Fue gracias a la exitosa representación de la tragedia Otelo que se realizó en la casa del general Páez (No la actual Casa Páez). Esta residencia se ubicaba en la calle de la Independencia de Valencia y fue el hogar del Centauro mientras acomodaba su domicilio (calle del Sol). Con ese hecho se despertó el entusiasmo en los ciudadanos por la creación de un teatro, ya que para la época (1829) la ciudad ya no contaba con uno.

El general Páez hizo lo posible por ofrecer un espectáculo de alta gama, desde adaptar un espacio en su casa para la creación de un teatro, hasta traer desde Caracas y con un mes de anticipación al actor Ferrer, un dramático español que se iba a encargar de dirigir los ensayos.

El improvisado teatro se quedó pequeño ante la cantidad de personas que asistieron y muchos que quedaron sin admirar la interpretación del general Páez como Otelo, el general Soublette como Brabancio, el Dr. Miguel Peña como Yago y el resto de los papeles distribuidos a otros distinguidos ciudadanos siendo uno de ellos el Licenciado Jaime Alcázar quien en un futuro le suministra estos datos al Dr. Francisco Guinan.

De este acontecimiento social nace la idea de edificar un teatro “Por suscripción entre las personas pudientes” y con ayuda del general Páez. Se le asigna su construcción al coronel Celis, distinguido ciudadano y famoso por sus elegantes reuniones siendo su esposa María Isabel Plaza (hermana del héroe Ambrosio Plaza) una excelente y atenta anfitriona.

Entonces tiene Valencia su teatro ubicado para el siglo XlX “En la esquina noroeste donde se cortan las calles de la Libertad y de la Paz” llamado por los valencianos “Teatro del coronel Celis” como símbolo de gratitud.

Después de la muerte del Libertador, Valencia era considerada para sus seguidores la cuna de los ingratos en contra de Bolívar, con el pasar de los años el mencionar su nombre provocaba polémica y esto se vio en un espectáculo en el Teatro Celis un 28 de Octubre de 1832 día de San Simón “Al romper la orquesta sus armonías, un concurrente de la platea levantó la voz y grito: viva el Libertador Simón Bolívar” se trataba del capitán de fragata Renato Beluche, encargado de llevar a Bolívar en 1816 desde los Cayos de Haití a Ocumare y en 1823 fue compañero de Padilla en la victoriosa Batalla Naval del Lago de Maracaibo, acto seguido al alboroto: fue arrestado por policías.

Para 1842 el teatro comenzó a deteriorarse, ya luego los conflictos políticos y la apatía impulsaron su ruina, mas tarde en 1856 se adaptó un espacio en el Mercado Publico un teatro con un espectáculo de la compañía lirica, teniendo bastante receptividad.

Ya luego estalla la Guerra Federal y citando al Dr. Guinan “Venezuela era un enorme teatro, donde se derramaba a torrentes la sangre de los venezolanos” con el tratado de Coche en 1863 llega la tranquilidad y es cuando el señor Zoilo Hernández Bello despierta en los ciudadanos recuerdos del arte y la cultura en un teatro improvisado en su casa ubicada en la calle Colombia, también, en la calle Puerto Cabello se anima el señor Víctor Villanueva en habilitar en la cochera de su bodega un pequeño teatro.

Con el auge que vivía la ciudad viene la construcción de un nuevo teatro ubicado en el antiguo y arruinado teatro del coronel Celis, una obra con mejores condiciones presidida por Juan de la Rosa Martínez y Laureano Guzmán, conocido como el “Teatro Martínez y Guzmán” en 1867 trae una compañía lirico dramática española, en 1868 se constituye una compañía de aficionados por Mariano Revenga, Aurelio Alcázar, Francisco González Guinan, Luis Felipe García y Reverón, entre otros jóvenes y señoritas de la ciudad, ofreciendo 16 representaciones en el teatro de los señores Martínez y Guzmán.

Estos jóvenes aficionados ofrecían espectáculos teatrales muy aplaudidos, otros con falta de ensayos, uno que otro con contratiempos por fallas en el escenario siendo el poeta Rafael Arvelo en una oportunidad el que exclamara: “inconfeso el apunte, traidores los aficionados y mártir el publico” siendo padre de José Ignacio Arvelo integrante de la compañía de aficionados. En una oportunidad ofrecieron hasta espectáculos de nacimientos y entrada a Jerusalén, hasta que en 1869 se disolvió la compañía de aficionados cediendo paso a una compañía dramática.

El teatro Guzmán y Martínez estuvo cerrado durante un año y abre nuevamente sus puertas en 1871 animado por una compañía de venezolanos, luego con los conflictos políticos se limitó a entregar en el teatro en 1871 unos premios a los colegios. A partir de esta fecha al teatro llegarían varias compañías dramáticas y una de ópera, tanto nacionales como internacionales, también Teresa Carreño “que deslumbro a la sociedad de Valencia con sus brillantes conciertos”.

El 28 de octubre de 1883 en la casa de habitación de Francisco González Guinan ubicada en la calle de la Fama cruce con calle Colombia, se representa una zarzuela en un teatro que se habilitó en esta casa y cuya decoración y bambalinas del teatro fuera pintadas por Arturo Michelena, la zarzuela Las Amazonas era un claro homenaje al Libertador y motivo de una nota de prensa describiendo la impecable interpretación de las señoritas y jóvenes de la sociedad valenciana.

El Teatro Martínez y Guzmán quedo oficialmente como el único destinado a ofrecer espectáculos públicos hasta 1887 que el Gobierno Nacional de Hermógenes López ordena la construcción de un nuevo teatro adecuado para la ciudad, con un presupuesto de 500.000bs, con una junta de fomento compuesta por Mariano Revenga, Eloy González, José Iribarren y Leopoldo González. El ciudadano Antonio Malaussena se encarga de edificar la obra que representa una pequeña reproducción del Teatro de la Opera de París.

Le corresponde al presidente Dr. Andueza Palacio culminar la adelantada obra, artísticamente el plafond de la sala principal fue decorado por el destacado pintor valenciano Antonio Herrera Toro, en el centro plasma rostros de aquellos colosales del arte escénico y musical destacándose en un segundo término las imágenes de “Unas vírgenes de la Castalia Fuente”. El teatro se dotó de un mobiliario de foyer y que años más tarde (1892) se perdería durante conflictos y combates en Valencia.

Con una inspiración dramática llamada “La Muerte Civil” interpretada por la compañía del señor Nicolás Casanova en donde figuraban reconocidos actores españoles y con el valor de su entrada en 20bs se inauguró el 1° de octubre de 1894 el Teatro Municipal de Valencia, un teatro que incluía en su nombre a la municipalidad sin haber participado esta en nada y que el Dr. Guinan en 1927 opinó que como señal de agradecimiento y homenaje a su creador su nombre siempre debió llevar “López”.

Esta magnífica obra se convertiría en un inmortal testigo de las artes escénicas, contemplando a talentosos artistas que han desfilado por sus espacios y observando la evolución del arte dramático a través del tiempo y hasta la fecha con total vigencia.

Fuente referencial:

González Guinan, Francisco. “Tradiciones de mi Pueblo” Editorial El Cojo. Caracas 1928.

 




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