A comienzos del siglo XX no había llegado aún el primer automóvil a Valencia. No existían por tanto, los talleres mecánicos, necesarios para repararlos. A mediados de los veinte los carros no pasaban de cincuenta. Apareció una nueva distinción social: los que podían comprarlos y los que no. Entre los pudientes se recuerda al Dr. Atilano Vizcarrondo.

El uso del carro se introdujo con lentitud hacia el interior del Estado: a Canoabo llegó en cajas uno, en 1936, el cual se convirtió en el primer carro ensamblado en Carabobo gracias a su dueño, el señor José Esteban Pérez.

En los años cuarenta los iniciales talleres mecánicos se ubicaron en el norte de la ciudad, cerca de las nuevas urbanizaciones. Así ocurrió con las bombas de gasolina, como la Shell instalada cerca dela Urbanización Miranda, la cual necesitaba una palanca a mano para llenar recipientes donde se marcaban los litros. Fue también el caso del señor José Arp, padre del pintor de los pájaros, quien montó un taller mecánico con su pequeña bomba de gasolina.

A partir de 1950 el mapa de los talleres se expandió junto al progresivo crecimiento de la clase media y el aumento de quienes podían comprarse un carro a crédito. Surgieron los carros “nuevos” de segunda mano que procedían de una reducida franja de usuarios, como el Otorrinólogo Ramos Rached, padre de Henry Ramos Allup, quien cada enero recibía su Cadillac en la agencia Auto-val de los Branger.

En Agua Blanca estaba el taller de Elpidio Alvarez, el decano de los mecánicos en Valencia. El término aplica por dos motivos, por su antigüedad y por su condición de excelente formador de sus ayudantes. De allí salieron el catire Lasalle que montó su taller en la Padre Alfonzo o el popular Manilla, una cuadra más hacia el sur, ambos con excelente reputación.
Había talleres dedicados a una marca o un proceso. El de los Machado en Agua Blanca especialistas en Mercedes Benz. El de Abelardo Bahri en Cadillac. Desde la instalación de su planta en Palma sola, se masificó la venta de los Wolkswageny en consecuencia de los talleres para repararlos. En Valencia existía, en la Briceño Méndez, el Taller de Daniel, en El Calvario arriba; en la padre Bergeretti el de William y años después el de Fredy Salazar. En el taller de Trocel se arreglaban Buggy.

En la calle Rangel con Briceño Mendez hubo un prestigioso taller de latonería y pintura, la cosmetología de los automóviles. El taller Buda arreglaba cajas sincrónicas y automáticas.

Posteriormente se hizo famoso el taller de los Herrera, concesionarios de la Ford y cuya sede en Santa Cecilia causó revuelo por ser el primer local de exhibición de autos que en el país eliminó la barrera de los vidrios y elevó los vehículos sobre el nivel del piso, según diseño de los arquitectos Albers y Albers.

En el centro estaba el taller Volpe. A las Cocuicitas acudía la clientela de Escorihuela. Por la Cedeño el Taller Alpis del barranquillero Francisco Alpis. Por la Navas Espínola el de los Teppa y diagonal a la Guerra Méndez el de Nicolás Paolini.

En el cruce de la Fernando Figueredo con Cantaura, frente a la Bodega Don Claudio estaba Juan Luis Polo, un mecánico de excelencia. Y entre Cantaura y Manrique, el taller del negro Orlando. En la Michelena el Taller Tazio. Y en la calle Silva el Taller Universal tenía su servicio de grúa.

Algunos talleres fueron escenario para otras actividades, como el de Raúl Cabrera en la que todo el personal era aficionado a la fiesta brava. Los historiadores no han podido determinar si en el Taller de Luis Hernández, llamado El poeta fue sitio de reunión de una peña literaria o sitio ocasional de lectura de poemas por quienes vivían por la Lisandro Alvarado.

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