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Dayrí Blanco | @DayriBlanco07

Marcela Ospino corrió. Lo hizo rápido como siempre. Reducía el paso para voltear y seguía acelerándolo. Una, dos, tres cuadras después pudo detenerse. Ya no tenía tras ella a los funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) que disparaban lacrimógenas y perdigones a todos los que estaban desde el mediodía en el Distribuidor El Trigal.

Cuando llegó para ser parte del trancazo se lo dijo a su mamá: “Esto está raro. La gente está como decidida a lo que sea en la calle”. Vio al contingente de la Policía de Carabobo debajo del elevado, en la Autopista del Este, y le insistió a su madre: “Mejor vete a la casa. Yo solo me quedo un rato y me voy”. Se mantuvo apartada. Sintió miedo y no era en vano. Esta vez la represión en Carabobo tomó otra forma, fue al extremo y combinada con una persecución que no se había vivido antes.

Ella logró entrar al edificio donde su mamá la esperaba nerviosa. Ahí se quedaron y vieron pasar frente a ellas parte de los resultados del ataque. Observaron heridos que eran llevados a las campañas improvisadas, instaladas en la zona por los grupos de rescate, fueron al menos siete los lesionados en esa zona. Y tuvieron que correr a su apartamento al ver cómo de manera violenta, uniformados de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) entraron a esa y otras residencias en El Trigal Sur y se llevaron en sus motos a varios jóvenes detenidos.

A la 1:00 p.m. comenzó todo. Apuntando directamente al grupo de personas que solo manifestaba con banderas, pancartas y pitos, policías estadales dispararon sus armas de orden público. Los dispersaron. Pero los jóvenes se defendieron con piedras y cohetones para hacer retroceder a los uniformados. De manera simultánea la PNB hacía en el Distribuidor Las Chimeneas, todo para lo que son expertos: Reprimir con violencia. Una vez culminada su labor en ese lugar llegaron a El Trigal a reforzar a los de la Policía de Carabobo, que habían perdido la primera batalla.

Llegaron y se impusieron. La arremetida no se limitó al elevado, fueron más allá. Entraron y se pasearon por las calles de la urbanización. En ese momento fue que Marcela decidió correr a su edificio. “Es que ellos y los de la GNB son los peores”, relató ya un poco más calmada.  Su señalamiento tiene sustento. En la avenida 138 de El Trigal, una de las principales, varios funcionarios se ensañaron contra una camioneta que estaba estacionada. Le partieron todos los vidrios y dispararon lacrimógenas a través de los portones de seguridad de las calles de la zona.

Una vez despejado el distribuidor, jóvenes que protestaban desde el mediodía seguían en resistencia. Intentaban recuperar el espacio perdido para que la sociedad civil pudiera seguir con el trancazo. Más de una hora de enfrentamiento entre ambos bandos pasó hasta que llegó más refuerzo, esta vez de la GNB, cuyos funcionarios no solo reprimieron, sino que entraron a diferentes residencias en las que manifestantes se resguardaban, sacaban a algunos y se los llevaban en sus motos a abordar un autobús amarillo, estacionado en la urbanización San José de Tarbes. Trasladaron al menos 15 personas.

Personal de inteligencia se mantuvo vigilando el distribuidor El Trigal y sus alrededores. Lo mismo hicieron uniformados de la GNB y Policía de Carabobo. Los de la PNB siguieron su camino de represión. Fueron a Mañongo, El Rincón y Tazajal, en esta última urbanización se registraron dos personas detenidas. Así, con mucha violencia lograron abrir el paso en la Autopista del Este.

Pero no se conformaron con eso. La GNB hizo lo mismo en el elevado Los Colorados, la avenida Andrés Eloy Blanco y la Paseo Cuatricentenaria, donde dos jóvenes más fueron aprehendidos. Después, en conjunto con la PNB y la Policía de Carabobo arremetieron contra manifestantes en la avenida Universidad de Naguanagua y un menor de edad y dos adultos fueron apresados, uno de ellos herido. En la avenida Valencia un par de muchachos fue arrestado por el cuerpo motorizado de la policía del estado, y en El Cafetal hubo otra detención. Todo como parte de un plan de represión y persecución que se vivió al extremo en Carabobo.

 




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