Venezuela otrora paradigma del mundo desarrollado, un país con una sólida clase media y sobre todo  poseedor de las más importantes reservas de petróleo del planeta, atraviesa hoy su momento más sombrío, gris y complejo de todo su trama histórica, hoy somos la economía más pobre del hemisferio occidental en el primer trimestre de 2020, se ha contraído la actividad económica medida a través de un estimador del PIB, en una quinta parte de su tamaño, este fenómeno no puede ser calificado como una simple recesión, pues el país lleva aproximadamente 28 trimestres en contracción y caída constante, no existe ningún sector en pie en la frenética y miserable Venezuela de Maduro, todos los sectores han demostrado una contracción propia de una hipérbole perversa, que se resume en la inviabilidad del socialismo con el cálculo económico. Sectores como el de la construcción por naturaleza empleador y motor del crecimiento económico, presentan una paralización total a saber 97% de caída y la posibilidad de perder 80.000 puestos de trabajo a causa de la pandemia.

La manufactura presenta cifras atroces, los datos por demás desactualizados y presentados por el Banco Central de Venezuela, dejan un claro ejemplo de esta coma inducido,  que atraviesa la economía nacional, solo en materia de manufactura la contracción al I trimestre de 2019, de acuerdo a datos del órgano emisor, publicados sin atener el mandato de lo que claramente expresa la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, se aproximan al 84% de caída. Es menester aclarar que la política de sustituir la producción nacional por importaciones, eliminando de facto los aranceles e impuestos y amalgamándose a un fenómeno transaccional, producto de la consecuencia en el manejo disparatado y espaldas de la política monetaria, con la consecuencia de una dolarización de facto y asimétrica, produjo en el último trimestre de 2019 y durante los dos meses de 2020, una suerte de burbuja especulativa que la jerga dominantes, denominó la “economía de los bodegones”, la cual pudo remontar en un modesto 8% a la actividad comercial, misma que fue incapaz por la ausencia de valor agregado acendrado y de gradientes orgánicos de lograr mantenerse frente a la presencia de la pandemia y a la perdida concomitante y continua del poder de compra de la población.

Este drama se inicia en 2013, justo cuando Nicolás Maduro asume el poder, el efecto de décadas de manirrotismo estatal y la praxis de monetizar el déficit fiscal, desde un Estado macilento, en extremo populista y bajo una urdimbre de prácticas aún más lesivas como lo son el clientelismo, lograron generar este caldo de cultivo, para eclosionar en el perfecto desastre de Venezuela, la antigualla del vórtice hacia la Hiperinflación y luego la materialización de este fenómeno, son las características definitorias del derrotero de este septenio del horror, para el año 2015 la inflación se ubicaba en 180,5%, es necesario hacer un ejercicio de memoria ciudadana y recordar que en ese año, fue el único periodo en el cual el Poder Ejecutivo, rendía cuentas por ante el poder legislativo y también es necesario recordar que la cifra dada, obedeció a un corte suministrado a Mayo del 2015, por el ente emisor mismo que decidió asumir una política de absoluta opacidad, en cuanto al deber de rendir cuentas y de garantizar el sustento de legitimidad. En el año 2016 el ejecutivo decidió declarar una caída en importaciones cercana a un 86%, una práctica que daba al traste con la posibilidad de atender las necesidades de la población, una suerte de default selectivo, esta aclaratoria es prudente a los fines de indicar que las condiciones macroeconómicas del país eran insostenibles ex ante las sanciones, a los fines y medios de desmontar esta narrativa inútil e inoficiosa, de los efectos perversos de las sanciones, la cual le exime de responsabilidad al causante de este desastre, el cual no es otro que la fatal arrogancia de los gestores de las políticas públicas en el país.

Se ofrece al lector un marco gráfico que ilustre la conducta en precios del país en el periodo 2015 al 2018, a los fines de que pueda este advertir el abandono total de la política monetaria y la eclosión de la inflación, en un período de tan sólo cuatro años el efecto hiperinflacionario es de 71.774%, lo cual demuestra el evidente fracaso de la estabilidad en precios.

Año Inflación
2015 180,90%
2016 274,10%
2017 863.1%
2018 130.019,90%

Fuente BCV.

La inflación estimada por la Asamblea Nacional dista en mucho de estos datos oficiales, pero resulta estéril demostrar cual dato esta más aproximado a la realidad o insesgado, lo que resulta notorio es la inmanejable espiral de precios, la desmonetización de la economía, la destrucción de la moneda y ladesalarización del trabajo.  En suma la desinstitucionalización de arquetipos sociales de acervo de la confianza.

Para el I trimestre de 2020, la actividad económica del sector manufacturero se había contraído en 23%, para Marzo la contracción agregada solo en el I trimestre en los sectores manufactura, comercio, petróleo, servicios, banca y negocios se ubicaba de manera consolidada en -18%.

La caída más importante es en el sector de los hidrocarburos, de producir en el mejor momento de la era chavista una cantidad aproximada de tres millones de barriles de petróleo diarios, pasamos a producir una cifra cercana a los 400 mil barriles de los cuales solo 100 mil producen ingresos de caja, el resto se emplea como pago de deuda o permuta por bienes. Ya no calificamos como un productor de petróleo, somos un país con las mayores reservas de este recurso, pero sin la capacidad de poderlas  extraer. Así pues de los veinte mil millones facturados en 2019, una cifra escandalosamente baja, pasamos a facturar sólo dos mil millones, con una capacidad de producción cercana a lo que producíamos hace cien años, los campos de petróleo, de Petro Piar, Petro Buscan y la Faja del Orinoco, están detenidos, la idea absolutamente irrealizable de colocar a Petróleos de Venezuela, en toda suerte de proyectos fracasó, nos estalló en la cara, nos sacudió como nación y por ello el régimen de Maduro anuncia el agotamiento del rentismo, un eufemismo apropiado para reclasificar y redefinir, la absoluta responsabilidad del chavismo, en destruir a la industria petrolera misma que proveía el 96% de los recursos del Estado.

En seis años hemos visto como tres cuartas partes de la economía se desploman, todo ello antes de la pandemia, la caída es de 86%, semejante a la sufrida por Liberia un país africano con dos  décadas de guerra, el caos venezolano de hecho nos aproxima a la mísera África, nuestros niños presentan desnutrición en un 33% de la población, un valor superior al de Haití, esos datos nutricionales nos acercan a Nigeria, Congo y Zambia, somos pues un verdadero erial.

Nuestra población  enfrenta  la pandemia de coronavirus, con un 97% de pobreza de ingreso y 80% de pobreza extrema por línea del ingreso. Aquí se patentiza que los tan alardeados logros sociales del chavismo, son una fantasía de la posverdad y la propaganda, ahora abonada por el reduccionismo de ver en las sanciones la fuente de todo mal.

La magnitud de nuestra crisis es superior a la guerra civil española, a la crisis de precios de la Alemania de los treinta, superior al crack financiero del 29 y al conflicto Sirio, a ello hay que adicionar la incapacidad del estado por proveer servicios básicos, electricidad, agua potable, educación y salud, sencillamente no existen.

Finalmente toda nuestra economía se encuentra fracturada. Si a ello agregamos que el 2020, debe de ser analizado desde la amenaza de la pandemia, la cual no es un sino un coeficiente a nuestra ecuación de miseria, la realidad es demoledora y nos aproxima a la hambruna.

Esta paralización debe su existencia a la presencia de un modelo, absolutamente inviable y anacrónico, la recuperación tan ansiada comporta la resolución del problema político y desde luego la asistencia internacional, unas 60 mil millones de dólares para atender necesidades urgentes y unos tres mil millones, para lograr reactivar y recuperar la ruina en la cual han convertido al país, esos dólares deben de entrar al torrente económico nacional, comprados al Estado por parte de los agentes privados y emplear los bolívares generados para que la población recupere su capacidad de compra, claro esto siempre y cuando se logre detener el proceso de repudiabilidad del bolívar.

Venezuela es un ejemplo patente de lo que el socialismo es capaz de hacer, embridar destrucción e inviabilidad.

“Todo Socialista es un Dictador Disfrazado” Ludwing Von Mises




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