Vecino de Catia / AFP)

Zuraima Morales muestra orgullosa el código de confirmación en su celular: recién participó en una consulta independiente convocada por el jefe parlamentario Juan Guaidó, quien comandó el boicot opositor contra las elecciones legislativas del domingo.

Vive en Los Magallanes de Catia, una barriada popular de Caracas que tradicionalmente ha sido un bastión del chavismo, donde opositores emprenden una austera campaña para convencer a sus vecinos de participar en la llamada “consulta popular”.

“Toda la vida he sido opositora, hasta la muerte”, dice a la AFP Morales, de 45 años, actualmente desempleada.

Entusiasmada, lee en su teléfono las preguntas: “¿Exige usted el cese de la usurpación de la presidencia de parte de Nicolás Maduro y convoca (…) elecciones presidenciales y parlamentarias libres, justas y verificables?”.

El cuestionario ideado por Guaidó, reconocido como presidente encargado de Venezuela por medio centenar de países, plantea otras dos preguntas: el rechazo a las elecciones del 6 de diciembre, en las que el chavismo le arrebató a la oposición el control del Parlamento, y el respaldo a las gestiones internacionales para sacar a Maduro.

Catia/ AFP)

Morales respondió “a todo sí”.

En el sector donde vive con su madre, La Ladera, las casas de bloque expuesto se pierden de vista en el cerro entre escalinatas laberínticas, estrechas calles y nudos de cables eléctricos. Niños juegan al fútbol con porterías de hierro sin malla.

Así como hay opositores acérrimos como Morales, también hay partidarios chavistas como Lilian Francia, de 66 años, quien considera que la consulta “es una locura”.

“Ya el tiempo de ellos [opositores] se les acabó, ellos no entienden que aquí no manda Maduro, no mandan los ministros, los diputados. Aquí manda un pueblo”, dice aludiendo el vencimiento del período de la actual Asamblea Nacional electa en diciembre de 2015.

Lilian lleva una camiseta alusiva a la campaña del chavismo, que llenará 253 de los 277 escaños del nuevo Parlamento cuando se inaugure el 5 de enero.

– “Miedo a represalias” –

Nacido en La Ladera, Erick Tochón lleva semanas tratando de convencer a sus vecinos de participar. Los ayuda con su teléfono desde un toldo que dispuso en la casa de su primo.

“Esto es boca a boca”, explica este activista de 42 años. “Aquí no ha llegado ni un volante, ni un afiche, nada”.

Lo contrario ocurrió durante la campaña del chavismo a las parlamentarias, donde se vio un enorme despliegue de propaganda y actos en tarimas con grupos musicales que congregaron a multitudes, pese a la pandemia.

Tochón asegura que “mucha gente se ha consultado y no quiere decir nada” por “miedo a represalias del gobierno”. Temen perder beneficios sociales, como una bolsa de comida subsidiada que él mismo recibe.

AFP

Para convencer a sus vecinos, Tochón les dice que “la consulta es como un voto”. “Eso no lo va a ver el gobierno, ni el CNE (autoridad electoral), ni los jefes del CLAP (el programa de alimentos)”, les insiste.

Miriam González, que vive al frente de Tochón, también participó. La ayudó un sobrino.

“Apoyar a Juan Guaidó, esa es mi posición, quiero un país libre y que todos los que están fuera regresen, entre esos mi hijo”, comenta a la AFP, mientras trata de contener el llanto. “Para mí no fue fácil cuando él se me fue” a Argentina hace tres años.

Hay desinformación sobre la consulta, que comenzó el lunes por canales virtuales y culmina este sábado, cuando habrá jornadas de participación presencial.

Un ejemplo del vacío informativo lo vivió el opositor José Urquillo, de 63 años, quien votó en las parlamentarias por candidatos que rompieron con Guaidó, sin haber escuchado sobre el llamado a boicot, ni la convocatoria a la consulta independiente.

“No sabía de la consulta, pero ahora me voy a consultar”, dice.

Pero a Luis Meza, 67, que convirtió el garaje de su casa en un “museo” con retratos del fallecido mandatario Hugo Chávez y el prócer Simón Bolívar, poco le preocupa el desenlace de esta convocatoria.

“El resultado que salga de la consulta no tiene ningún efecto vinculante, eso se les quedará ahí”, sostiene este hombre, que conoció a Maduro cuando ambos eran dirigentes sindicales. “Aquí vino, jugamos dominó, nos tomamos una botellita de ron”.

 




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