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La Casa Blanca recibió este lunes las propuestas del Pentágono para intensificar la lucha contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI) en Irak y Siria, para darle su propia impronta a una batalla que comenzó hace dos años y medio.

“La Casa Blanca comenzará a analizar las recomendaciones”, precisó a la AFP un alto funcionario, que pidió mantenerse en el anonimato.

El Pentágono no ha dado detalles sobre el contenido del documento presentado por el secretario de Defensa, Jim Mattis.

Se trata simplemente de entablar un marco para una próxima discusión, dijo el portavoz del Pentágono, Jeff Davis.

Ese marco para vencer rápidamente al EI es amplio y global, indicó. “No es simplemente militar y no concierne únicamente a Irak y Siria”. 

Durante la campaña electoral Donald Trump no se privó de mofarse de los generales estadounidenses y de la lentitud de los progresos militares contra el EI en Irak y Siria.

El 28 de enero, ocho días después de su asunción, el presidente Donald Trump publicó un decreto en el que daba 30 días al Pentágono para preparar un nuevo plan para acelerar la lucha contra el EI.

Dos años y medio después de iniciados los ataques aéreos estadounidenses en Siria e Irak, los yihadistas islámicos han perdido más de la mitad del territorio que ocupaban en Irak y más de un cuarto en Siria.

Pero todavía no han sido expulsados ni de Mosul, la ciudad iraquí en la que simbólicamente proclamaron su “califato”, ni de Raqa, su capital de facto en el este de Siria.

Entre las alternativas que tiene la nueva administración están: aumentar el número de asesores militares estadounidenses en Siria e Irak o autorizar el envío de soldados para que participen directamente en los combates contra los yihadistas.

El expresidente Barack Obama se opuso categóricamente a esta última posibilidad. Sin embargo, envió más de 5.000 militares para entrenar y asesorar a las tropas iraquíes. Alrededor de 500 asesores estadounidenses se encuentran en Siria.

Decisiones clave

El general Joe Votel, jefe de las tropas estadounidenses en Medio Oriente, no descartó la semana pasada durante una visita sobre el terreno la posibilidad de aumentar el número de efectivos militares en Siria.

“Puede que nos veamos obligados a soportar una carga mayor”, dijo.

Mientras la coalición internacional puede apoyarse en Irak en las fuerzas controladas por el gobierno de Bagdad, la situación es mucho más complicada en Siria. Además, no ha decidido todavía quién debe tomar Raqa.

La mayor parte de las conquistas territoriales logradas a costa del EI fueron realizadas por milicias kurdas, que se aliaron con facciones árabes para formar las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS).

La administración Trump podría decidir aportar un mayor apoyo a las FDS, sobre todo entregándoles armas más sofisticadas que las armas ligeras y los blindados que les han dado hasta ahora.

Las FDS demostraron su eficacia a los estadounidenses sobre todo al tomar en agosto de 2016 Minbej, una ciudad clave del norte de Siria.

Pero Turquía, aliada estratégica de Washington en la región, estima que esa alianza no es más que una pantalla de las milicias kurdas YPG, que Ankara considera una organización terrorista.

Turquía propuso a Estados Unidos tomar ella misma Raqa con sus aliados rebeldes sirios.

El gobierno estadounidense no debe resolver, pues, únicamente un problema militar, sino también uno político, que consiste en decidir quién controlará las zonas recuperadas a los yihadistas en Raqa y el este de Siria.

“Todos los que hemos participado” en los conflictos en Medio Oriente “estos últimos 15 años sabemos que lo que (hacen los militares) sobre el terreno debe inscribirse en un contexto de objetivos políticos, de lo contrario no tendrá éxito”, advirtió la semana pasada en Washington el general Joe Dunford, jefe del Estado Mayor conjunto estadounidense.

La administración Trump contaba con un mejoramiento de las relaciones con Moscú, actor clave del conflicto sirio, para facilitar la resolución de las esas cuestiones políticas sobre la Siria pos-EI.

Pero ese acercamiento no parece haber avanzado y Trump sigue sin fijar un encuentro con su homólogo Vladimir Putin.

Las decisiones que el presidente estadounidense se dispone a tomar respecto al EI serán también un test sobre sus relaciones con Mattis.

Mientras Trump no ha dudado en hacer declaraciones estruendosas –como que quería “bombardear hasta la muerte” a los yihadistas o “eliminar” a sus familias–, el general retirado Mattis se ha mostrado más precavido y preocupado por respetar las alianzas tradicionales de Estados Unidos.




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