Se llamaba Walt Whitman (USA 1819-1892), y fue el poeta estadounidense de las ciudades, de los barrios, de las ilimitadas extensiones, y de lo profundo del pensar de un país en desarrollo. Ese fue el poeta, y a quien se le llamó “padre del verso libre”. Hombre estirado, inquieto, acucioso, contestatario. Hombre del activismo, de posturas y aperturas auténticas: Siempre de frente a las posiciones complejas, a las personas y sociedades de tiempos difíciles. Walt Whitman fue periodista, enfermero, maestro, universalista; y en todo esto estuvo siempre presente su dedicación intensa a las grandes transformaciones .

A los 11 años, apenas, dejó la educación formal, la de las escuelitas populares, y las villas rurales, para irse “a trabajar, en lo que fuese, y con vigor”, como lo hacían tantos en aquellos tiempos, en el grande país de la américa del norte, que se iniciaba vigoroso, al igual que él. Así fue como defendió la democracia, la libertad, la sexualidad y la espiritualidad. Siempre profundo en la interpretación de la vida, sin trabas, en los asuntos del sentimiento y la cultura. Ese fue Walt Whitman, además, quien no dejaba de decir que era un ¡enamorado de todo lo natural que hubiese en la naturaleza!

Whitman ha sido considerado como gran gestor de la poesía moderna americana, además de haber sido, sin quererlo, orientador formativo, temático y poético, de reconocidos poetas de diferentes nacionalidades, latitudes y orientaciones filosóficas e intelectuales. En 1855 publicó “Hojas de Hierba”, quizás su obra cumbre dentro de la poesía universal. Su mística y lírica expresivas se desenvolvieron en Whitman, siempre, dentro del empuje de un vendaval de pasiones humanas, que levantaba huracanes de protestas.  

Dijo Whitman, por ejemplo, en lenguaje vigoroso y sonoro, que: “una brizna de hierba no es inferior a la jornada sideral de las estrellas”. Se ubicó vivaz y poderoso en el planeta que habitaba, cuando expresó que: “donde yo estoy, y estamos hoy, está el centro de todos los días, está el centro de todas las razas”. A la vez que en un salto anímico, podía pasar radiante a la exaltación de la igualdad humana, al decir: “Yo soy el poeta de la mujer, tanto como el poeta del hombre. Fue Whitman quien, con su poesía plena de abrazos a la mujer universal, desarrolló una belleza lingüística como esta, que nos dejó: “Yo digo, en la naturaleza, que es tan grande ser mujer como ser hombre, pero nada hay tan grande como ser la madre de los hombres.

El poeta inmenso, el de la tierra, bosques y cielos, sencillo y natural, Walt Whitman, murió un 26 de marzo de 1892, tan simple y liviano como el mundo de hierba y extensiones que le rodearon; como lo conocieron sus amigos, y como lo criticaron quienes no podían comprender su filosofía y lenguaje de avanzadas, quizás extremo para su tiempo, y cargado de una narrativa que nos anunciaba el desarrollo de nuevas sociedades y momentos, de grandes cambios por venir.

Hernani Zambrano Giménez

hernaniz@yahoo.com




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