora, la parroquia no cuenta con esa cantidad, lo que obliga a buscar formas de recaudar el dinero.
Hasta los momentos, no ha considerado acudir a instituciones públicas como la Alcaldía de Valencia. No descarta esa opción; incluso afirma que enviará una misiva para solicitar ayuda, pero no confía en que funcione. "En el pasado hemos pedido ayuda y nuestras peticiones no han sido escuchadas".










