“Al deseo, acompañado de la idea de satisfacerse, se le denomina esperanza; despojado de tal idea, desesperación. Al deseo, acompañado de la idea de satisfacerse, se le denomina esperanza; despojado de tal idea, desesperación.” Thomas Hobbes

Pareciera que el régimen logró oxigenarse, pues ahora parte de la oposición se entusiasma con un CNE que sigue siendo ilegítimo; sin embargo, la mayoría de los venezolanos sentimos impotencia e indignación y este sentimiento afectivo es necesario para orientar la conducta en contra de lo que se presenta como inaceptable; como inaceptable es el hecho de la irresponsable postergación de la vacunación masiva.

Lo que exige con mayor firmeza, en este momento la ciudadanía, es que se afronten los problemas más apremiantes del país; pero sin olvidar que nosotros- como venezolanos – aun cuando queremos ser pragmáticos- le apostamos al afecto y a la esperanza, puesto que abandonar el espacio público por escepticismo, desaliento, y la apatía, resulta muy peligroso en tiempos tan delicados. La angustia y la incertidumbre no nos pueden conducir a tales desaciertos, pues no hay más espacio para el error.

Se habla de crisis económica, de crisis polìticaca, de crisis moral, pero ahora tenemos que hablar también de una crisis de esperanza, esa crisis que se evidencia en la aceptación de que no va a seguir siendo posible a aspirar a salir de este terrible marasmo. En la opción desesperada del “sálvese quien pueda”. Esta crisis de esperanza merma la fe de los ciudadanos en los liderazgos y crea desconfianza y apatía política -y hasta rechazo – en un amplio sector de la ciudadanía que opta la indiferencia y el hartazgo político. El cansancio, los nervios, la desconfianza y la incertidumbre despiertan resentimientos y conllevan a la desesperanza.

La aspiración electoral regional no se percibe acompañada de una certera aspiración de cambio social, económico, político. No creer en lo concreto, en lo pragmático, en lo que hay aquí y ahora, no implica no seguir creyendo en lo abstracto, en quienes critican la deriva política actual y en quienes sueñan un país posible, luego, la real politik no debe obviar las aspiraciones de los más soñadores.

Las prácticas nunca pueden acabar con las ideas. En fin de cuentas, la esperanza reside en que nunca, en ningún momento de la historia de la humanidad, los hechos han conseguido borrar las ilusiones. Las decepciones, las renuncias y los fracasos no impidieron que nuevas gentes, siguieran ansiando e ideando modelos transformadores.

Aprovecharse de la inmediatez y de la frustración de los ciudadanos para conducirlos, una vez más, a una posible derrota, sería una grave irresponsabilidad. Pretender cambiar precipitadamente las circunstancias sin disponer del poder necesario para lograrlo resultaría una forma de estulticia. Sin embargo, resulta imprescindible identificar contra quien es la lucha, con la debida sindéresis y sin dejarnos llevar por sentimientos innobles.

La política, lo repetimos una vez más, es una lucha continua entre el ser y el deber ser. Hace mucho tiempo alguien nos comentó: “EL demócrata, lucha por la democracia, no por tener elecciones”… Ahora es el momento de concentrarnos en los temas primordiales y no enfocarnos en inútiles recriminaciones. De concentrarnos en el futuro, promoviendo debates sobre los temas prioritarios, sumando esfuerzos y estableciendo prioridades. Ahora es el momento de ponernos de acuerdo, es cuestión de tejer esa sólida red que permita abrigar a tanto compatriota desilusionado y desesperanzado.

Manuel Barreto Hernaiz




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