“No todas las batallas se ganan avanzando. No todas las retiradas son derrotas. Avanzar es una estrategia. Retirarse es también una estrategia». Takashi Matsuoka

Este artículo no tiene la pretensión de ser un tratado sobre estrategia. Mucho menos competir con el florentino Nicolás Maquiavelo. Tampoco con Sun Tzu, autor de El arte de la guerra; eso es otra cosa, sería un atrevimiento, una colosal audacia. La finalidad de esta nota se circunscribe a señalar dos o tres puntos muy específicos que son de primera importancia en cualquier proceso electoral, ese es quid del asunto.

Bueno, ya adentrados en preparativos para unas posibles elecciones presidenciales en 2024 —así, posibles, en dubitativo, vacilante— considero que debemos empezar este tema sobre estrategia. Antes vale la pena aclarar las diferencias entre esta la y táctica. Definiciones tan parecidas o ligadas por esas cosas complejas del lenguaje que las acerca a la sinonimia, sin serlo. De la manera más simple posible, podemos aseverar que la estrategia no es más que la creación mental. La táctica es meramente una consecuencia, una derivación de la estrategia. Queda claro entonces que el orden cronológico sería: primero la estrategia y posteriormente la táctica, y punto.

Es bueno resaltar, que es tan importante la estrategia, que según expertos en este complejo tema, se puede ir con un buen candidato a elecciones; inclusive tener una excelente organización, suficientes recursos económicos, pero si la estrategia es errada, no habría la menor posibilidad de triunfar en ninguna elección. Para poder indicar, por ejemplo, cuál es el rumbo victorioso, hay que preguntarse previamente dónde está el indicador, dónde están los datos, dónde las cifras, dónde su puntal.

Sin duda alguna, la política no es otra cosa que vincularse con la gente, con el ciudadano. Asimismo, cómo hacer para segmentar el Estado. Cómo llevar a cabo el trabajo, la planificación, la organización, la dirección, la ejecución, la revisión; todos estos caminos hay que transitarlos. Al mismo tiempo, quizá lo más importante sea no confundir los deseos, nuestras aspiraciones, nuestros anhelos, con los hechos, con la realidad.

Entiendo que forma parte de la estrategia, más allá de afinidades, de afectos o discrepancias, que a partir de esta nueva etapa política hay unos elementos que obligatoriamente deben buscar el camino de la fusión, de la unidad. Pero la unidad referida en una dirección diferente. La unidad en esta ocasión no debe girar en torno a una estrategia única, estática, porque acabaría siendo un esfuerzo ocioso. Sustituiría el término unidad, por el de acuerdo, negociación, conveniencia, pacto. En fin, la sinergia necesaria para empujar con mucha fuerza. Donde todos ganen. Pragmatismo puro, sí de efectos prácticos…

Para terminar, el discurso de la oposición para extinguir la corrupción, la culpable de todos los males del país, hasta ahora ha sido extremadamente conservador. Un discurso tímido, lleno de miedo, poco categórico. Convencer a la sociedad civil de la importancia de su participación y la responsabilidad que tiene para encaminar y conseguir el cambio hacia un gobierno democrático y lo que ello significa para la transformación y evolución del país, su bienestar familiar.

Por otra parte, le guste o no a la sociedad civil, debe entender que los partidos políticos son insustituibles para que exista democracia. No hay otra fórmula. La otra opción es la autocracia, el despotismo; de en pocas palabras, seguir viviendo en el mismo caos, con las mismas carencias de hoy, pero agravándose con el tiempo. Se incrementará la emigración masiva de nuestros coterráneos, quienes serán víctimas del vejamen, de la xenofobia, de la disolución de los núcleos familiares…

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