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Fin de año, momento propicio para hacer un balance de nuestra vida, para programar nuestro futuro con buenos propósitos y “para tirar al agua” ese fardo de cosas negativas, de mentiras y de promesas no mantenidas que han condicionado nuestra vida y han entorpecido nuestras relaciones interpersonales.

Y si por una parte podría resultar hasta fácil hacer buenos propósitos porque, al fin y al cabo se trata de promesas con nosotros mismos y si no se cumplen, siempre sobrarán razones para justificarnos, por la otra hay que hacer una introspección muy profunda y muy sincera, una confrontación terrible y, al mismo tiempo maravillosa con nuestro “YO” interior, sin mentiras y sin rodeos,  y eso es sumamente difícil!

Sin embargo yo me eximo de hacer buenos propósitos porque los resultados, por lo general, han sido siempre muy desalentadores. Estaríamos engañando a los demás y, sobre todo, autoconvenciéndonos de provocar un cambio que, en realidad no hay. Es por eso entonces que en esta carta abierta a ese misterioso interlocutor siempre presente en nuestra cotidianidad, voy a tratar, en un alarde de sinceridad, de “tirar al agua” todos esos vicios y esos resentimientos injustificados que han condicionado mi vida y amargado tristemente mi pasado.

Y lo primero que quisiera tirar al agua es esa vergonzosa falsedad de sentimientos que, con demásiada frecuencia está presente en mi vida. Me refiero a ese brote esporádico y ocasional de la piedad, a esa solidaridad oportunista, a esos falsos sentimientos religiosos por los cuales presumimos ser cristianos. A esa congoja patética y aparentemente conmovedora que interpretamos cual comedia semi trágica frente a las tantas miserias del mundo cuando, en realidad, lo que sentimos es una gana inmensa de salirnos de eso y regresar a lo nuestro.

Y lo más grave de esa falsedad de sentimientos que aborrezco y que quisiera arrojar de una vez a ese tremedal  – como diría Romulo  Gallegos en su Doña Bárbara –   que todo lo traga y para siempre, es que la experimentamos a veces también en la familia, con nuestros seres queridos. Otro vicio que quisiera tirar al agua es el de los falsos pensamientos que, por lo general se convierten en chismes.

Me provocaría seguir tirando al agua ese tremendo lastre de imposturas que me amargan la vida sin embargo, quiero concluir esta carta abierta con un buen propósito: tratar de ser más optimista para poder apreciar en la gente que me rodea, la parte más positiva, así sea escondida… así sea inmaginaria. A lo mejor me voy a llevar muchas desilusiones pero seguramente viviré mejor.  Y, a propósito de vivir mejor… ¿tu que tiras al agua?




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