Cuando Alejandro Magno, el mejor pupilo que tuvo Aristóteles, conquistó Frigia, se enfrentó al nudo gordiano sobre el que recaía la profecía de que aquél que fuera capaz de desatarlo conquistaría el Asia entera. Alejandro lo cortó con su espada de un solo tajo, diciendo que tanto monta cortar como desatar, frase que le pareció tan buena a Fernando el Católico que la usó como lema. Esa metáfora del Nudo Gordiano es utilizada con frecuencia para expresar que nos encontramos ante un problema de difícil solución.

El nudo que se nos presenta a los venezolanos va más allá de un planteamiento paradigmático o de un dilema propio de la mitología griega: si optamos por concurrir a las elecciones de gobernadores y alcaldes con las condiciones que todos conocemos, y con las trapisondas que el régimen y sus secuaces preparan de acuerdo a la ocasión, el dilema que se nos presenta una y otra vez: Si votamos, perdemos por trampa. Si no votamos, perdemos por ausencia.

Ahora bien, si en consideración a la evidencia de las artimañas, truculencias y tretas con las que suele el régimen ir a cuanta contienda se presente, amén de las reiteradas advertencias que Estados Unidos, el Grupo de Lima y la Unión Europea vienen presentando, decidimos no asistir a esa degollina electoral hasta tanto no se alcance lo imprescindible a que se logren ELECCIONES LIBRES, estaremos considerando seriamente y al pie de la letra aquella sentencia de Einstein o que a él se le la atribuye: Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.

Ese apretado nudo está entretejido por las condiciones o garantías que deberían darse para poder concurrir a unos comicios libres y verdaderamente democráticos, a saber: un Registro Electoral confiable. Ese Registro debe ser totalmente depurado, pero esa necesaria revisión y corrección se llevaría varios meses.

Una descarada migración de electores que afecta de manera considerable, por la distancia del centro de origen, poder cumplir con el acto electoral.

Para poder afirmar que se realizarán Elecciones Libres, resulta imprescindible que se suspenda la autoritaria intervención y designación de “autoridades interinas” que no representan a los partidos intervenidos. De la misma manera, debe suspenderse la arbitraria inhabilitación contra los principales dirigentes de los partidos, contra los cuales los tribunales, la Contraloría y el mismo CNE, ha procedido sin un ápice de justicia.

Otro aspecto fundamental resulta el Cronograma Electoral… y el tiempo corre. La correcta exigencia del factor demócrata nacional es la realización de la elección presidencial y parlamentaria en primer lugar y luego, las regionales.

Un aspecto clave en la conformación de este nudo lo constituye la Observación Internacional. Ejemplos de las triquiñuelas con parcializadas misiones de acompañamiento sobran.

La evidente parcialidad del Plan República es otro elemento que debe ser considerado como justa exigencia, al igual que el grosero ventajismo en las campañas mediante cadenas a través de la totalitaria hegemonía comunicacional del régimen.

Cuando se menciona el término “verificable” como exigencia indispensable, se refiere a las necesarias auditorías del proceso electoral. Consistiría en la ineludible comprobación de cada paso, tanto la data electoral, como los manipulados sofwares.

Un punto álgido ha resultado el de la votación en el exterior. Son casi seis millones de compatriotas que hacen parte de la obligada diáspora. Es un 17 % de la población a la que se le conculca el derecho político del voto.

Estas exigencias son unas cuantas. Tal vez el buen amigo Diego Borges, un hombre muy ducho en estos menesteres, nos señale que obviamos aspectos de primer orden, pues Vicente Díaz, experto en estos asuntos, nos habla de dieciocho; y no apuntamos el pertinente a la conformación del CNE equilibrado porque esa ha sido la primera deformación para cualquier proceso electoral.

Luego las consecuencias de querer imponer un árbitro electoral serán las mismas que en 2018 y 2021. Como muestra, un botón. Hace exactamente un año Pastor Heydra – fallecido por el COVID en febrero – escribió: “Por lo demás si se cumple ese hecho, el nuevo CNE puede restituir a los partidos y entregarle sus tarjetas de votación, la Contraloría solventar algunas de las medidas sancionatorias sobre un grupo de dirigentes, ¿pero quién les da garantías que el TSJ no actúe sobre las directivas de PJ, AD, VP o UNT, nombrando por la vía judicial autoridades, como lo hizo con Copei?…

Cosas veredes Sancho, decía El Quijote. El nudo gordiano no se ha desatado ¿Estaremos en presencia de un nuevo acto como el que escenificó Alejando Magno el 333 A de C, en su conquista de Frigia cuando optó por la postura tajante de cortarlo, alegando que, para conquistar el imperio universal, según decía la leyenda, era lo mismo que desatarlo?”

Así las cosas, este nudo electoral que atropelladamente anticipan muchos, no pueden desatarse tan solo con pensamiento lógico.

Recordamos entonces que el asunto del enredado nudo sólo era posible de resolver mediante un corte tajante y que los “dioses aprobaban” tal solución como una manera válida de resolver el asunto…

Nuestro país es hoy un enorme nudo gordiano de hilos entrelazados que conforman una complejísima, gruesa y asfixiante red que cubre la conciencia de muchísimos compatriotas, unos, recipiendarios de vergonzosas dádivas que llegan al voleo; y otros, portadores de amelladas espadas que perdieron su filo de tanto cortar virtudes.

Lo habitual de los nudos gordianos es que necesitan soluciones fuera de su propia disyuntiva, es decir, soluciones diferentes, propias de lo que algunos llaman “pensamiento lateral”.

Cortar el nudo gordiano es, por ejemplo, remontarse por encima de una discusión interminable y resolver la cuestión de una manera que se sale un poco de lo esperado, que cambia las reglas del juego, o en la que nadie había pensado pero que una vez aplicada se logra el objetivo; como por ejemplo que nuestros dirigentes actúen de manera perseverante en el logro de la Unidad, no como un grupo de operadores electorales, sino como un sólido equipo que sepa establecer las prioridades y enfoque debidamente la realidad de nuestro país y la caída de popularidad del régimen.

Uno de los más ilustres politólogos – Norberto Bobbio – dejó anotado: “Para deshacer nudos, hace falta inteligencia; para cortarlos, basta una espada”. Si queremos deshacer nudos, tenemos que empezar por cambiar nuestra actitud y dejar de lado la presunción de imposibilidad ante las duras realidades.

Ha llegado el momento de cambiar estrategias, y por qué no, de desatar nudos, mediante propuestas factibles y creíbles, trabajo orientado al convencimiento del ciudadano con ideas novedosas, sin demagogias basadas en promesas y en el diálogo vacío; pero sin olvidar que nosotros- como venezolanos – aun cuando queremos cortar con tanta maldad, apostamos al compromiso ciudadano, a la coherencia política así como también al afecto y esperanza.

Manuel Barreto Hernaiz




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