En muchas maneras, la palabra humana es una clara expresión de nuestra relación cultural, social, y personal con el mundo. Es por ello por lo que nos preocupa el deterioro creciente del lenguaje, que observamos en algunos adolescentes, cuya pobreza lingüística, lejos de ser algo gracioso, simpático, contestatario, o potente rebeldía, sólo nos expresa un preocupante vacío interior de palabras, y de acciones e imágenes, en sus pensamientos. ¡La práctica de la lectura, cada vez más distante y simplificada, y con ello también las palabras, es, en ese sentido, una herramienta eficaz de promoción del lenguaje y, por ende, del pensamiento y la inteligencia!

En su etimología, el término palabra deriva del latín parabŏla. La palabra nos permite ubicarnos e informarnos sobre lo que ocurre en tiempo presente, en este momento, que a partir de esta información puede cambiar, tanto en el estado anímico (psicológico) como en las variantes de acciones que emprendamos. Estas razones tan importantes fortalecen el comentario o decir, que “hay palabras que mueven montañas” (¡y seguro que más que montañas!).

Pensemos que cuando una persona recurre a otra, o a otras, y cuando considera que es escuchado, se siente además valorado y sentido por otros; se siente útil, y afectivamente respetado. De ocurrir así, entonces, podemos dedicarnos con mayor dedicación a repotenciar el valor de cada palabra que se produzca, que nos escuchen. Nos referimos al enorme valor activador de la palabra humana.

Decir ‘palabra’ puede significar, también, que nos referimos al acto de promesa, compromiso u oferta, como cuando decimos ¡palabra, te lo juro!, que hace una persona a otra, mediante la forma de expresión hablada o escrita, a veces acompañada de respaldo o gesticulación del organismo, en particular la cara y los dedos de la mano.

Un ejemplo claro es como cuando se dice: “Te doy mi palabra de que todo cambiará pronto”. Y además se hace el giro completo del dedo pulgar (el gordo), hacia arriba o hacia abajo, que cambia los significados. Como en tiempos del imperio romano, cuando se “veían” las decisiones de morir o salvarse, en medio del furor de las luchas en el coliseo. Hoy la palabra aparece con plenitud de significados, y para volatilizar más esos significados, el dedo pulgar expresara el sentido de No, Si, Correcto, Acuerdo, desacuerdo, etc., según qué quedamos comunicar al comunicarnos.

Palabra’, como expresión idiomática de cierto uso popular, se refiere también al empeño que ponga una persona en mostrar la verdad o confiabilidad de lo que dice o afirma; como cuando afirmamos que: “Hoy en día, nadie cumple con la palabra que dice (empeñada)”.

Es esencial comprender en profundidad la fuerza de la palabra, en todos sus contextos, en sus múltiples dimensiones de la vida humana; como aliada del pensamiento y como arma civilizadora. Se trata de rescatarla de su degradación creciente, y de las intencionales distorsiones e, incluso, de los silenciamientos derivados de las devaluaciones culturales tan abundantes en estos tiempos…

¡Grandioso y confuso es el mundo de la palabra humana!

Hernani Zambrano Giménez

hernaniz@yahoo.com




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